| 3/17/2016 12:00:00 AM

Editorial: Los resultados del crecimiento

En gran medida dependemos de la evolución de las manufacturas y del agro para fortalecer el crecimiento.

El Dane anunció a mediados de marzo que durante 2015 el crecimiento del PIB fue de 3,1%. Estos resultados son buenos, comparados con los demás países de la región y superiores al promedio regional en 1,5 puntos porcentuales, pero muestran una clara desaceleración frente al crecimiento de 2014, de 4,6%. Así, durante 2015 todas las ramas de la economía crecieron: servicios financieros e inmobiliarios, 4,3%; comercio, restaurantes y hoteles, 4,1%; construcción, 3,9%, y agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca con 3,3%. El Dane resaltó que la economía completó trece trimestres consecutivos de crecimiento positivo.

Comercio, restaurantes y hoteles tuvieron buen ritmo explicado por alojamiento, comidas y bebidas con 5,4% de crecimiento. En construcción se destacaron edificaciones con 2,1% y obras civiles con 5,4%. En el agro el crecimiento se explica por productos de café con 15,6%; los servicios de intermediación financiera crecieron 9,7%.

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Comparado con 2014, solo 3 de 10 actividades lograron mejorar su desempeño. La minería creció 0,6%, pero después de un año de decrecimiento. La industria también repuntó debido a la puesta en marcha de Reficar.

El lado negativo fue la desaceleración de la construcción, que creció 3,9%, la mitad del registro de los últimos 5 años. Perdieron fortaleza tanto la construcción de edificaciones (2,1% en 2015 vs. 8,1% en 2014), como las obras de ingeniería civil, que crecieron a 5,4% en 2015, muy por debajo del 13,4% registrado en 2014. El sector transporte bajó de 4,7% a 1,4% de 2014 a 2015. Al analizar estos resultados macroeconómicos, se destaca la recomposición de los crecimientos sectoriales, causados por la caída del petróleo y de las materias primas.

Sin embargo, durante 2015 la fuerte depreciación del peso, fruto del colapso de las actividades extractivas y del desplome del precio de las materias primas, no generó la tan esperada recuperación de los productos transables, tales como los agrícolas y los manufactureros. Estos sectores se afectaron por la revaluación real del peso iniciada en 2003 y que prosiguió ininterrumpida hasta finales de 2014.

A pesar de estos resultados aceptables, el ambiente se ha llenado de pesimismo. Así lo revela la Encuesta de Opinión Financiera de Fedesarrollo y la BVC, que reveló que los analistas redujeron su pronóstico de crecimiento a 2,6% este año y a 3,0% para 2017.

Adicionalmente, la incertidumbre internacional, aunada a la débil demanda, hace que el país tenga que enfatizar más su demanda interna para asegurar el crecimiento económico en 2016. Por ese motivo el plan de inversiones contracíclico del Gobierno incluye las concesiones de 4G, la puesta en marcha de Reficar y el Pipe 2.0; estas medidas buscan evitar una mayor contracción del consumo público y privado.

En la dirección opuesta van las medidas fiscales y monetarias. Primero, el Gobierno anunció recortes cercanos al 0,7% del PIB (US$1.800 millones) para cumplir con su meta de déficit de 3,6% del PIB. Por el lado monetario, y de acuerdo con la convicción de 89% de los analistas, se espera que el Emisor suba sus tasas 25 pbs adicionales en su próxima reunión, ubicándola en 6,5% a fines de este mes; se ve una gran probabilidad de seguir subiendo tasas el resto del año, lo que a su vez debería reducir el consumo.

El Banco lleva a cabo esta subida de tasas para combatir la inflación y para reducir la absorción (consumo e inversión), particularmente la privada. Esto último debería igualmente reducir el déficit de cuenta corriente y a su vez la vulnerabilidad financiera del país. Pero también se espera que el déficit se comprima por menores importaciones en lugar de mayores exportaciones, dada la baja reacción que han tenido nuestras ventas externas no tradicionales a una tasa de cambio más competitiva. Es muy probable que la débil demanda global no permita que las exportaciones no tradicionales compensen la caída de las tradicionales.

A pesar de este entorno incierto, hay algunas noticias positivas. La producción industrial aumentó 8,2% en enero, gracias a la actividad de Reficar. Durante ese mes, 24 de las 39 actividades industriales registraron variaciones positivas, mientras que 15 tuvieron un comportamiento negativo. También para 2016 se espera un sector agropecuario robusto. La cosecha cafetera del año pasado fue una de las más grandes de los últimos años y la tasa de cambio deberá favorecer a muchos de los cultivos.

En gran medida dependemos de la evolución de las manufacturas y del agro para fortalecer el crecimiento. Es posible que las exportaciones no tradicionales se tarden en reaccionar para compensar el shock externo. Por eso, es posible que el crecimiento de 2016 no deje satisfechos a muchos observadores. Sin embargo, el volumen de las importaciones debería ir cayendo, para reducir la vulnerabilidad externa. Si bien el crecimiento de este año no será deslumbrante, no pondrá en peligro la estabilidad financiera del país. Apostar por crecer más en este escenario es difícil, dado que la demanda global sigue deprimida. El crecimiento económico seguirá siendo uno de los interrogantes clave de 2016. Hay que seguir alertas.

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