| 7/7/2016 12:00:00 AM

Editorial: La encrucijada fiscal

Tener un déficit de cuenta corriente aún en 5,5% del PIB, implica que si bien el país podrá crecer este año 2,5%, pero aumentado su endeudamiento externo.

Hace un par de semanas el Gobierno presentó el Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP), documento donde proyecta la evolución de las finanzas públicas y el cumplimiento de la regla fiscal.  Esta importante noticia quedó opacada por la firma del proceso de paz en La Habana, pero poco a poco la opinión pública ha venido digiriendo lo que significan las cifras presentadas por el Ministro de Hacienda.

Evidentemente la caída de los ingresos petroleros es enorme. Estos llegaron a representar $23,8 billones en 2013, o 3,3% del PIB. Desde entonces su participación ha caído dramáticamente, de forma tal que se estima que para este año su aporte a las finanzas nacionales será de -$0,8 billones, dadas las devoluciones que la Dian le deberá hacer a las empresas petroleras. Este faltante hará que el déficit fiscal que estaba proyectado en -3,6% del PIB para este año se suba a -3,9% y para el año entrante pase de -3,1% a -3.3% del PIB. Según el MFMP la deuda pública alcanzó un nivel de 41% del PIB a finales del 2015 y se estima que llegará a rondar 43% a finales de este año.

La regla fiscal se concreta en el MFMP, que luego da el espacio para el Plan de Inversiones del Proyecto de Ley de Presupuesto, el cual se deberá presentar al Congreso a comienzos de la próxima legislatura. El aumento del déficit fiscal contó con la aprobación de la junta de expertos en la regla fiscal, según la ley que la establece.

Sin embargo, el hecho de que la presentación del MFMP haya cumplido con sus requerimientos legales no deja de preocupar a muchos analistas. Una de las inquietudes es que la reforma tributaria sea lo suficientemente grande para cubrir las necesidades fiscales. La otra, quizás más grave, es que la agenda legislativa esté tan congestionada con el proceso de paz y con el Presupuesto General de la Nación, que no quede tiempo para discutir la tributaria.

Esta situación es especialmente compleja por varios motivos. El primero tiene que ver con la que es quizás la mayor vulnerabilidad de la economía colombiana: un déficit de la cuenta corriente que todavía alcanza 5,5% del PIB. Esto quiere decir que, si bien este año el país podrá crecer a un ritmo cercano a 2,5%, lo está haciendo aumentado su endeudamiento externo. Esto a su vez significa un mayor crecimiento, pero también un riesgo alto que se materializaría si por alguna causa los flujos de capital hacia el país se redujeran o se detuvieran.

Al observar la curva de los TES, este no parecería ser el caso. Como analizamos en el artículo Con impulso externo, los intereses de los TES han bajado drásticamente. Los TES de 2024 pasaron de una tasa de 9% en febrero a otra de 7,2% al comenzar este mes, lo que significó una importante valorización de la parte larga de la curva. En concepto de varios analistas, esta valorización de los TES se debe más a factores externos como el brexit, las menores expectativas de crecimiento en Estados Unidos, el aumento en el precio del petróleo y, en general, con la gran liquidez internacional. En otras palabras, la tasa de los TES está reaccionando a movimientos técnicos del mercado y no a los fundamentales de la economía.

Esto es afortunado porque la parte corta de la curva tiene una tasa más alta que la parte larga. En otras palabras, la curva de rendimientos tiene una pendiente negativa, lo que en muchas economías desarrolladas es un predictor de una posible recesión a la vista, pero no en nuestro caso.

El hecho de que los TES sigan a tasas muy bajas no debe ser motivo para bajar la guardia. En 1999 Moody´s le retiró el grado de inversión a Colombia cuando su saldo de deuda superó el 40%, cifra por la que acabamos de pasar. Si la reforma tributaria no se presenta este año, es posible que esto vuelva a suceder, como lo han anunciado varios funcionarios del Gobierno, en particular la directora de Crédito Público, Ana Milena López. Si esto volviera a suceder, todos aquellos que requieren de grado de inversión para poner su dinero en Colombia tendrían que liquidar sus posiciones, lo que podría generar turbulencias en el mercado de los TES y una mayor devaluación del peso. Esto a su vez encarecería el endeudamiento y generaría presiones inflacionarias.

En momentos en que la inflación llegó a 8,60% en los últimos doce meses terminados en junio, es necesario que el Gobierno actúe con suma cautela. Seguramente el Banco de la República deberá seguir subiendo tasas para frenar la demanda privada y así indirectamente reducir el déficit de la cuenta corriente. Por su parte, el gobierno nacional deberá hacer un gran esfuerzo para reducir el déficit fiscal, con lo cual contribuiría a disminuir su déficit “gemelo”, que es el de la cuenta corriente.

Eso quiere decir que el gobierno nacional deberá presentar un presupuesto ajustado o tendrá que pasar la reforma fiscal. De no ser así, nuestra financiación externa se puede enrarecer, perjudicando el crecimiento del país, que siempre ha aumentado cuando hay entrada de capitales. De encarecerse la financiación, la mayoría de las metas del Gobierno se verían comprometidas.

De esta forma, el gobierno nacional se encuentra en una encrucijada, ya que a pesar de las dificultades políticas que puede tener el trámite de la reforma tributaria, su no presentación puede tener costos mucho más altos para el crecimiento del país.

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