¿Dónde está el Presidente?

| 9/1/2001 12:00:00 AM

¿Dónde está el Presidente?

El llamado "plan de choque", presentado por el Ministro de Hacienda, Juan Manuel Santos, en la pasada asamblea de la Andi, ha dado lugar a unas reacciones positivas y también a otras cargadas de escepticismo. Primero, el lente positivo: el plan quiere concentrar bajo una sola bandera los esfuerzos del último año de un gobierno que ha sido poco efectivo en áreas críticas como la salud y la vivienda. Si el plan funciona, estaría despertando de su letargo una serie de iniciativas que se encontraban a medio camino. La ejecución del componente social del Plan Colombia, la entrega de los dineros ordenados en la reforma tributaria para el pago de deudas de entidades territoriales y las iniciativas en vivienda son temas que deberían estar en ejecución desde hace rato. Y el avance hacia una reforma laboral sería la mejor noticia para recuperar una perspectiva de largo plazo.



Sin embargo, la visión escéptica no puede ser eliminada de antemano. Si los elementos centrales del plan llevan años frenados en escollos burocráticos, ¿por qué habrían de avanzar ahora? Pero, además, la reforma laboral es una cosa si existe la intención decidida de llevarla a cabo y otra muy distinta si los actores se conforman con anunciarla para luego abandonarla a su suerte. Para el ministro de Trabajo, Angelino Garzón, la propuesta ha sido el vehículo perfecto para dejarse ver ante los empresarios como un hombre sensato. Fue el único miembro del gabinete que permaneció en el auditorio durante toda la asamblea de la Andi y fue el ministro que más aplausos recibió. Puesto que logró que la reforma laboral quedara condicionada al consenso con los sindicatos, Garzón se ha dado el lujo de quedar bien con todas las audiencias.



Por otro lado, la ocurrencia de un "plan de choque", justo cuando llega la misión del FMI a verificar el cumplimiento del acuerdo con Colombia, también llama la atención. La meta de déficit fiscal para este año es de 2,8%. Sin embargo, el gobierno ha propuesto ampliarla a 3,3%, para acomodar el cambio en la expectativa oficial de crecimiento (de 3,8% a 2,4%), que implica menor crecimiento de ingresos tributarios. Si el crecimiento de la economía no es de 2,4% sino, como lo espera Dinero, de 1,8%, el déficit fiscal será aún superior.



Para los analistas internacionales, lo más preocupante es que el actual gobierno parece estar olvidándose de la seriedad del problema y que la tendencia hacia el ajuste se está revirtiendo. Detrás del plan de choque, piensan, podría haber simplemente la intención de aflojar la llave del gasto para terminar el período presidencial bajo un sentimiento expansionista. Además, el cronograma de reformas estructurales está atrasado. Así, Colombia seguiría avanzando por la ruta (ya andada por Argentina) de una crisis monumental. El hecho de que Argentina siga recibiendo nuevos créditos del propio FMI no debería causar tranquilidad a los colombianos. Esos créditos se utilizan tan rápido como llegan. Terminan siendo usados por unos cuantos privilegiados para liquidar activos en moneda local y pasarse a dólares.



El gran problema del plan de choque y de la economía colombiana es la falta de credibilidad. El único que puede aclarar si hay un compromiso real con estas iniciativas y con el FMI es el presidente Andrés Pastrana. Pero él se abstiene de apoyar estos temas con todo su peso. El Presidente se mantiene al margen de la discusión, como dejando en claro que los costos del debate no son con él. Si el Presidente no aparece como una figura dominante en el escenario, la visión positiva no se va a materializar. Y... ¿dónde está el Presidente?
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