| 8/3/2016 12:00:00 AM

Editorial: Gracias, Juan Mario…

A mediados de 2014, Juan Mario Laserna Jaramillo llegó a la redacción de Revista Dinero como nuestro Consejero Editorial. Venía “quemado” –como decía con cierto humor y algo de nostalgia–, luego de haber perdido su reelección en el Senado de la República.

Llegó con la tarea de imprimirle a la revista mayor fuerza en los temas macroeconómicos, pero sin dejar atrás el análisis y la profundidad que han caracterizado a esta publicación en materia de negocios y finanzas. Pero también a fijar, desde estas páginas, posiciones frente a los temas de coyuntura económica y empresarial que más le interesan al país.

En mayo del año pasado, en un editorial que surgió a raíz de una discusión interna sobre cuál era la influencia de unos periodistas que no firman los artículos sino que presentan un cuerpo de pensamiento que es respaldado por la firma y el prestigio de Dinero, Juan Mario hizo un balance, que hasta esa fecha mostraba cómo la revista “en forma responsable, ha aportado argumentos técnicos al debate sobre el manejo que se le debía dar a la economía colombiana”. La conclusión es que buena parte de la agenda noticiosa que Dinero había liderado acertadamente, había sido promovida por su Consejero Editorial.

En ese momento Juan Mario destacó algunos de los temas en los que, desde Dinero, se hicieron aportes: las preocupaciones por la cuenta corriente –cuando casi nadie hablaba del tema–; la situación de Ecopetrol, que él anticipó y describió gráficamente como “sacarle carne y leche a la misma vaca”; la diversificación de los fondos de pensiones; la necesidad que tendría el Banco de la República de subir la tasa de interés para anclar expectativas y cumplir la meta de inflación, cuando aún no se habían iniciado los aumentos; la financiación de las vías de cuarta generación (4G), frente a la que argumentó que era un error sujetarla a la venta de Isagen y agregaba que una alternativa clave era la relajación de la Regla Fiscal para inversión o formación bruta de capital fijo; los peligros del impuesto al patrimonio, “al gravar acervos de capital en vez de flujos, lo cual ha sido descrito por la literatura especializada como distorsionante y antitécnico”.

Pero no fueron sus únicas advertencias. Los vaivenes del dólar también hicieron parte de sus opiniones y afirmaba que era sensato analizar estrategias que mitigaran la volatilidad cambiaria en la economía colombiana. “No se puede asumir que tenemos las manos atadas”, decía en un editorial de septiembre del año pasado. También incluyó la discusión de la reforma tributaria, que calificó como clave para estabilizar la economía colombiana y prioridad en la agenda pública, pero advertía que como posibles fuentes de recursos brillaban por su ausencia temas como los paraísos fiscales. Agregó que, aún más importante, debía abordarse el tema del gasto público que había contribuido a agravar el problema.

Días antes de su trágico fallecimiento, estaba feliz por asistir a Planadas, en su amada tierra tolimense, al Festival de Cafés Especiales e iba con la idea de escribir a su regreso un artículo sobre esa experiencia. También andaba entusiasmado con libros debajo del brazo sobre el pensamiento de Pedro Pablo Kuczynski, el recién posesionado presidente del Perú, de quien quería hacer un perfil económico.

Seguía muy preocupado por el futuro de Venezuela, al punto que tenía planeado ir a ese país en los próximos días, y pensaba en estrategias para que Colombia pudiera ayudar al vecino país en el futuro cercano. Incluso, mencionaba la posibilidad de hacer una especie de Plan Marshall, liderado por Colombia.

Pero, más allá de fijar en los editoriales y otros artículos de la revista su visión y posición, y de construir junto con el equipo las temáticas de cada una de las casi 50 ediciones en las que activamente participó, Juan Mario fue el eje central de la redacción.

Su inteligencia le permitió al equipo aclarar dudas, mejorar enfoques y ampliar la visión de determinados temas. Por su iniciativa se creó al interior de la revista un espacio en el que participaban empresarios, funcionarios públicos, analistas y hasta emprendedores, donde se escuchaban distintas posiciones y le permitían al equipo acercarse a diferentes realidades.

Siempre tuvo su conocimiento a disposición de todos. En los consejos –tanto editorial como de redacción– sus palabras eran escuchadas como las del ‘sabio de la tribu’. Generoso como el que más, a cualquier pregunta buscaba en libros o en referencias en internet los soportes a la respuesta que, por supuesto, ya había dado con lujo de detalles.

Nunca tuvo una palabra disonante o una actitud pendenciera y, por el contrario, su sentido del humor y amabilidad fueron características que nunca abandonó durante su paso por Dinero.

Para la revista, este es un segundo gran dolor. Hace un poco más de 13 años, Juan Luis Londoño de la Cuesta, quien había sido director de Dinero y en ese momento era Ministro de Protección Social, falleció en un accidente aéreo a pocos kilómetros de donde murió Juan Mario.

Para Juan Mario, nuestro respeto, cariño y admiración. Gracias por su sencillez, calidez y amabilidad; por compartir su conocimiento y sobre todo porque, como dijo Sergio Clavijo en una columna, aprendió de su padre, don Mario Laserna Pinzón, “la distinción entre ser ‘gente bien’ y ‘gente de bien’ para las futuras generaciones”.

Por todo, GRACIAS, –así, en mayúsculas–, Juan Mario, te vamos a extrañar… .

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