| 5/12/2016 12:00:00 AM

Editorial: De la concertación ambiental

Este tipo de concertaciones son fundamentales en un país que además de querer conservar su riqueza bioambiental, también quiere explotar su subsuelo de una manera adecuada

Uno de los primeros artículos de prensa que publicó Juan Carlos Echeverry fue por allá en 1990 en la revista Estrategia que entonces dirigía María Mercedes Cuéllar. Su tema era Economía y Medio Ambiente. En este texto se argumentaba muy simplemente todo el problema de las externalidades en que tanto había insistido el profesor Pigou. Afortunadamente para la memoria, su coautor es parte de este equipo editorial.

La teoría de las externalidades es relativamente simple. Una actividad económica puede tener efectos inesperados sobre un tercero, tal como polución, mugre, ruido, etc. En fin, es cualquier actividad nociva para alguien y que no se incorpore al precio del producto realizado. Durante muchos años las externalidades ambientales eran como un costo escondido que asumía la sociedad. Sin embargo, debido al deterioro ambiental, la sociedad está mucho más vigilante sobre el costo oculto que pueden tener la extracción de petróleo o la minería y trata de hacerlo cada vez más visible.

Las externalidades de la exploración minera o petrolera son sin duda enormes, y negarlos no le sirve a la credibilidad de la política pública, ya que basta prender la televisión o conectarse a YouTube para ver de propios ojos la evidencia contraria. ¿Que el fracking no contamina ríos subterráneos? Muchos vimos además que contamina ríos en la superficie, como nos lo mostró un parlamentario australiano en la web. O como lo afirmó el precandidato presidencial demócrata Bernie Sanders al citar que más de cinco estados han certificado conjuntamente con la Environmental Protection Agency que el fracking sí puede contaminar el agua.

Indudablemente en el caso de Caño Cristales lo que se dio era una licencia de exploración. Sin embargo, no se nos ha dicho nada sobre cuál es el tipo de explotación que allí se realizaría. Una licencia puede permitir varios tipos de aprovechamiento, entre ellos, obviamente, el fracking.

Es evidente que la sola actividad de exploración no contamina las fuentes hídricas. De todos modos, algo cierto es que las externalidades de la exploración petrolera y la subsiguiente explotación son aún inciertas dada nuestra topografía. No hay que descalificar a nadie en un debate tan complejo como este. Más bien se deben tener en cuenta todas las opiniones que surjan alrededor de este debate, provengan estas de comunidades, expertos o autoridades.

En este sentido, aplaudimos la iniciativa de la Fundación Ford y del Social Science Research Council que reunió a un grupo de expertos de todas las vertientes a estudiar cómo el tema de la minería a todas las escalas y de todos los tipos afecta en este momento al país. El estudio titulado “Propuestas para una Visión Compartida sobre la minería en Colombia” es el resultado de dos años de trabajo del Grupo de Diálogo sobre Minería en Colombia (GDIAM) que reunió expertos de todas las vertientes, indigenistas, mineros y antiguos funcionarios del Estado para que participaran ad honorem en el ejercicio de construcción colectiva de cómo se puede llevar a cabo la minería en Colombia. El grupo, que incluyó a personas como Luis Jorge Garay, claramente un anti-extractivista, hasta líderes indígenas como el alcalde de Toribío, Alcibíades Escué, y miembros de las negritudes presenta cinco tipos de minería: la formal, la ancestral y artesanal, la informal, la ilegal y la extractiva criminal. Basado en esa tipología, el grupo esboza lo que al parecer de los actores podría ser una minería incluyente, resiliente y competitiva.

Este tipo de concertaciones son fundamentales en un país que además de querer conservar su riqueza bioambiental, también quiere explotar su subsuelo de una manera adecuada y conforme al desarrollo sostenido de largo plazo. Pero en el caso de la minería este esfuerzo no se puede quedar ahí. Basados en una visión compartida y socializada a través del país, es imprescindible ordenar todo el tema de la minería en el país para que no siga causando los grandes problemas que algunas de sus prácticas han ocasionado en términos de delincuencia, deterioro ambiental y social.

Un esfuerzo como este debe ser continuado y plasmado en iniciativas o modificaciones legales o regulatorias que le pongan orden a este sector.

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