| 10/14/2015 7:00:00 PM

Editorial: las elecciones locales

Un alcalde que en su ciudad alargue el tiempo de transporte de un empleado normal está realizando una acción que equivale a aumentar los impuestos al trabajador que usa el servicio. Este es el ejemplo de un mal administrador.

Las ciencias económicas han venido reconociéndoles un rol mucho más importante a las ciudades como espacios naturales del crecimiento económico. En años recientes, la llamada economía urbana ha adquirido una mayor relevancia y divulgación. Un ejemplo de ello es la popularidad que ha adquirido un libro como El Triunfo de la ciudad (Triumph of the City) de Edward Gleaser, profesor de economía de la Universidad de Harvard, que llego a estar entre los best sellers de The New York Times: estudiar la economía de las ciudades así como sus efectos sobre la segregación social y racial, el crimen, la flexibilidad de los mercados laborales y los mercados de vivienda se han convertido en temas que se podrían llamar de “moda”.

La obra de Gleaser, que Boris Johnson –el alcalde de Londres- considera uno de sus libros de cabecera, nos recuerda que el desarrollo económico va en paralelo con el de las ciudades; si se miden indicadores como mortalidad infantil, esperanza de vida y expectativa de vida se evidencia una correlación muy alta. Es un hecho empírico que la mayor parte del progreso económico se ha dado en las urbes y no en el campo.

Para la “economía urbana”, el análisis hace énfasis en los usos del espacio. La proximidad geográfica de los actores económicos implica lo que se llaman “economías de aglomeración”, que nos es más que otra forma de nombrar a las economías de escala. Por ejemplo, en una ciudad es más barato, en términos per cápita, proveer servicios públicos como acueducto o alcantarillado que en zonas rurales. El efecto de las económicas de escala va mucho más allá.  Si una empresa quiere crecer necesita un contexto urbano adecuado por varios motivos. Primero, el empresario precisa de mercados más grandes y concentrados donde pueda vender sus productos fácilmente. Segundo, contar con un mercado laboral más amplio y flexible permite contratar el personal necesario con facilidad, así, el retorno de la inversión de capital es generalmente más alto y eficiente.

¿Qué se necesita en las ciudades para crecer rápidamente?

En su reciente visita a Colombia, otro economista, el creador de teoría del crecimiento endógeno, Paul Romer, actualmente profesor de negocios de la Universidad de Nueva York, planteó que es fundamental establecer reglas claras en términos de legislación y planificación urbana, para impulsar  el desarrollo y la prosperidad. Este es un prerrequisito para un efectivo crecimiento económico.

En este campo se teoriza mucho, pero, al final, el éxito de este proceso depende de elegir buenos alcaldes y gerentes locales que produzcan buenas políticas públicas, en estos casos buenos Planes de Ordenamiento Territorial (POT). Donde no hay servicios públicos ni POT ni visión de ciudad es difícil que se generen empleos y prosperidad.

Por todos estos motivos es fundamental elegir buenos burgomaestres que propicien el desarrollo urbano que permita una buena integración de la ciudad y que mejoren el bienestar de todos los ciudadanos. Los costos que paga la ciudadanía por cuenta de un mal mandatario están escondidos y afectan a los más pobres.

Una muestra clara es el tiempo que se gasta alguien viajando desde y hacia su trabajo. Por ejemplo, basado en un día laboral de 8 horas, si alguien pasa hora y media por la mañana y hora y media por la tarde en un medio de transporte, el costo de oportunidad que paga esa persona es equivalente a un impuesto del 37,5% sobre sus ingresos. De no utilizar el tiempo transportándose, el trabajador podría pasarlo con su familia o trabajando horas extra y aumentando su ingreso. Si a su tiempo de recorrido le sumamos otra hora, para sumar cuatro, la tasa de gravación sería de ¡50%!

De esta forma, un alcalde que en su ciudad alargue el tiempo de transporte de un empleado normal está realizando una acción que equivale a aumentar los impuestos al trabajador que usa el servicio. Este es el ejemplo de un mal administrador. Por el contrario, un buen alcalde reducirá los tiempos de transporte y aumentará el tiempo libre o de ocio de las personas. Adicionalmente, una reducción en el tiempo de transporte hogar-trabajo también hace que los mercados laborales sean a su vez más eficientes, facilitando así la consecución de mano de obra calificada.

Por todos estos motivos, invitamos a votar a conciencia por buenos candidatos que tengan proyectos para solucionarles problemas a la ciudadanía y no simplemente buenos eslóganes publicitarios. Los buenos gerentes mejoran la calidad de vida de los habitantes. El anterior ejemplo, la evolución del tiempo de desplazamiento hogar-trabajo, da un simple criterio para medir qué tan “humana” es una administración municipal o regional.

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