| 3/31/2016 12:00:00 AM

Editorial: Brasil

Catorce años después, Brasil atraviesa una crisis quizás peor que la del año 2002 y frecuentemente comparada en su intensidad con la de 1929.

En mayo de 2002, Luiz Inácio Lula da Silva, líder sindical y fundador del Partido de los trabajadores, pasó en las encuestas a José Serra, exministro del entonces presidente Fernando Henrique Cardoso y candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB); los mercados internacionales entraron en pánico.

Los “Brazil C Bonds”, los instrumentos de deuda brasilera más líquidos en ese momento, perdieron casi la mitad de su valor. Esto causó una parada súbita (sudden stop) en los mercados y el flujo de capitales hacia ese país se detuvo completamente. Colombia sintió el golpe en aquel momento, pues los TES tuvieron una enorme desvalorización y el sector financiero colombiano tambaleó. La tasa de cambio peso-dólar arrancó 2003 alrededor de los $2.950.

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Catorce años después, Brasil atraviesa una crisis quizás peor que la del año 2002 y frecuentemente comparada en su intensidad con la de 1929. Así que también hay que preguntarse cómo afectará esta nueva situación a Colombia.

El Fondo Monetario Internacional estima que la economía brasileña se contraerá 3,5% en 2016 y 0% en 2017. Una reciente encuesta entre los analistas económicos más importantes reveló que se espera que la inflación –actualmente alrededor de 10%– se acerque a 8% en 2016. Por su parte, el desempleo alcanzó 9,5% y sigue subiendo. Finalmente, la devaluación del real ha sido la más alta del mundo en el último año, al pasar de 2,25 reales por dólar en septiembre de 2014 a 4 reales por dólar a finales de 2015; hoy , gracias a la reciente recuperación de los mercados emergentes, ha pasado a 3,5 reales por dólar.

La crisis actual que padece el Brasil difiere mucho de las del pasado. Como lo señalaba el WSJ en un artículo reciente: “la situación es muy distinta… La mayor parte de la deuda está en moneda local.

Los bancos son sólidos y las divisas extranjeras son abundantes y ascienden a US$370.000 millones”. Esta crisis no tuvo como causa una interrupción en la entrada de capitales, una caída financiera o –como las llaman cuando ocurren simultáneamente– unas crisis gemelas.

En esta oportunidad, los problemas aparecieron por el lado del crecimiento económico: en 2014 Brasil creció 0% y en 2015, -3.8%. Durante varios años, el auge de las materias primas disimuló la falta de inversión y de reformas estructurales. Brasil invierte tan solo 17% del PIB (Colombia está cerca de 30% y China de 43%). Infortunadamente, el auge de las materias primas se gastó prioritariamente en programas asistenciales y en despilfarro, en vez de ser invertido. La inversión pública –federal y local– alcanza tan solo 2%.

De otra parte, el desplome del sector de materias primas destapó una verdadera “cueva de Rolando”. El escándalo de corrupción rodea a Petrobras, la estatal petrolera, a través de la cual se pagaron sobornos a importantes políticos y funcionarios. Las bajas han sido numerosas.

La cabeza del banco de inversión más grande del país, BTG Pactual, está en la cárcel, así como el presidente de Odebrecht, la principal constructora de esa nación. Por su parte, la presidente Dilma Rousseff tiene una popularidad de un dígito y enfrenta un proceso de pérdida de investidura en el Congreso y su respaldo político sigue cayendo. Incluso la prestigiosa revista The Economist publicó en la portada de su última edición una foto de la presidente Rousseff con el título “Tiempo de irse”.

¿Cómo afectará todo esto a Colombia?

En primer lugar es sorprendente la alta correlación que le adjudican los mercados a muchos de los activos de ambos países. Aunque durante la última década se ha hablado de decoupling –o sea, “distinción” entre los diferentes créditos–, a la hora de la verdad el peso y el real están en una misma canasta: ambas monedas se mueven en tándem y los credit default swaps (CDS) –o sea, los seguros contra una cesación de pagos de los soberanos– están sorprendentemente cerca.

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El CDS de Brasil se ubica en aproximadamente 465 puntos base comparados con los de Colombia, que están en 295 (o 1,7% más baratos) comparados con Perú, que está en 233, o México, en 236. Esto refleja que los administradores de portafolios internacionales todavía manejan a estos países en un mismo portafolio de mercados emergentes y que muchas veces toman las decisiones simultáneas y similares para ellos. Afortunadamente para Colombia, hasta el momento la crisis de Brasil ha sido más del sector real que de los mercados financieros internacionales.

Sin embargo, en el último año Brasil perdió su grado de inversión y desde entonces ha tenido varias bajas en su calificación crediticia. Así mismo, las mismas agencias calificadoras han amenazado a Colombia con una rebaja en su calificación si no llevan a cabo las reformas necesarias. Paradójicamente, la calificación de Colombia es actualmente la misma que tenía el Brasil hace un año.

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