| 10/27/2016 12:00:00 AM

Editorial: En manos del Congreso

El diagnóstico es preocupante, pues el país está viviendo tiempos de turbulencia en los que las tensiones políticas generan ruido sobre las decisiones técnicas económicas necesarias para garantizar que la estantería no se venga abajo.

La agenda legislativa para el mes y medio que queda de trabajo en el Congreso será toda una carrera contrarreloj, pues incluye temas claves, principalmente la reforma tributaria, la discusión del presupuesto bianual de regalías y, probablemente, nuevos proyectos de ley originados por la firma de los acuerdos de paz con las Farc. Además, el Legislativo tiene la tarea de escoger al nuevo Procurador General de la Nación –elección programada para el cierre de esta edición– y a varios magistrados de las Altas Cortes.

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Todos estos debates llegan en una compleja coyuntura política, tras la derrota del Sí en el plebiscito, que obligó la búsqueda de un nuevo consenso que saque adelante los acuerdos con las Farc y con un margen de maniobra estrecho para el Gobierno.

De otra parte, la situación fiscal sigue mostrando signos preocupantes y, por eso, a pesar de los agitados vientos que golpean la actualidad, el Gobierno se vio en la necesidad de darse el lapo y presentar un ajuste al estatuto tributario. A pesar de la demora, fue un gesto de responsabilidad fiscal y muestra la situación extrema que vive el erario y la necesidad de concretar nuevas fuentes de recursos para el Estado.

El diagnóstico es preocupante, pues el país está viviendo tiempos de turbulencia en los que las tensiones políticas generan ruido sobre las decisiones técnicas económicas necesarias para garantizar que la estantería no se venga abajo.

Desde el Congreso ya se empezaron a oír detractores de la tributaria, que consideran que el tiempo de discusión es poco (ver artículo Reforma Contrarreloj, pg 30). A juicio de algunos congresistas como el representante a la Cámara por Bolívar Hernando José Padaui, presidente de la Comisión Tercera, o el senador Antonio Navarro, se ha reducido el margen de maniobra para darle una profunda discusión legislativa.

Pero no solo el tiempo está en contra. El ambiente que hay en torno a la discusión no es el más favorable, porque esta reforma es impopular, pero –en la actual coyuntura– inevitable. No solo la oposición ha fijado posturas en contra de la tributaria: incluso dentro de algunos de los partidos que hacen parte de la Unidad Nacional se han manifestado reparos a algunas de las iniciativas presentadas.

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Por ejemplo, el Partido Liberal ha ratificado que no está de acuerdo con una ampliación del IVA, cuya propuesta va de pasar de 16% a 19%, y que es considerada parte de la columna vertebral de la propuesta oficial. Quienes dicen que el tiempo es poco tienen la razón: son solo 7 semanas y los cálculos más optimistas señalan que apenas a mediados de noviembre la reforma saldrá de comisiones terceras a las plenarias. Por eso, en algunos sectores ya se habla de la necesidad de convocar a sesiones extras al Congreso después del 16 de diciembre.

Inclusive, algunos en el Legislativo consideran que la reforma tributaria no se va a aprobar. El Congreso no puede perder de vista que sin esta reforma se produciría un efecto devastador sobre la economía que, inclusive, podría abrir las puertas a una recesión.

Las calificadoras de riesgo internacionales han expresado que sin la tributaria Colombia podría perder el grado de inversión y, en ese escenario, los costos de financiamiento del país en los sectores público y privado aumentarían dramáticamente. Como se menciona en uno de nuestros artículos de la presente edición, algunos consideran que el impacto podría aumentar el servicio de la deuda colombiana (tanto pública como privada) en al menos US$10.000 millones; más de tres veces lo que se espera recaudar con la tributaria. Por ello, para el Congreso no hay disyuntiva posible, pues en sus manos está impedir una destorcida. Lo único más costoso que hacer la tributaria es no hacerla y abrirle las puertas a una crisis económica.

Las pruebas de que la situación fiscal es sensible ya han quedado sobre la mesa. Tras la aprobación del presupuesto de 2017, hace un par de semanas, quedó en evidencia lo apretadas que están las finanzas públicas; muchos sectores están sintiendo los recortes en la inversión, necesarios para cumplir con las exigencias de la regla fiscal.

En medio de un ambiente político muy complicado, de la gestión y decisiones del Congreso dependerá en gran parte el futuro económico del país. El Legislativo tiene que comportarse a la altura y mostrar mucha sindéresis. Jugar con la situación fiscal puede resultar mucho más caro que cualquier otro desafuero político. La reforma tributaria es urgente y sobre eso no puede caber duda. Lograr un buen ajuste al estatuto tributario debe ser la meta. Ojalá se imponga la sensatez.

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