| 12/16/2015 7:00:00 PM

Editorial: La incertidumbre cambiaria

Es indudable que la economía colombiana ha recibido un fuerte choque en sus ingresos, derivado de la caída del precio internacional del petróleo, y que ello haya generado una súbita devaluación del peso colombiano.

Haciendo flash back, no sobra recordar que el dólar se cotizó alrededor de los $3.000 durante algunas semanas del año, hecho calificado por el Ministro de Hacienda como el “nuevo normal” de la economía. Sin embargo, en semanas recientes el precio de la divisa ha sido objeto de variaciones significativas que se alejan del “normal”.

Este nuevo escenario cambiario modificó los precios relativos de los productos transables y de los no transables producidos en Colombia, trayendo consigo una nueva oportunidad de ajuste, luego de casi doce años de revaluación de la moneda. Sin entrar en detalles técnicos, los textos de macroeconomía indican, para este caso, que la recomposición de precios es necesaria para lograr una reestructuración de la producción nacional. Este debería ser el catalizador de sectores como el agrícola y el industrial, y conduciría a un ajuste de las cuentas externas colombianas.

En otras palabras, la devaluación del peso ayudaría a reducir el déficit de cuenta corriente al desincentivar el consumo de bienes importados e impulsar las exportaciones del país.

Pese a lo que señala la teoría, dicho escenario no se ha materializado todavía. Donde sí se ha reflejado es en una mayor inflación de los precios al consumidor, generada por un aumento del costo de los bienes importados que se obtienen en supermercados o de los insumos necesarios para la producción de otros productos. La situación es aún más preocupante si se considera el impacto del Fenómeno del Niño.

Adicionalmente, el mercado del petróleo y la Reserva Federal se han convertido en dos fuentes de incertidumbre.

Quizás el factor más perturbador ha sido el desarrollo del mercado del petróleo, el cual cayó, en los días anteriores a la publicación de este Editorial, a su nivel más bajo en los últimos 11 años. Esto se debe principalmente al exceso de oferta mundial de crudo, que podría empeorar en los próximos meses, debido a una guerra de precios entre el líder de la Opep y los productores no Opep.

Según Bloomberg, la Opep ha estado “bombeando” crudo a niveles récord desde el año pasado, en un intento por sacar del mercado a los productores de alto costo, como las empresas de no convencionales de Estados Unidos.

Además, cualquier nueva producción de países como Irán aumentará la oferta en el mercado. Por eso, la Agencia Internacional de Energía (AIE) aseguró que el exceso de oferta mundial pondría más presión a la baja sobre los precios. De acuerdo con una nota de investigación de Morgan Stanley, es probable que la Opep aumente en un millón de barriles diarios la producción el año entrante.

Infortunadamente, para los países que, como Colombia, han visto su moneda impactada, los grandes productores de crudo del Golfo, así como Rusia, han dicho que no reducirán la producción aun cuando lo precios caigan a niveles de US$20 por barril.

El segundo factor que parece haber aumentado la volatilidad, según la más reciente encuesta del Financial Times, es un hecho que la Fed realizaría entre dos y cuatro subidas de la tasa de interés en 2016. Esto incluyendo la publicitada alza en tasa de interés que debería realizarse antes de acabar este año.

Es en este complejo entorno que se reúne la Junta Directiva del Banco de la República para su última reunión del año. El Ministro de Hacienda anunció que le preocupan aumentos adicionales en la tasa de interés que puedan poner en peligro el crecimiento económico. Lo anterior, a pesar de que en la última Junta hubo una discusión en la que la mayoría de los miembros consideró conveniente “seguir en el proceso de endurecimiento de la política monetaria, buscando disminuir el crecimiento de la demanda interna y mejorar el anclaje de las expectativas de inflación”, viendo adecuado realizar ajustes continuos de 25 o 50 puntos básicos.

Lo anterior para consolidar la credibilidad del Emisor y reducir el déficit de cuenta corriente, debido a una caída de la demanda agregada que, como lo insinúan las minutas del Emisor, se encuentra aún robusta.

¿Qué decisión tomará el Banco? En 2015 el Emisor tuvo un sesgo pro-empleo, le apostó a no subir tasas y, a pesar de la difícil situación internacional, el crecimiento de la economía colombiana será alrededor de 3%.

Sin embargo, las circunstancias actuales son distintas. Dada la persistencia de la inflación y el incumplimiento de su meta, la credibilidad del Banco está en juego y cualquier alza, a pesar del traumatismo que podría generar, prepararía al país para enfrentar los desafíos de 2016, anclando las expectativas de inflación y de esa manera reduciendo las tasas de interés de largo plazo, fortaleciendo el peso frente a alzas de otros bancos centrales y reduciendo la demanda agregada, cuando nuestro déficit de cuenta corriente persiste y hace más volátil y vulnerable la moneda colombiana, con todas las consecuencias en términos de inflación y estabilidad financiera que eso conlleva. Las cartas están sobre la mesa.
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