| 5/29/2014 6:00:00 AM

El problema no es Piketty

El problema no es Piketty

Crecen las críticas contra Thomas Piketty, el autor del mayor best seller sobre Economía. Errores de cálculo calientan el debate mundial.

por Editorial

Mientras en Colombia todo el mundo tiene los ojos puestos en la segunda vuelta presidencial, en el resto del planeta el tema obligado es el libro del economista francés Thomas Piketty, El Capital en el Siglo XXI. Se trata del libro más vendido en el mundo, con un éxito arrollador a pesar de ser un tratado académico que presenta sus propuestas a lo largo de 696 densas páginas. Es el primer texto de economía que se agota en Amazon. Su tesis sobre la creciente desigualdad en el mundo ha despertado aplausos de varios premios Nobel de economía, como Joseph Stiglitz y Paul Krugman. De hecho, Piketty se ha ganado el apodo de ‘el nuevo Marx’.

En la última semana, sin embargo, el afamado economista ha estado en el ojo del huracán. Piketty volvió a acaparar las portadas de la prensa financiera mundial, pero ahora desde el banquillo de los acusados. Según el FinancialTimes, varios de los resultados que Piketty utilizó en su libro son errados. Como dicen los estudiantes, se pifió en las sumas. De acuerdo con la investigación de Chris Gales, editor del periódico inglés, el economista francés parece haber hecho mal algunos cálculos que son cruciales en su argumento.

“Se han cometido errores a la hora de transcribir los datos desde las fuentes originales, además se han utilizado fórmulas incorrectas… Hay poca evidencia en las fuentes que usó el profesor para mostrar el crecimiento de la riqueza de los más ricos”, dice el informe del periódico inglés. Un ejemplo de esos errores se refiere a los datos sobre Europa, que en realidad no muestran ninguna tendencia hacia el incremento de la desigualdad desde 1970.

Sin embargo, más allá de si Piketty se equivocó, o de los errores estadísticos que pilló el Financial Times, lo cierto es que la economía mundial presenta hoy una realidad que ni el más ciego puede desconocer: los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. No se requiere un tratado académico para apreciar lo que sucede en América Latina, donde las brechas de ingreso y riqueza se acrecientan de manera dramática cada día. Aquí ostentamos el título mundial a la mayor desigualdad, con un coeficiente Gini promedio de 0,51. Para que lo entendamos todos: en nuestra región cohabitan el hombre más rico del planeta, Carlos Slim, con 164 millones de pobres que constituyen la mitad de la población en estos países. Mientras Slim tiene una fortuna de US$69.000 millones, los que están debajo de la línea de pobreza viven con menos de US$4 al día.

En Estados Unidos la concentración del ingreso y la riqueza también viene aumentando. Aunque hablar de desigualdad en la tierra de la igualdad sigue siendo un tabú, cada vez está más claro que la riqueza aumenta para los más ricos y cae para el resto. Un reciente análisis del Centro Pew así lo confirma: entre 2009 y 2011 –los dos primeros años de recuperación económica tras la crisis– el valor promedio neto de los hogares creció en 28% en el caso del 7% más rico de la población; entre tanto, para el restante 93% de la población el indicador cayó en 4%.

Desde el sector privado, el Global Wealth Report (estudio global de la riqueza) del Credit Suisse Research Institute halló que el 10% más rico del mundo tenía 84% de la riqueza, mientras la mitad más pobre tenía solo 1%. Ese mismo estudio encontró que el 1% más rico tiene ya 46% de los activos mundiales. En cambio, el 50% de menores ingresos solo tiene el 1%.

Piketty no es un mentiroso. El ascenso de los súper-ricos y la caída de todos los demás es un hecho inocultable. La adopción de un impuesto global a la riqueza, una de las propuestas centrales de su libro, es un tema que debería ser discutido con toda seriedad. Es imprescindible la negociación de acuerdos internacionales que pongan límites en materia de propiedad intelectual, transacciones financieras, evasión fiscal, compras de armamento, narcotráfico y hasta contaminación ambiental. En todas estas esferas operan circunstancias que amplifican enormemente la acumulación de riqueza y la concentración de ingresos en muy pocas manos.

En el nivel de los países, es preciso que las naciones adelanten reformas tributarias profundas, orientadas a hacer efectivamente progresiva la recaudación. Para eso es fundamental la aplicación de impuestos directos en muchos países, particularmente en América Latina. Igualmente importante es la adopción de estrategias serias para limitar y revertir la informalidad imperante en repúblicas bananeras como la nuestra.

Ojalá que los dos candidatos a la presidencia de Colombia tomen atenta nota sobre esta discusión. Más allá de enfrentarse por la forma como se debe negociar la paz, deberían pensar en el pecado original que ha causado esta guerra: la apabullante desigualdad que ha existido en Colombia desde siempre.
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