| 10/13/2016 12:00:00 AM

Editorial: Del posconflicto al posplebiscito

Durante un año Colombia ha estado atada a la agenda del plebiscito y de la anunciada reforma tributaria estructural. Los planes del Gobierno para que los dos hechos no coincidieran no se concretaron.

La avalancha de noticias que vivió el país en las últimas dos semanas ha sacudido no solo el mundo político sino también el económico. Con el triunfo del No en el plebiscito, compensado por el Nobel de Paz para el presidente Santos, y la incertidumbre política que hay en el país, la economía está en vilo.

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Durante un año Colombia ha estado atada a la agenda del plebiscito y de la anunciada reforma tributaria estructural. Los planes del Gobierno para que los dos hechos no coincidieran no se concretaron. E incluso se complicaron, pues ahora ambos procesos, en etapas diferentes, se están desarrollando simultáneamente y se convirtieron en la prueba de fuego para la administración del presidente Juan Manuel Santos.

Tendrá que sacar adelante en el Congreso una reforma tributaria dolorosa y nada popular –con aumento en el IVA, ampliación de la base gravable para el impuesto de renta y tributación de los dividendos–, pero inevitable para atender el hueco fiscal que dejó la caída de los precios del petróleo, y eludir la pérdida del grado de inversión del país y cumplir con la disciplina que exige la regla fiscal.

El trámite en el Congreso para aprobar la tributaria podría ser muy complicado. Voces como las del liberalismo, que acompañaron el Sí y que hacen parte de la Unidad Nacional, plantearon la posibilidad de no presentar la reforma e, incluso, fueron en contra del aumento del IVA. Otras como las del Centro Democrático, lideradas por el expresidente Álvaro Uribe, también han manifestado reparos. Según vertientes políticas como la del Polo Democrático, no será fácil para el Gobierno sacar adelante este proyecto. Nadie quiere quedar con ese costo político.

Además, la administración Santos deberá escuchar los requerimientos de los representantes del No que ganaron en el plebiscito y convencer a las Farc en La Habana de ajustar los acuerdos, cuando el margen de maniobra político está limitado y desgastado tras las votaciones del pasado 2 de octubre y varios años de negociación. Paralelamente, iniciará las conversaciones con el ELN, una guerrilla incluso más radical que las mismas Farc, generando otro foco de atención clave en estos momentos.

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No sorprende, por esto, que cerca de 400 empresarios del país hayan pedido que el acuerdo definitivo con las Farc sea expedito y que en la revisión del acuerdo imperen la razón, el interés nacional y el trabajo responsable.

Todo este coctel de hechos se da en un momento complicado para la economía. Analistas internacionales advierten que la confianza de los inversionistas podría sufrir un impacto, dada la incertidumbre en el país. Los hechos coincidieron con el ajuste en las proyecciones del FMI en el crecimiento del PIB de Colombia, al ubicarlo en 2,2% para 2016 (frente a 2,5% que tenía en enero) y a 2,7% para 2017 (frente a 3% en enero). “El peso también caerá frente al dólar y otras divisas importantes. El grado de inversión de Colombia actualmente en BBB también podría entrar en cuestión. Sin embargo, los principales problemas son políticos, y la situación económica dependerá de la manera cómo el Gobierno mantendrá su capacidad de implementar reformas necesarias y evitar la inercia política durante los últimos dos años de la presidencia de Santos”, dice un análisis de ControlRisks.

Otros analistas han advertido que, ante la incertidumbre, una de las mayores afectaciones se puede dar no solo en la inversión sino también en el consumo –ya golpeado por el aumento del dólar, la inflación y las tasas de interés–, en especial de bienes durables. Camilo Herrera, presidente de la consultora de mercados Raddar, advirtió en una reciente entrevista en El Espectador, que “hay un manto de incertidumbre que se profundizó con la votación, que hará que el gasto de los hogares se contenga aún más”.

A este contexto hay que sumarle tensiones sociales con las que tendrá que enfrentarse el Gobierno: los camioneros ya están amenazando con otro paro, las protestas por el mal servicio de energía en la Costa Caribe no cesan e, incluso, como lo advirtió el senador Jorge Robledo, seguramente la discusión de la tributaria va a ser caldo de cultivo para otras manifestaciones públicas. Así, la posibilidad de tener crecimientos por encima de 2,5% que espera el Gobierno no será tan clara.

El presidente Santos está en un verdadero punto de inflexión: aunque el escenario es desgastante, también es retador: si logra aprobar en el Congreso una reforma tributaria adecuada, consigue conciliar con los del No y las Farc los ajustes a los acuerdos de La Habana y, además, avanza en la negociación con el ELN, pasará a la historia no solo como el primer colombiano que recibió el Premio Nobel de Paz, sino como el Presidente que puso al país ad portas de una era de desarrollo sin antecedentes.

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