| 10/31/2003 12:00:00 AM

Después del referendo

Como cualquier cita, la de los colombianos con el Referendo llegó y pasó. Ahora el país está en el guayabo o la euforia, dependiendo de quién se trate, pero todos se preguntan cuáles serán los efectos de que este proyecto no haya salido adelante, para el presidente Alvaro Uribe y para el país.

En cuanto a lo primero, el impacto es grande, aunque no era obligatorio que lo fuera. El Presidente invirtió su capital político en el Referendo y lideró el proyecto con ahínco, al punto de que el proceso terminó personalizado y se convirtió en un plebiscito sobre su gestión. Así, si el Referendo hubiera pasado, el triunfo para el Presidente habría sido enorme. Como no pasó, el fracaso del Referendo es el fracaso del Presidente y no de un proyecto del Presidente, como debería haber sido.

En cuanto al impacto para el país, salvo algunas excepciones, las reformas incluidas en el Referendo no eran sustanciales. Sin embargo, en lo económico el costo es elevado, tanto desde la perspectiva del monto de recursos que se habría podido ahorrar, como desde la perspectiva del tiempo y, más grave aún, de la confianza de los inversionistas.

Al sumar el impacto político sobre el Presidente con el impacto fiscal y la reducción de la confianza se aprecian las mayores consecuencias para el país. El Referendo no era una panacea y eso lo sabíamos todos. Sin embargo, la aprobación de los puntos económicos permitía dar un paso importante hacia el saneamiento de las finanzas públicas y el sostenimiento de la deuda, lo que sin duda facilitaba el camino. Habrá que buscar otras maneras, incluyendo otra reforma tributaria y una mayor reducción del gasto. Y ahora es crítico tener éxito, pues entre los factores que van a ser evaluados en los mercados internacionales aumentará el peso asignado a la capacidad política del presidente Uribe para ajustar la economía.

El Referendo no fue aprobado y el gobierno tendrá que salir pronto con un plan B para los puntos económicos, pues el camino hacia la corrección del desequilibrio fiscal hay que recorrerlo. En los días anteriores al Referendo, entre las muchas razones que el presidente Uribe presentó a la opinión pública estaba la del riesgo de que Colombia pudiera sufrir la misma suerte que Argentina. No está equivocado. Bajo el supuesto de que el Referendo pasaba, la magnitud de la reforma tributaria que el gobierno tenía previsto llevar al Congreso era de 2,7% del PIB. Ahora esta será al menos de 4% del PIB, con un impacto importante sobre la inversión y el consumo. Muchos en el país creen que el tema fiscal se ha convertido en una cantaleta. Pues ahora sí que se va a convertir en una megacantaleta, pues no hay alternativa diferente a solucionarlo.

Aún así, el gobierno tendrá que hacer una reducción significativa del gasto, la cual empezará con un decreto para la congelación de los salarios públicos. Pero, ahí no pararán las cosas. Necesariamente se tendrá que llegar a una nueva reforma constitucional que modifique la manera como se asignan las transferencias, ya que el Acto Legislativo 012 se quedó corto en el propósito de reducir su costo para el gobierno central.

Con todo esto, volvemos al escenario de la política. Con su voto en el Referendo del 25 de octubre, los colombianos decidieron devolver la decisión de la solución fiscal al Congreso. Estamos en sus manos.
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