| 8/17/2011 6:00:00 PM

Desenlace fatal

La falta de liderazgo en Estados Unidos y Europa terminará por llevar al mundo entero a una nueva recesión.

En medio de la tormenta desatada por la rebaja en la calificación de la deuda gringa, Barack Obama inició la campaña para buscar su reelección como presidente de Estados Unidos. El 15 de agosto, Obama arrancó una gira por Iowa, Illinois y Minnesota, tres estados donde ganó las presidenciales de 2008, pero que ahora corre el riesgo de perder. Con un desempleo que supera el 9%, un índice de aprobación de apenas 39%, una incapacidad demostrada para manejar las minorías radicales en el Congreso y una economía que va camino a una nueva recesión, sus probabilidades de permanecer en la Casa Blanca lucen cada vez más complicadas.

La desilusión generalizada frente a la figura de Obama se va a sentir en las elecciones de 2012. Su falta de liderazgo le está haciendo perder votos en la que fuera su gran fuerza electoral: jóvenes menores de 30 años, afroamericanos e hispanos. Esos tres grupos son, precisamente, los más golpeados con la actual crisis económica y política en Estados Unidos. Los jóvenes, por la falta de empleo. Los afroamericanos, porque la era de Obama ha servido para ampliar las tensiones raciales en lugar de reducirlas. Y los hispanos, por la falta de una reforma migratoria que legalice la situación de los indocumentados (una de las promesas de Obama en la pasada campaña).

El problema no es la crisis. Muchos presidentes antes de Obama han pasado por situaciones muy difíciles y han sabido capitalizarlas en su favor. Obama no tiene idea de cómo lograr lo mismo. Cuando Bill Clinton enfrentó la dura crisis presupuestaria entre 1995 y 1996, sus índices de aprobación pasaron de 40% a 54%. Ese aumento de 14 puntos contrasta con la brutal caída de Obama, quien de acuerdo con la última encuesta de Gallup pasó de 55% de aprobación en mayo pasado a 39% en julio.

Para Clinton, la crisis fue la oportunidad de mostrar su fortaleza. Se batió ante los Republicanos como nunca y defendió su posición desde todos los ángulos posibles. Obama, por el contrario, cambia de postura con enorme facilidad, hasta el punto de que nadie puede entender qué es lo que realmente está buscando o dónde están sus convicciones.

El reciente debate sobre el techo de la deuda es un buen ejemplo. Primero, Obama dijo querer un aumento del techo de la deuda sin ningún compromiso de orden presupuestal. Luego, estuvo de acuerdo con hacer algunos recortes, siempre y cuando fueran en temas menores. Después, accedió a podar algunos gastos más grandes, pero acompañado de la suspensión de los beneficios tributarios a los más ricos. Finalmente, abandonó todo lo anterior y lo único que pidió fue no volver a tocar el tema del techo de la deuda hasta después de las elecciones de 2012.

Para los votantes gringos, la posición “conciliadora” de Obama no es más que un sinónimo de debilidad. A diferencia de Clinton, que se aferró a sus convicciones hasta el final, Barack Obama cambia de posición de un día para otro. La lectura que hacen los mercados es falta de liderazgo. Más de uno desearía que Hillary Clinton estuviera en la Casa Blanca en su lugar.

La falta de liderazgo no es solamente problema de Estados Unidos, se repite también en Europa. La crisis de la Eurozona se ha visto agravada por el débil e indeciso liderazgo de Merkel y Sarkozy. Su demora en tomar decisiones de fondo respecto a Grecia y Portugal les está saliendo cara, no solo a los países de la periferia afectados por excesos de deuda, sino también al resto de economías de la zona.

Sin liderazgo es difícil imaginar un buen desenlace para este berenjenal en el que anda metida la economía mundial. La falta de coordinación entre los líderes de Estados Unidos, Alemania, Francia e Inglaterra fue algo que ya vivió el mundo en los años 30 y que desembocó en la prolongadísima recesión mundial de esa década. Algo similar parecería estar ocurriendo en este momento. El mundo está a la deriva, en medio de una brutal tormenta de la economía global, pero no hay nadie que parezca capaz de comandar el barco. ¿Sálvese quien pueda?
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