| 10/4/2003 12:00:00 AM

Educación y calidad

Como un imperativo ético define el rector de la Universidad de Antioquia, Alberto Uribe, la tarea de brindar al estudiante una educación con la mejor calidad posible. Esta afirmación podría parecer obvia. Infortunadamente, no lo es, al menos para buena parte de los directivos de las instituciones de educación superior (IES) en el país. Esta es la conclusión a la que llega el estudio que acaba de concluir la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes sobre las IES privadas en Colombia.

De acuerdo con el estudio, en muchas de estas instituciones hay serios problemas de gobernabilidad que conducen a un pésimo desempeño que, a su vez, redunda en pésima calidad. Infortunadamente, es un castigo autoinfligido, pues resulta de la gran libertad que la Ley 30 de 1992 otorgó a este sector y que llevó a la proliferación de entidades que operan como empresas familiares de muy bajo nivel y como vehículos de acumulación de capital para grupos particulares de interés, que se benefician de una absoluta ausencia de mecanismos de control sobre el manejo de recursos y que, además, se ven premiados con múltiples exenciones tributarias.

Para fortuna de los estudiantes, los padres de familia y todos los colombianos, este caos de la universidad está empezando a corregirse. Tanto la acreditación de la excelencia académica para instituciones y programas, que es voluntaria, como la obligación que tienen ahora las entidades de cumplir unos requisitos mínimos de calidad, conducirán a una mayor transparencia y, lo más importante, a menos decepciones.

No obstante estas exigencias de calidad, que son un gran avance, todavía falta mucho camino por andar en el tema de la educación superior en Colombia. Los problemas de gobernabilidad en las entidades y la falta de control financiero ameritan una gran atención por parte del Estado, pues originan el caos en este sector.

Las prácticas de buen gobierno -que tanto se recomiendan para las empresas- son una condición indispensable para el desarrollo de un sector universitario competitivo. En este sentido, es muy importante la independencia entre el Consejo Directivo y la administración (la cual incluye la rectoría), entre los miembros del Consejo y entre estos y los demás funcionarios, como decanos, profesores y los demás trabajadores de la docencia.

De igual manera, es fundamental que se haga un seguimiento formal de las finanzas de estas entidades, sobre todo si se tiene en cuenta que el sector de la educación superior privada figura entre los más importantes del país, desde el punto de vista de sus ingresos. No obstante, en este momento, las IES no están obligadas a presentar estados financieros detallados a ninguna autoridad, lo cual explica que muchas de estas entidades -en teoría sin ánimo de lucro- operen con el único fin de obtener beneficios económicos.

Otra área crítica, que también es consecuencia de la manera como ha venido funcionando este sector, son los docentes. De acuerdo con el estudio, en varias de las universidades analizadas y en la mayoría de las instituciones técnicas y tecnológicas hay serios problemas en la contratación, pago y liquidación de docentes.

Podría parecer obvio, pero en Colombia aún tenemos que reconocer esta verdad: si no empezamos a trabajar seriamente para darle a la docencia la categoría que merece, es muy difícil que nuestro país pueda capacitar las personas que va a necesitar en un mundo cada vez más competitivo y en el que el conocimiento será factor determinante del éxito.
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