| 9/28/2007 12:00:00 AM

Educación y prosperidad

Para convertirse en una economía de clase mundial, capaz de enfrentar la competencia, Colombia tiene que invertir en la calidad de la educación de la gente. Si no lo hace, el regazo será cada vez mayor.

En el foro de Expogestión, realizado hace unos días en Bogotá, la mayoría de los conferencistas dedicaron buen tiempo a examinar la importancia que tienen la educación y el talento humano en el contexto de la competitividad.

Para el profesor Michael Porter, quien viene asesorando a Colombia en el proceso de llevar nuestra economía hacia estándares internacionales, el talento y las competencias son el factor determinante de la competitividad.

Es fundamental que la gente se eduque, y que se eduque bien, para que pueda incorporarse a la economía formal, donde la productividad laboral y los salarios son mayores. Según Porter, este es un requisito esencial para mejorar el nivel de vida de la población y lograr la prosperidad.

Jonathan Murray, presidente mundial de tecnología de Microsoft, habló de la forma como la tecnología viene transformando las economías desarrolladas, al punto que están dejando de ser economías basadas en producción de manufacturas, para convertirse en economías cada vez más enfocadas en servicios. Este proceso impone nuevas exigencias sobre los sistemas educativos del mundo.

Los robots están reemplazando a los trabajadores en las fábricas. En un futuro no muy lejano, lo harán también en las oficinas. De los seres humanos se esperará que sean más creativos, más capaces de aportar soluciones imaginativas para situaciones de alta complejidad técnica y social.

Para Murray, la tecnología es cada vez más poderosa, pero también puede tener efectos perversos. La tecnología lleva a que la brecha entre países desarrollados y en vías de desarrollo sea cada vez más grande.

La pregunta central es si los países en desarrollo, como Colombia, podrán alcanzar a los más avanzados, o sí esto es imposible.

La única respuesta posible es la educación. Murray hizo énfasis en la necesidad de que los sistemas educativos se transformen, para que puedan preparar a la gente en las competencias y habilidades que serán necesarias en el futuro.

No solamente hay una brecha entre países desarrollados y no desarrollados. También hay grandes brechas en el interior de los países. En Colombia, como lo mencionan Armando Montenegro y Rafael Rivas en su libro Las piezas del rompecabezas, la principal causa de desequilibrio social y económico está en las diferencias entre la calidad de la educación que reciben los niños que tienen acceso a los colegios privados y los niños que asisten a los colegios públicos y de garaje. La desigualdad se empieza a tejer a partir de ese momento.

De esta forma, no basta simplemente con educar y alcanzar altos niveles de cobertura. Quienes asisten a colegios de baja calidad no están aprendiendo lo que tienen que aprender. Las desventajas que acumulan en la formación de su capital humano pueden ser irreversibles.

El problema, además, no se limita a los colegios. Las diferencias de calidad entre la educación que ofrecen las buenas universidades y las demás son enormes. Las consecuencias sobre la desigualdad de oportunidades se siguen acumulando.

El tema de la educación es el tema de la inclusión social, de la igualdad de oportunidades y de la capacidad que tendrá Colombia para ser un país competitivo en las décadas que vienen. Es la única forma de cerrar las brechas que nos separan de otros países y también las que distancian a colombianos dentro del mismo país. No hay otro tema que tenga mayor prioridad.


En un esfuerzo por contribuir a que la brecha entre los colombianos se cierre, Dinero, en conjunto con la W y Pony Malta, acaba de lanzar una convocatoria para entregar cinco becas, en cinco de las mejores universidades del país, en cinco ciudades diferentes a cinco estudiantes con las capacidades pero sin los recursos. Nuestros lectores encontrarán la información en www.dinero.com.



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