| 4/30/2015 5:00:00 AM

La paradoja de las buenas intenciones

A veces pasa que, en busca de solucionar un problema o mejorar una situación, se promueven medidas que justamente generan el efecto contrario. Es común, por ejemplo en medicina, que a un paciente se le complique un mal que no había sido detectado, por tomarse el medicamento que le curaba otra dolencia.

Un hecho que sirve para contrastar esta hipótesis lo proporciona la Ley 1468 de 2011. Esta disposición legal amplió el periodo de la licencia de maternidad de 12 a 14 semanas. Situación que es positiva para los menores desde cualquier punto de vista. Sin entrar exhaustivamente en los detalles, un niño que recibe una adecuada estimulación durante los primeros meses de vida será emocionalmente sano, desarrollará sus capacidades cerebrales y tendrá mejores resultados académicos en el largo plazo.

Por estas razones, en países como Suecia, Noruega y Hungría, las licencias son de 96, 46 y 24 semanas, respectivamente. Se destaca de manera especial el marco existente en Suecia, en el que existen incentivos para que también los padres tomen responsabilidad en la crianza de los niños, haciendo que en la medida en que disfruten de más tiempo de licencia, su esposa también lo puede hacer. La medida sueca les permite a los padres compartir en casa hasta 64 semanas con su nuevo (a) hijo (a).

Pese a lo anterior, una ley que tenía buenas intenciones generó daños colaterales. Situación explicada en un documento reciente de Natalia Ramírez, Ana María Tribín y Carmiña Vargas, investigadoras de la Universidad de los Andes y del Banco de la República. El estudio encontró que el cambio regulatorio aumentó las tasas de inactividad, la informalidad y el autoempleo (trabajo por sí mismo) de las mujeres colombianas entre 18 y 30 años.

Se corrobora entonces que algunas protecciones legales conllevan costos indeseados y que, claramente, un hombre goza de preferencias a la hora de ser contratado, con relación a una mujer de características similares.

Es claro que a las mujeres no les va bien en el mercado laboral. Algunos indicadores sustentan esta idea. La tasa de desempleo, según la última medición del Dane, es de 13,1% en las mujeres, frente a 7,3% de los hombres. En el mercado laboral formal solo hay 33% de participación de las mujeres, frente a 67% de los hombres. Además, varios estudios han encontrado que, pese a que las mujeres tienen más años de educación, los hombres ganan salarios que son, en promedio, superiores entre 10% y 19%.

Las consecuencias de largo plazo de la realidad laboral no son menores. En la pasada edición de esta revista se presentó un resumen de los aspectos más importantes del sistema pensional colombiano. Allí se mostró que la alta informalidad, la desinformación y la baja cultura financiera les juegan una mala pasada a aquellas personas que anhelan mantener un adecuado nivel de ingreso en la vejez. Esta realidad es de la mayor relevancia en un país en el que la cobertura pensional es baja y la tendencia para los próximos años indica que la situación no mejoraría si no se realizan reformas. En esta gran discusión hay un mal que requiere toda la atención de las autoridades de política pública: la perspectiva pensional de la mujer es precaria.

Percibir salarios más bajos, tener prolongados periodos de desempleo –algunos explicados por la maternidad– y estar condenadas a la informalidad, hace que los montos ahorrados y las semanas cotizadas sean muy bajos. Por estas razones, si usted es mujer, es menos probable que obtenga una pensión, sea cual sea el régimen pensional al que se encuentre afiliada.

De otra parte, es un secreto a voces que algunas empresas preguntan si la aspirante a un cargo está embarazada o va a estarlo, o violan la disposición legal que prohíbe la realización de pruebas de embarazo para adelantar una nueva contratación. Lo contradictorio es que, ocasionalmente, estas reglas son fijadas o implementadas por otras mujeres.

Para coger el toro por los cuernos, es urgente iniciar acciones que incentiven a las madres a compartir tiempo con sus hijos, hecho importante en un país que carga el lastre de un prolongado conflicto armado. También es deseable que los padres le metan el hombro a la obligación. Por eso, establecer licencias de paternidad similares a las de las madres, tal como ocurre en Suecia, resulta necesario para eliminar la desigualdad de género existente en el mercado laboral, lo que de paso solucionaría algunos problemas a la hora de obtener la pensión. Así mismo, no está de más que el Ministerio de Trabajo ejerza un rol activo en la identificación de empresas que no estén cumpliendo con normas de contratación laboral.

Los próximos cambios regulatorios que se adelanten en este frente deben ser muy bien pensados y estudiados. No se debe olvidar que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.
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