| 1/22/2014 6:00:00 PM

Qué envidia

Colombia debe aprender del Ecuador cómo salir del atraso en materia de educación e infraestructura. 

Durante una semana, un equipo periodístico de la Revista Dinero viajó al Ecuador. Tres reporteros y un fotógrafo se dieron a la tarea de recorrer esa nación que ha logrado una profunda transformación, desconocida para la mayoría de colombianos. Fue una extensa jornada de viajes, entrevistas e investigación que sirvió para apreciar lo que se vive allí: un renovado ambiente de optimismo y confianza hacia el futuro, motivado por unos impresionantes avances en infraestructura y educación.

Después de hablar extensamente con actores del gobierno y los distintos sectores, pocos dudan en señalar como artífice del milagro al presidente de la República, Rafael Correa. Con una enorme determinación, Correa le devolvió la estabilidad política a un país que tuvo siete presidentes en diez años, logró la estabilidad económica y, lo más importante de todo, llevó a los ecuatorianos a recuperar su autoestima.

Hoy, los ecuatorianos ya no sienten envidia de los colombianos. Están orgullosos de tener un país que cuenta con autopistas, aeropuertos, hospitales, colegios y universidades que se parecen más a los de Suiza que a los de sus vecinos de América Latina. El crecimiento promedio de la economía ha bordeado el 5% durante los últimos cinco años, gracias a una inversión pública sin antecedentes y a un recaudo tributario que se ha triplicado en el mismo lapso.

La mayor virtud de Correa es su enorme pragmatismo. Tiene las prioridades claras y no se enreda en discusiones con grupos ambientalistas, ni sindicatos de maestros, ni ningún otro grupo de interés. Toma decisiones, aunque ellas generen escozor en ciertos sectores, con la premisa de buscar siempre el bien general por encima del individual. Mientras en Colombia un pequeño grupo de personas puede paralizar indefinidamente un proyecto que beneficiaría ampliamente a la mayoría de la población, en Ecuador los intereses particulares no frenan las iniciativas. Como lo dijo el propio Correa a Dinero: “El problema es que ustedes quieren darle gusto a todo el mundo y por eso terminan confundiendo democracia con unanimidad”, (ver página 50).

Claro que no todo es color de rosa en Ecuador. Hay preocupación por la creciente influencia de China, por la baja competitividad del sector privado y por el creciente déficit fiscal. De la misma manera, aunque nadie niega sus logros, el talante de Correa es criticado por autoritario y son bien conocidos sus enfrentamientos con la prensa.

El mayor nubarrón en el horizonte económico es la posibilidad de una baja en los precios del petróleo, actividad que da cuenta de la tercera parte de los ingresos externos del país. Sin duda, si Ecuador aspira a generar algún día ingresos sustanciales por fuera de la explotación petrolera, será indispensable cerrar la distancia que hoy separa a Correa de los empresarios. El gobierno tendría que ocuparse en crear una estabilidad en las reglas de juego para la inversión privada. Hoy los empresarios están preocupados por las medidas de Correa en materia comercial, especialmente en el tema de restricción a las importaciones, su lado más débil y vacilante.

A Correa le quedan tres años en el poder, durante los cuales deberá demostrar los mayores réditos de su apuesta sobre la infraestructura. Su reto es probar que carreteras, educación y salud son los cimientos de una transformación en la base productiva del país, que elevarían la competitividad de los sectores modernos de manufactura y servicios.

El camino está sembrado. Ecuador ha escalado 15 puestos en el índice global de competitividad bajo el gobierno de Correa, que contrastan vivamente con el pobre desempeño de Colombia, estancada en el mismo lugar durante los últimos siete años. Si en el futuro Correa logra que las relucientes carreteras ecuatorianas se llenen de camiones que transporten productos ecuatorianos, estaremos ante un fenómeno de alcances insospechados.

A muchos colombianos no les gusta Correa, pero nadie puede negar sus logros. Vale la pena actualizarnos, dejar la soberbia y mirar hacia Ecuador, porque ese país está acumulando resultados exactamente en los temas donde Colombia muestra sus mayores debilidades.

El pasado martes 21 de enero falleció Jorge Hernández, presidente ejecutivo del diario La República y miembro de la junta directiva de El Colombiano. Reconocido por su empuje y liderazgo, él fue uno de los baluartes en el desarrollo y consolidación de la información económica en Colombia. Dinero expresa a su familia y amigos, así como a nuestros colegas su voz de condolencia.
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