| 3/28/2008 12:00:00 AM

Dólar e inflación

Detrás de la inflación mundial está la desvalorización del dólar. ¿Qué tanto puede hacer el Banco de la República para combatir este flagelo?

Después de varios años de bajos precios internacionales, la inflación ha vuelto a hacer su aparición y tiene asustados a los banqueros centrales en el mundo. Los acontecimientos recientes han enredado el problema aún más, pues el desarrollo de la crisis financiera en Estados Unidos tiene un efecto claro en el incremento de la inflación. Para países como Colombia, el tema es preocupante pues se están reduciendo las opciones a su alcance para lograr las metas en materia de precios.

La presión inflacionaria internacional venía aumentando por cuenta de la pujante demanda que ha generado la incorporación de China e India a la economía global. El problema se agravó con la acelerada pérdida de valor del dólar en los últimos años.

La relación entre la desvalorización de la moneda de Estados Unidos y la inflación ocurre a través de varios canales. Por una parte, la baja del dólar contribuye al aumento de precios de los commodities. Dado que éstos se transan en su mayoría en dólares, suben de precio simplemente para mantener constante su valor en las monedas de los países productores. El veloz aumento de los precios del petróleo, por ejemplo, se explica en buena parte por la devaluación del dólar. De hecho, se estima que si el dólar hubiera mantenido su valor en los últimos 12 meses, el precio del barril de petróleo estaría en US$70 y no por encima de US$100, como ocurre actualmente.

De otra parte, los inversionistas que tenían sus inversiones en dólares han optado por salir de ellas y buscar refugio en los commodities, presionando aún más los precios.

El aumento de precios de los commodities se está trasmitiendo a los precios internos de los países por la vía de las importaciones, esencialmente de petróleo (y sus derivados) y también de los alimentos. Estos últimos suben de precio por la mayor demanda, por el efecto del dólar y porque en su producción y transporte se utilizan intensamente los derivados del petróleo.

Para defenderse de la inflación, los países están usando estrategias diversas. China está permitiendo una mayor revaluación del renminbi, en tanto que Kuwait optó por desligar su moneda del dólar. Los países de la zona euro e Inglaterra, liderados por sus respectivos bancos centrales, han decido mantener inalteradas las tasas de interés, a pesar de las implicaciones que esto pueda tener sobre el crecimiento.

Con la decisión que tomó recientemente la Reserva Federal, de servir como prestamista de última instancia para las entidades financieras en crisis, la situación se hace aún más complicada. El presidente de la FED, Ben Bernanke, ha sido muy claro en el mensaje de que evitará una catástrofe financiera a cualquier precio. Seguirá reduciendo los intereses e inyectando liquidez hasta lograr que el sistema financiero vuelva a operar. En otras palabras, ha dado luz verde a la emisión monetaria. Esto lleva a esperar una aceleración de la depreciación del dólar y una mayor presión de precios, que se sentirá en todos los países.

Esto pone a Colombia, donde las autoridades monetarias deberán tomar una nueva decisión sobre tasas próximamente, en una encrucijada.

Dado el contexto internacional, las posibilidades de acción son limitadas. La propia desvalorización del dólar es un fenómeno mundial que se debe aceptar como un hecho dado. Respecto a las tasas de interés, las opciones no son amplias. Un aumento de tasas tiene pocas posibilidades de frenar la inflación, dado el carácter internacional de ésta última. Una reducción tampoco serviría para frenar la afluencia de dólares al país, pues para compensar la carrera devaluacionista del dólar y deshacer el atractivo financiero de cambiar dólares por pesos, habría que hacer un recorte de tasas de una magnitud extraordinaria, que de todas formas resultaría en mayor inflación.

Hasta el momento, la Junta se ha movido en el camino correcto, pues ha subido las tasas de interés, pero no ha afectado el crecimiento. Es posible que la mejor opción hacia adelante, en el corto plazo, sea no hacer nada y darle un poco más de tiempo a las medidas ya tomadas para que operen. Si bien la presión inflacionaria internacional viene en alza, en el segundo semestre del año la inflación doméstica entrará en la parte descendente del ciclo, con lo cual las autoridades ganarán un margen de tiempo para verificar cómo se comportarán las variables críticas. Es necesario esperar un poco para ver cómo evoluciona la situación, confiando en que sea posible lograr el doble objetivo de crecer con un poco menos de inflación en este año.

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