| 9/2/2015 7:00:00 PM

¿Hay un precio perfecto para el dólar?

El mercado del dólar tiene al borde de un ataque de nervios a los colombianos. En las últimas semanas se pensó que la divisa superaría los $3.300, luego de que las cotizaciones del petróleo se desplomaran. Afortunadamente el crudo reaccionó al alza y el dólar bajó a niveles inferiores de $3.100.

Este nivel, que contrasta con el que tuvimos durante varios años y que giró alrededor de los $2.000, es denominado por el Ministro de Hacienda como el “nuevo normal”, o sea cercano a lo que los economistas llamarían la tasa de cambio de equilibrio de largo plazo.

Esto trae a colación la pregunta de cuál es la tasa de equilibrio de largo plazo del peso contra el dólar. En general, estimar dicho valor es una tarea difícil. A largo plazo, los modelos que la estiman usan factores estructurales que giran alrededor de lo que se llama la Paridad en el Poder de Compra, cuyo ejemplo más sencillo es el índice Big Mac de The Economist, que compara el precio, convertido a dólares, de una hamburguesa Big Mac de McDonald's en diferentes países.

A su vez, los economistas generalmente creen que, a largo plazo, el diferencial en la paridad adquisitiva entre dos economías está determinado por el diferencial en la productividad entre esos países.

Al respecto, valdría la pena preguntarse si en el último año cambió el diferencial de productividad entre la economía de Estados Unidos y Colombia. La caída en el precio de las materias primas y, en especial del petróleo, por más permanente que sea no implica un cambio estructural en la productividad.

De otra parte, en el corto plazo la tasa de cambio es estudiada con modelos que analizan factores 'técnicos', tales como la liquidez y las preferencias de los inversionistas por determinados activos. En este sentido, la caída en los precios de las materias primas se tradujo en un menor monto de dólares en el país. Colombia tuvo un cambio en sus condiciones financieras y esto devaluó al peso.

Para entender la dinámica en los movimientos de la tasa de cambio, el modelo de Dornbush describe los casos en los que hay overshooting (sobrerreacción) de las tasas de cambio. La intuición del mismo es que la tasa de cambio nominal tiende a sobrerreaccionar, ya que los mercados financieros son más líquidos que los mercados del sector real.

Hernando José Gómez y Jonathan Malagón utilizaron este enfoque en un estudio publicado el año pasado. En él estimaron los efectos sobre la tasa de cambio de la caída de la cotización del barril de petróleo a un nivel cercano a US$60. Bajo este escenario, la tasa de cambio habría “sobrerreaccionado” y llegaría a niveles de $2.700-$2.850 para luego bajar a un rango entre $2.300 y $2.400.

Análogamente, es plausible argumentar que el dólar cercano a $3.300 es una sobrerreacción de la tasa de cambio a la caída del precio del barril de petróleo a niveles cercanos a los US$40 y que su nivel de largo plazo estaría alrededor de $3.000.

Adicionalmente, dadas las características del mercado cambiario colombiano, un cambio en los ingresos provenientes de las exportaciones de la magnitud que sufrió el país es traumática mientras se realiza el ajuste para suplir el faltante de dólares.

Este ajuste cambiario podría ser costoso, especialmente sobre la inflación de un país que además se enfrentaría a mayores precios, producto del Fenómeno del Niño.

Por estas razones, es sensato analizar estrategias que mitiguen el impacto cambiario en la economía colombiana. No se puede asumir que tenemos las manos atadas para amortiguar y prevenir nuevos choques por cuenta de este ajuste.

Dos soluciones ya fueron sugeridas por Gómez y Malagón: una política agresiva de endeudamiento público externo que permita la llegada de flujos de capital a Colombia; y utilizar reservas internacionales para moderar la volatilidad en el tipo de cambio.

Una tercera es la emisión de TES denominados en dólares que le permitan, por ejemplo, a los fondos de pensiones u otros agentes que quieran diversificarse y adquirir un activo con buenas rentabilidades en moneda extranjera.

Finalmente, no se debe perder de vista que la devaluación se podría acrecentar en el momento en que la FED decida aumentar las tasas. Para protegerse de dicho efecto, el Banco de la República podría considerar incrementar su tasa de interés. Esta decisión moderaría el diferencial de rentabilidad entre el mercado estadounidense y el colombiano y ayudaría a anclar las expectativas de inflación.

El hecho de que sea difícil predecir la cotización del dólar no significa que las autoridades puedan esperar que amaine la tormenta. Es urgente, para la tranquilidad de los agentes económicos, que tanto el Gobierno como el Emisor den señales de hasta dónde están dispuestos a llegar en esta coyuntura.
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