| 12/15/2016 12:00:00 AM

Editorial: Sigue el ajuste

Esta es una mirada general al escenario económico de 2017. Se trata, sin lugar a dudas, de un panorama muy complejo y difícil.

Las cifras del comportamiento de la economía en el tercer trimestre de este año no fueron las mejores. Un crecimiento de 1,2% prendió las alertas y empezaron a darse los ajustes en las proyecciones de todos los expertos sobre cómo cerrará 2016. Hasta el Gobierno moderó sus estimativos y de 3% que planteó a principios de año, llevó su cálculo a 2%;

Anif ya tiene su proyección por debajo de esa cifra. En el tercer trimestre los factores negativos fueron la inflación y el paro camionero, que impactaron la dinámica de la economía. En el cuarto trimestre, algunos analistas consideran que la incertidumbre sobre el impacto de la reforma tributaria –que se discutía al cierre de esta edición–, el resultado del plebiscito por los acuerdos de paz con las Farc y los debates políticos posteriores habrían frenado el consumo y la inversión al cierre del año.

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El panorama internacional también está enrarecido. La elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos ha generado incertidumbre por las políticas comerciales que pueda adoptar. Además, ya estaría por darse un cambio de postura monetaria de la Reserva Federal y un aumento de tasas en diciembre y otros a lo largo de 2017.

En las recientes minutas del Banco de la República, uno de los miembros de la Junta menciona que “la cifra de crecimiento del tercer trimestre y las proyecciones para 2016 y 2017 son poco alentadoras, y no se ven fuentes que generen un crecimiento de la demanda interna superior al del PIB potencial”.

Ante este panorama, vale la pena preguntarse qué podría traer 2017. Lo único claro es que el proceso de ajuste de la economía se seguirá dando. Analistas como Carlos Caballero Argáez han advertido que, aunque se apruebe la reforma tributaria, Colombia necesitará un aumento del endeudamiento para financiar tanto el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos como el fiscal.

La tributaria también ha generado incertidumbre, sobre todo por la sobretasa en renta que prácticamente deja la carga impositiva total cerca del 40%. Así, las empresas no van a sentir ningún alivio importante en materia tributaria el próximo año. De otra parte, es claro que el aumento en el IVA va a generar presiones inflacionarias, pues los productos tendrán un incremento en este impuesto; la inquietud es qué tanto se afectará el consumo, que representa más de 65% del PIB.

Además, el nuevo gerente del Banco de la República y los codirectores tendrán que definir qué van a hacer con las tasas. Al interior de la Junta ya se han visto las diferencias: en la votación de noviembre la decisión de mantener las tasas en el mismo nivel (7,75%) fue por mayoría y no unánime. Dos miembros votaron por bajar la tasa de interés 25 puntos básicos. Sin embargo, en un escenario de aumento de tasas en Estados Unidos, esta decisión podría enredarse.

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Este será un tema clave en la discusión, porque unas tasas altas también golpean el consumo y el crecimiento de la economía. “Se empieza a dar un cambio en el balance de riesgos. Hay muestras claras de una desaceleración mayor a la esperada en la demanda interna, se registra una desaceleración marcada de la cartera, en particular la comercial, un aumento en las tasas de interés reales de intervención y, en términos generales, un aumento de las tasas de interés reales activas del sistema financiero, ante la caída en las expectativas de inflación”, dijo un codirector, según lo reportado en las minutas de la más reciente junta del Banco de la República.

Sin embargo, si la Reserva Federal de Estados Unidos sube sus tasas, y a esto se suman una restricción comercial de Estados Unidos, se podría devaluar el peso y aumentar la inflación.

Más allá de los análisis económicos, los asuntos políticos también son un frente de incertidumbre: el país está dividido, con reformas pendientes para concretar los acuerdos de paz con las Farc y ad portas de un proceso electoral por la Presidencia de la República; todo ello podría profundizar la polarización y aumentar la volatilidad en los mercados.

No todo el panorama es gris. Algunas actividades se van a convertir en los motores contracíclicos que podrían atenuar la desaceleración. Las esperanzas están puestas en el desarrollo de la infraestructura del país: las concesiones de Cuarta Generación (4G) y los proyectos de iniciativa privada en las alianzas público-privadas (APP). El reto para el Gobierno es que la maquinaria empiece a moverse rápidamente al inicio del año, para que le dé un nuevo impulso a la economía; aun así es claro que el apogeo de obras se verá en 2018 y 2019.

El otro amortiguador que podría dar una mano al crecimiento de la economía puede estar en las regiones, pues en 2017 los alcaldes y gobernadores ya empezarán a trabajar sobre sus planes de desarrollo. Sin embargo, el año será de estudios, diseños y contratación y solo hasta 2018 se empezarán a ver las grandes obras.

Esta es una mirada general al escenario económico de 2017. Se trata, sin lugar a dudas, de un panorama muy complejo y difícil.

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