| 11/10/2016 12:00:00 AM

Editorial: Colombia, ¿compite?

En materia de competitividad Colombia no avanza a la velocidad que se requiere: según el más reciente Índice Global de Competitividad del Foro Económico Mundial, el país se encuentra en el lugar 61 entre 138 países y ocupa el quinto puesto en el ranking en América Latina, superado por Chile, Panamá, México y Costa Rica.

Pareciera que en materia de competitividad Colombia no avanza a la velocidad que se requiere: según el más reciente Índice Global de Competitividad del Foro Económico Mundial, el país se encuentra en el lugar 61 entre 138 países y ocupa el quinto puesto en el ranking en América Latina, superado por Chile, Panamá, México y Costa Rica.

Una década atrás estaba en la posición 63 entre 122 y también era el quinto mejor de la región.

La visión del país es convertirse, en un poco más de tres lustros –2032–, en el tercero más competitivo de América Latina, tal como lo ha planteado el Sistema Nacional de Competitividad, Ciencia, Tecnología e Innovación.

No hay duda de que Colombia –como lo advierte el reciente Informe de Competitividad 2016-2017 del Consejo Privado de Competitividad– ha avanzado en el camino correcto en varios aspectos, como el desarrollo de su mercado financiero, el despliegue de una mayor capacidad tecnológica y reformas macroeconómicas como la regla fiscal, que le han dado estabilidad a la economía y han sido reconocidas en el mundo. (Ver artículo Competitividad: ¿por qué no avanzamos, página 42)

También ha tenido importantes ‘victorias’ sociales, pues el ingreso por habitante se incrementó, la pobreza y la indigencia se redujeron de un modo pronunciado y, aunque no se han dado reformas estructurales, algunas decisiones –como una tímida flexibilización del mercado laboral que redujo los costos laborales no salariales– logró dinamizar la generación de empleo formal.

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Pero las preocupaciones están en unos pilares claramente identificados que no permiten mejorar la competitividad del país; de hecho, en algunos casos los indicadores parecen empeorar. Superar esos escollos y fortalecer esas áreas es una tarea de largo aliento.

El Informe del Consejo Privado de Competitividad advierte que, “pese al avance, es preocupante la fragilidad que muestra Colombia en lo relacionado con instituciones, educación, eficiencia de los mercados, infraestructura y sofisticación, pues estas debilidades afectan considerablemente la productividad nacional y la capacidad de las firmas para competir exitosamente en un mundo globalizado”.

Las cifras que entrega el estudio son dramáticas: en materia institucional, por ejemplo, Colombia pasó de la posición 79 a la 112 en la última década, quedando a la altura de países como Nigeria o Pakistán. Factores como la corrupción, la falta de independencia judicial, la carga regulatoria, el crimen organizado y el terrorismo explican este resultado.

La corrupción es considerada por el Foro Económico Mundial como uno de los factores más problemáticos en el país para hacer negocios.

En cuanto a la eficiencia de los mercados, el país pasó del puesto 64 al 90, consecuencia de factores como la estructura tributaria, que desincentiva la inversión, y barreras a la libre competencia.

Además, Colombia tiene un modelo de economía cuya apertura no crece, basado en vender al exterior materias primas y sin cambios sustanciales en su canasta exportadora. Sin contar con que logros que ha alcanzado –como la disminución de la pobreza y la generación de empleo formal– están siendo amenazados por la caída en la tasa de crecimiento potencial y la desaceleración de la economía.

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Por su parte, la inversión sigue con problemas, no solo por la carga tributaria, sino también por el impacto que tiene una infraestructura que apenas se está desarrollando, una fuerza de trabajo poco calificada y las dificultades para que las empresas que se ubican en el país se integren a cadenas globales de valor.

Estos llamados de atención llegan en un momento coyuntural, pues se ha generado una incertidumbre política frente a los acuerdos de paz, la reforma tributaria empieza a generar tensiones en el marco de las discusiones y la economía pasa por un proceso de desaceleración en el que la tasa de crecimiento para muchos estará cercana a 2%, pero cuya percepción negativa viene en aumento.

El más reciente estudio de Invamer trae datos que preocupan en la actual coyuntura: casi nueve de cada diez de los encuestados considera que el costo de vida está empeorando y 78% cree que la economía va por mal camino. Además, 80% asegura que la corrupción empeora y para 71% el desempleo no cede.

El mapa no puede ser más complejo. Sin embargo, como advierte el Consejo Privado de Competitividad, el país debe fortalecer estructuralmente su economía y facilitar que el sector productivo sea el gran motor del desarrollo nacional. “Esto permitirá crear oportunidades de bienestar y prosperidad en todos los rincones del país. Lograr esto tiene que ser un compromiso de todos”, señala el informe. A pesar de las dificultades y de los retos que genera el entorno, es hora de superar las trabas competitivas y darle un impulso a la economía del país. Llegó el momento de pasar de la bicicleta estática a la de carreras.

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