| 3/3/2016 12:00:00 AM

Editorial: Contra el reloj

S&P también le puso outlook negativo a los grandes grupos bancarios privados de Colombia: Bancolombia, Banco de Bogotá y Davivienda, así como a la Financiera de Desarrollo Nacional.

La semana pasada el banco de inversión BNP Paribas revisó nuevamente sus pronósticos del crecimiento mundial a la baja; espera que la economía global crezca más lentamente en el año 2016 que en 2015. Esta nueva proyección refleja en parte un mayor estrés financiero, una desaceleración de la economía china, una gran incertidumbre sobre el crecimiento en la Zona Euro y una pausa de la Reserva Federal (FED), por lo menos.

Ante estas nuevas circunstancias, los bancos centrales han tomado rápidamente medidas. El yen y la Zona Euro han adoptado tasas negativas, mientras en China –luego de registrar el año pasado el crecimiento más bajo en ocho años–, el Banco Central bajó su nivel de reservas requeridas en 0,5%. Es de señalar que este es el instrumento monetario preferido por el Banco Central chino en lugar de reducir las tasas de interés.

Por el lado de los Estados Unidos, se han vuelto a despertar los miedos a una ralentización del crecimiento. Los riesgos del escenario actual han hecho que varios gobernadores de la FED hayan argumentado ya que es posible que la Reserva Federal no realice alzas en las tasas de interés este año, al tiempo que varios economistas consideran que el aumento de diciembre fue un error.

Según BNP Paribas, los mercados emergentes deberían permanecer preocupados por un crecimiento débil, los precios bajos de las materias primas y una deuda en dólares más onerosa, debido a la revaluación de esa moneda. Esta situación ha llevado a que este banco estime que “hay 30% de probabilidad de una recesión global”.

Para protegerse de todas estas turbulencias, el gobierno nacional definió un recorte –que avaló el gabinete en pleno– de $6 billones al presupuesto, 0,7% del PIB o 3% del presupuesto. El objetivo del gobierno es que el déficit fiscal de 2016 no pase de 3,6% del PIB. Esta meta de déficit se ha convertido en imprescindible para evitar una rebaja de BBB a BBB-, o más, que es el umbral para el estatus de grado de inversión.

Los recortes mencionados coincidieron con la rebaja en calificación que le hizo Moody’s al Brasil, de dos escalafones, y que lo puso fuera del territorio del grado de inversión. Aunque se consideraba que Moody’s estaba un poco rezagada frente a las demás agencias, su cambio a la calificación del Brasil envió una señal de que estas agencias están muy atentas a los próximos desarrollos. Esto a tal punto que, según el Deutsche Bank, los recortes anunciados al presupuesto parecen insuficientes para evitar una baja en la calificación.

En efecto, en las semanas recientes las agencias calificadoras han enviado mensajes muy claros. Standard & Poors (S&P) revisó la perspectiva de crédito soberano de Colombia a negativa y argumentó que dadas las rigideces presupuestales del país –los gastos obligatorios representan tres cuartas partes del presupuesto– existe “un escaso margen para la consolidación fiscal…[y] aunque pueden lograrse reducciones marginales de gastos, el aumento de pagos de intereses y salarios públicos podrían neutralizar los esfuerzos de austeridad”.

Pero S&P no terminó ahí. También le puso un outlook (perspectiva) negativo a los tres grandes grupos bancarios privados de Colombia: Bancolombia, Banco de Bogotá y Davivivenda, así como a las oficiales Financiera de Desarrollo Nacional y la Financiera de Desarrollo Territorial. La racha de perspectivas negativas de S&P continuó con Interconexión Eléctrica S.A. (ISA) y con la perspectiva de estable a negativa del Grupo de Inversiones Suramericana y de la empresa de energía Emgesa, y explicó que estas “tres compañías no superarían una prueba de estrés bajo un escenario de incumplimiento del soberano”.

Sin lugar a dudas, todas las movidas de S&P son una campanada de alerta al Gobierno, que pone de relieve la urgencia de tramitar la reforma tributaria. Más fuerte aún fue la afirmación por parte de la agencia: “Colombia vive de unos recursos que no existen”.

Todo esto debe ser materia para pensar profundamente la situación. Aplazar la reforma fiscal mientras se aprueban los acuerdos de paz puede tener grandes riesgos. Como lo escribió Armando Montenegro hace unas cuantas semanas en El Espectador: “Dado que el desarrollo de los acuerdos de La Habana se vería frustrado por una crisis macroeconómica, los interesados en el éxito del posconflicto tienen razones para apoyar el ajuste de la economía colombiana en los próximos meses”.

Desde hace varios meses, este escenario de riesgos es claro, tanto para los analistas como para el Gobierno. Los más recientes acontecimientos muestran que las fuerzas de la economía nos siguen llevando por un rumbo de amenazas evidentes. Cualquier letargo o negligencia frente a estos graves asuntos económicos puede resultar muy costoso. De las decisiones que se adopten (ojalá más pronto que tarde) depende el futuro próximo del país.

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