| 8/21/2009 12:00:00 AM

Dólar, vuelve la discusión

No hay ninguna razón que justifique la utilización de recursos públicos para cubrir el riesgo cambiario de las empresas privadas. En el mercado existen los mecanismos necesarios para manejar la volatilidad.

Cuando hace tres años se revaluó el peso, el Gobierno, ante el clamor de los exportadores (esencialmente floricultores y bananeros), asignó una partida de más de $1 billón para compensarlos por las pérdidas cambiarias, con el fin de evitar una reducción de empleos. En ese momento se argumentó que la revaluación había sido sorpresiva y rápida y, por lo tanto, las empresas no habían podido prepararse para ella.

En las semanas recientes, la revaluación ha regresado y los exportadores están buscando de nuevo al Gobierno para reponer sus pérdidas con recursos del fisco. Hoy, sin embargo, los empresarios no tienen cómo justificar el uso de dineros públicos para compensar su falta de preparación.

La revaluación del peso no es ninguna sorpresa, obedece a grandes tendencias de la economía mundial que están a la vista de todo el mundo. Con excepción del momento más agudo de la crisis financiera internacional, cuando el peso se devaluó fuertemente en unas pocas semanas, la revaluación ha sido una constante en las economías emergentes desde hace más de tres años. La tendencia básica indica que el dólar es una moneda débil en el entorno global.

Ahora bien, en medio de esa tendencia básica, se vive una gran volatilidad. La crisis financiera creó un pánico generalizado que llevó a los capitales internacionales a buscar la seguridad de los papeles del gobierno de Estados Unidos y eso fortaleció el dólar durante algunos meses. Sin embargo, en la medida en que la economía mundial ha retornado a una normalidad, se ha recuperado la confianza de los inversionistas, hay una mayor tolerancia al riesgo, los capitales han regresado a los países emergentes y sus monedas se han fortalecido. De esta forma, la revaluación del peso volvió a convertirse en el dolor de cabeza de exportadores y Gobierno. Hoy, sin embargo, no hay argumento posible que permita afirmar que la apreciación del  peso llegó por sorpresa.

Si la tasa de cambio actual causa pérdidas inmanejables a algunas empresas exportadoras, es hora de hacerse preguntas más profundas sobre el negocio. Los empresarios deben hacer un examen a conciencia de su situación. La primera pregunta es si sus empresas son viables con estos niveles de tasa de cambio. La segunda es si están permitiendo que las empresas sufran por no aplicar instrumentos que están a su alcance para manejar la volatilidad cambiaria.

Si el nivel de tasa de cambio en el cual la empresa es viable tiene bajas probabilidades de ocurrir en el escenario actual, es indispensable reconsiderar el negocio. Las empresas que están en esa situación deben hacer las inversiones necesarias para incrementar su competitividad. Si esa alternativa no existe, entonces deberían considerar la posibilidad de retirarse del negocio. En cualquier caso, asignar recursos del fisco no aporta nada a la solución y únicamente dilata la llegada del momento de la verdad, todo por cuenta de los contribuyentes. 

Por su parte, la volatilidad es hoy una constante. En la coyuntura actual, cualquier noticia puede disparar o derrumbar los mercados. Un dato de ventas al por menor en Estados Unidos inferior al esperado, o una caída en el índice de confianza del consumidor, son suficientes para tumbar las bolsas en el mundo entero en un día cualquiera. Al día siguiente, una buena cifra de inflación o de empleo produce el efecto contrario. Como resultado, las oscilaciones de un día a otro, o incluso en un mismo día, pueden llegar a ser de un 5% ó 10%. Es algo difícil de manejar si no se toman las medidas adecuadas.

Si la empresa es viable dentro de los rangos actuales de tasa de cambio, el problema es el manejo de la volatilidad. Los bancos han desarrollado herramientas de cobertura, desde forwards hasta sofisticados collares de opciones que las empresas pueden utilizar para manejar la volatilidad.  Los forwards son contratos mediante los cuales se fija el valor de la tasa de cambio a futuro, mientras los collares son combinaciones de opciones que permiten fijar la tasa de cambio en un rango. En los collares, el riesgo puede ser compartido con la entidad financiera, lo que permite reducir su costo. 

Sin embargo, muchas empresas se mantienen al margen de estas posibilidades porque las consideran demasiado costosas. Los empresarios creen a veces que el costo de estos instrumentos se pierde si la tasa de cambio no se mueve en la dirección que permite hacer efectiva la cobertura. Esto es similar a creer que la plata que cuesta asegurar una casa se pierde si no hay un incendio. Lo que una empresa compra con una cobertura es la tranquilidad de saber que el negocio será viable en medio de la volatilidad. ¿Cuánto vale esa seguridad en comparación con su aporte a la competitividad?

Pretender que la viabilidad de un negocio dependa de subsidios o ayudas del Gobierno no es sostenible ni equitativo. En la actual situación fiscal, sería un escándalo volver a girar unos subsidios como los que se entregaron a los exportadores hace tres años. Es hora de mirar de frente la realidad de las empresas y tomar las decisiones de fondo que se requieren sobre su viabilidad.

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