E-conomía

| 11/5/1999 12:00:00 AM

E-conomía

1999 será recordado como el año en que la revolución informática irrumpió con fuerza en la economía colombiana. Se han creado unas 200 empresas para explotar las posibilidades del comercio electrónico y las empresas dedicadas a comerciar, crear contenido, usar redes y a la consultoría ya han generado en Colombia un valor económico de US$1.000 millones. Esta nueva E-conomía tiene enormes implicaciones para la forma de hacer negocios y la política pública.



Las nuevas empresas de la E-conomía en Colombia están, en su mayoría, en manos de jóvenes, educados y con vocación global. Han tomado su impulso de otras empresas de tecnología, de universidades y de incubadoras empresariales. Han usado recursos propios. La remuneración de sus actores es más participativa que en cualquier otro sector. Esta creatividad y verdadera creación de riqueza ayudan a superar el síndrome de reestructuración corporativa de tomas y fusiones de empresas existentes, que ha dominado la vida reciente de los negocios. La E-conomía es un nuevo modelo de hacer negocios, que reta a nuestras empresas y abre enormes oportunidades a nuevos empresarios.



Ahora que se rescata la idea de hacer política industrial, la E-conomía debe estar en primer orden. Es la Information Technology Policy (ITP) que reclamaba Jeffrey Sachs. El país debe identificar e impulsar innovaciones con externalidades. Debe generar instituciones para movilizar ideas. Debe promover la creatividad y la asunción de riesgos. Un ambiente regulatorio positivo que facilite la innovación es esencial. La ley de comercio electrónico es muy útil, si se acelera su implementación. Debe eliminarse la barrera de entrada de uno de los precios más altos del mundo de acceso a internet. Pero una ITP ambiciosa requiere también educación, infraestructura, financiamiento y un nuevo ambiente tributario.



Ante la nueva E-conomía, la educación y la tecnología son mucho más importantes que en las últimas décadas. En la política educativa, hay que ir más allá de las habilidades básicas, si queremos evitar que la E-conomía sea una nueva fuente de desigualdad de oportunidades. Hay que sacar a la capacitación, a la ciencia y a las universidades de su actual postración. La infraestructura requiere un gran desarrollo, para fortalecer el backbone para integrarnos electrónicamente en el país y con el mundo. Esta infraestructura, por no menos de US$500 millones en pocos años, deberá combinar esfuerzos financieros públicos y privados.



La mayor innovación que requiere la E-conomía es, sin embargo, en la modalidad de financiamiento. Si salimos de la crisis financiera con el viejo modelo bancario de préstamos con garantías y nostalgia, no llegaremos muy lejos. Si algo enseña la E-conomía de Estados Unidos es el papel central del venture capital y de mercados de capital más orientados a la innovación y al riesgo. No solo de recursos nacionales sino de los US$4.000 millones anuales que se invierten en la E-conomía.



La E-conomía es, además, el mejor argumento para un viraje a la tributación. En lugar de extraer el ahorro de las empresas para gastos fiscales de dudosa productividad, como en el último año, ¿por qué no implantar en la nueva reforma tributaria estímulos verdaderos a la innovación empresarial, por ejemplo, con un paraíso tributario a la E-conomía para los próximos 10 años?



La E-conomía es la mejor oportunidad que tenemos hoy para cambiar nuestro panorama económico y social cerrado, concentrado y excluyente: ¿por qué no pensar en grande?
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