| 6/9/2016 12:00:00 AM

Editorial: La inclusión financiera

La semana pasada estuvo en Colombia Asli Demirguc-Kunt, directora de investigaciones del Banco Mundial, invitada a la 51 Convención Bancaria. La doctora Demirguc-Kunt es una de las economistas más citadas actualmente en el mundo y una de las especialistas más importantes en el tema de inclusión financiera.

Ella es la autora principal del informe de investigación del Banco Mundial de 2007 Finance for All? Policies and Pitfalls in Expanding Access (¿Finanzas para todos? Políticas y fallas al expandir el acceso). Asimismo, Demirguc-Kunt creó el Global Financial Development Report (Informe sobre el Desarrollo Financiero Global) del Banco Mundial.

¿Por qué la inclusión financiera juega un papel tan importante hoy en día en la agenda de desarrollo económico en más de 60 países?

La doctora Demirguc-Kunt presentó una batería de evidencia empírica que se ha venido desarrollando en los últimos años sobre el impacto de la inclusión financiera en la población. Gracias a la creación de la base de datos Global Findex en 2011, inicialmente financiada por la Fundación Gates y recolectada con la ayuda de Gallup, se ha podido entrevistar a más de 150.000 personas en 140 países que representan 97% de la población mundial. Debido a este gigantesco esfuerzo empírico se ha podido recolectar información sobre la interrelación entre la inclusión financiera y su impacto en reducir la pobreza, permitirles a los más pobres ahorrar y tomar créditos para invertir en negocios nuevos, educación, salud o simplemente en suavizar su consumo a través del tiempo.

Pero como la funcionaria lo planteó, la evidencia varía según el tipo de servicios financieros. Por ejemplo, los pagos básicos y el servicio de ahorro tienen beneficios marcados para los más pobres. También hay evidencia de que los seguros tienen un impacto sobre los más pobres. En términos de acceso al crédito, la evidencia es mixta. Tiene un efecto positivo sobre el crecimiento de las empresas –especialmente las de emprendimiento– mientras que para individuos y microempresas ayuda a suavizar el consumo, pero no siempre contribuye a sus proyectos empresariales.

En 2014, 62% de los adultos tenía una cuenta bancaria, un progreso sustancial sobre el 51% que tenía acceso en 2011. Sin embargo, esto deja a más de 2.000 millones de personas por fuera del sistema. En los países en desarrollo este número pasó de 41% a 54% en este periodo. Sin embargo, este acceso no está equitativamente dividido entre hombres y mujeres. Mientras en el último resultado 59% de los hombres tenía acceso a cuentas bancarias, solo 50% de las mujeres tenía acceso a ellas. Esta diferencia es aún más protuberante si se tiene en cuenta que tan solo 46% del 40 % más pobre de las familias tiene acceso a las cuentas bancarias, mientras en el 60% más rico de la población, un 60% tiene acceso a cuentas bancarias.

Por todos estos motivos, el gobierno nacional definió como prioritario promover el uso de servicios financieros, facilitar el acceso y el uso de servicios financieros en el sector rural, fortalecer el acceso a financiación para pequeñas y medianas empresas y promover la educación financiera para tener usuarios más calificados e idóneos en estos servicios. Colombia ha avanzado mucho en el tema de la inclusión financiera. Según el índice del BBVA, Colombia ocupa el puesto 36 dentro de 137 países y es el 3º en la región. Según la Superintendencia Financiera, 100% de los municipios del país tiene presencia de una institución financiera (243 municipios solo tienen acceso a través de un corresponsal) y 76,3% de la población adulta tiene al menos un producto financiero formal. Esto se logró en gran medida gracias a la Banca de Oportunidades, que viabilizó la operación en los 187 municipios más alejados, canalizando subsidios a 3 millones de beneficiarios a través de cuentas bancarias.

Pero el camino por recorrer es largo. Debemos avanzar en el uso de los productos financieros, la digitalización de la economía y la inclusión financiera rural. En este esfuerzo resulta fundamental el aprovechamiento de la tecnología y el desarrollo de nuevos modelos de negocio.

Según la economista Demirguc-Kunt, la política pública debe enfocarse en el mercado y en las fallas de mercado, aunque la intervención directa del Gobierno en los mercados de crédito tiende a politizarse. Por eso el Gobierno debe enfocarse en proteger los derechos de los acreedores, asegurar la sana competencia, mejorar los sistemas de información y proteger a los consumidores. Finalmente, está el tema del uso del efectivo. Su disminución puede incrementar significativamente la inclusión financiera, así como la lucha contra la informalidad, objetivos estratégicos del fisco nacional.

Por todos estos motivos, la inclusión financiera no es un capricho ni se trata de que todos adquieran crédito. El Gobierno debe continuar con políticas que ofrezcan bajos costos, que protejan al consumidor, el uso de corresponsales bancarios y la canalización de subsidios por este medio. Igualmente, fortalecer el acceso de las mujeres al sistema formal. Este último elemento es de especial importancia ya que, como lo demostró uno de los estudios más importantes en política social del año 1993, el empoderamiento de las mujeres es lo que más impacto tiene sobre la educación y la salud de los niños.

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