| 2/4/2016 12:00:00 AM

Editorial: Límites al crecimiento

Lo más seguro –dados los llamados déficits gemelos en economía– es que un recorte del gasto público que reduzca el déficit fiscal redundaría en una reducción del déficit de cuenta corriente. Pero la reducción del consumo o la inversión, o de los dos, no solo significaría un menor déficit fiscal y de cuenta corriente; también representaría un menor crecimiento.

Durante las últimas semanas, la prensa ha registrado una serie de mensajes de las autoridades económicas que difícilmente podrían ser más crípticos. Un claro ejemplo es la entrevista a la codirectora del Banco de la República, Ana Fernanda Maiguashca, publicada por la agencia Reuters el 19 de enero y titulada Colombia: Economía debería desacelerarse aún más para reducir déficit en cuenta corriente. Como lo recogió Reuters, el crecimiento debe moderarse para reducir el déficit de cuenta corriente.

Una declaración similar se le escuchó a otro codirector del Banco de la República, Juan Pablo Zárate. “Volver a una senda de déficit decreciente en la cuenta corriente que sea creíble y retomar el camino hacia una inflación del 3% para mí son los principales objetivos que debería tener la política macroeconómica en Colombia este año, por encima incluso de mantener un crecimiento del 3%”, le aseguró Zárate a Dinero.com.

Asimismo, mientras estaba en la reunión del Foro Económico Mundial en Davos, el Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas le declaró también a Reuters: “La prioridad económica número uno para el Gobierno es reducir el déficit en la cuenta corriente”. “¿Cómo se rebaja?” continuó Cárdenas, “necesitamos reducir la absorción interna y eso pretendemos hacer, ya sea recortando el gasto público o aumentando las tasas de interés”.

Quizás al Ministro le faltó desarrollar la idea para que le quedara clara a la mayoría de los colombianos. La absorción es un término técnico que representa el consumo más la inversión. Si se recorta el gasto público se reducirá preferiblemente el primero, ya que la inversión es vista como necesaria para crecer hacia el futuro o simplemente para repagar la deuda actual. Una subida en la tasa de interés también debería reducir ambos.

Como lo explicamos en el editorial de la edición anterior, lo más seguro –dados los llamados déficits gemelos en economía– es que un recorte del gasto público que reduzca el déficit fiscal redundaría en una reducción del déficit de cuenta corriente. Pero la reducción del consumo o la inversión, o de los dos, no solo significaría un menor déficit fiscal y de cuenta corriente; también representaría un menor crecimiento dado el menor estímulo fiscal o monetario. Por ese motivo, varios codirectores afirman que es necesario desacelerar la economía para reducir la vulnerabilidad externa.

Tal vez una de las confusiones proviene del hecho que la vulnerabilidad externa no es generalmente considerada como uno de los objetivos de la política monetaria. La Corte Constitucional ha interpretado el mandato del Banco de la República como uno de maximizar el crecimiento económico dentro de un ambiente de estabilidad de precios. Para esto, el banco central cuenta con la tasa de interés como su principal instrumento. Para combatir la inflación, el Banco sube los tipos de interés mientras que para acelerar el crecimiento, los baja. Así, de una manera muy sencilla, las tasas de interés actúan como un acelerador o un freno para la economía. El objetivo central es alcanzar el crecimiento máximo posible, manteniendo un nivel estable de inflación.

El año pasado, ante la magnitud del shock externo causado por el desplome de los ingresos petroleros, el Banco fue muy prudente subiendo la tasa interés para no afectar negativamente el crecimiento. El resultado –nada despreciable– de esta política, fue una tasa de crecimiento de 2,9% , muy por encima de lo que algunos analistas estimaban, mientras que la inflación se situó en 6,77% por encima del rango meta del Banco, situado entre 2% y 4%. Sin embargo, como es ya bien conocido, este crecimiento se financió con recursos externos aumentando así la vulnerabilidad externa. Al reducir el crecimiento, la necesidad de recursos externos también se verá reducida y por ende también la vulnerabilidad externa. Por esa relación, reducir el crecimiento en esta coyuntura reduce la vulnerabilidad.

Para 2016, el Banco anunció que continuará con su política de normalización monetaria por lo que subió de 5,75% a 6% la tasa de intervención en su primera reunión del año. Pero esta vez, en su comunicado, a diferencia de los anteriores, la Junta Directiva hizo un pronunciamiento en el que se aparta de las tradicionales consideraciones sobre inflación y crecimiento. Este reza “el equipo técnico del Banco proyecta un crecimiento del producto en 2016 [de] 2,7% como resultado más probable. Esta cifra refleja una demanda interna que se seguiría ajustando al menor ingreso nacional….[y] es coherente con la reducción proyectada del déficit de cuenta corriente de niveles cercanos a US$19.000 millones en 2015 a US$ 16.000 millones en 2016”.

Recientemente Sergio Clavijo, presidente de Anif, dijo en un conversatorio moderado por esta revista que un banco central nunca debe admitir que subió las tasas por un problema de cuenta corriente. Esto se debe quizás a que en la concepción clásica de la política monetaria –y eso se puede revisar en casi todos sus textos clásicos– la palabra cuenta corriente ni aparece. Sin embargo, esta relación es clave y el pronunciamiento del Banco está dirigido a mitigar las dudas que existen sobre la “vulnerabilidad más grande de la economía”.

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