| 9/10/1999 12:00:00 AM

Desafíos regionales

Una de las grandes paradojas de los 90 es que mientras los gobiernos hablaron incansablemente de reducción del Estado, descentralización y apertura económica, las cifras muestran que pasó exactamente lo contrario: el gasto público, Bogotá y la producción de bienes no transables fueron los que más crecieron.



La evidencia reciente sugiere, sin embargo, que, sorprendentemente, comienza a gestarse un cambio de rumbo en la configuración regional de nuestra vida económica. La expansión del consumo y de la producción de servicios en la capital se financió con deuda pública y privada, que ahora pesa sobre su economía el doble que en cualquier otra región del país. La amenaza sobre las economías regionales ha despertado en la Costa Caribe, Cúcuta o Medellín un activismo empresarial como hace muchos años no se veía. El capital social, que permite la interacción pacífica y la cooperación productiva de la población, se ha desarrollado más en provincia que en las grandes ciudades. Pero, sobre todo, es el paulatino e irreversible desplazamiento del motor de la economía hacia el sector exportador el que genera las mayores oportunidades para las regiones. Si las exportaciones se duplicaran, en pocos años el crecimiento económico de las regiones duplicaría al de la capital del país, revirtiendo las anómalas tendencias de los 90.



En el nuevo siglo, las exportaciones y la descentralización económica podrían, pues, ir de la mano. La economía, la geografía y la sociedad apuntan ahora en la misma dirección. Ello invita a cambiar los términos del debate sobre los instrumentos y los actores para impulsar nueva vida de las regiones.



Al tiempo que la competitividad se abre paso como la mayor prioridad económica del gobierno nacional, ya es hora de superar un esquema de descentralización basada en crecientes burocracias locales alimentadas por recursos de la Nación. Ya está pasando la época del clientelismo y la corrupción en muchas ciudades y regiones, así como la vana ilusión del gasto descentralizado como motor de su vida económica. El gobierno debería descentralizar institutos nacionales como el Sena, el ISS y el ICBF hacia los empresarios, los trabajadores y las comunidades organizadas, a las cuales también deberían transferirse las empresas de servicios públicos y sociales. La vida regional se reanimará con mayor responsabilidad y autonomía fiscal local: recortando gasto y con esquemas tributarios que promuevan la inversión privada y el empleo.



Pero, aun con los incentivos macro y microeconómicos adecuados, la verdadera descentralización económica sólo será posible con el concurso activo de los empresarios en la búsqueda del futuro de sus regiones. Los esfuerzos de los empresarios paisas y del Caribe, y también de muchos otros, mediante las Cámaras de Comercio, los Carces o fundaciones empresariales, ya están comenzando a dar sus frutos. Son dignos de ser imitados.



Sólo con economías regionales fuertes y competitivas internacionalmente, con clara delimitación de competencias y responsabilidades con la Nación, con administradores públicos eficientes y honestos, con empresarios visionarios y líderes de su entorno, el país podrá superar la fallida descentralización de los 90 y construir los Estados Unidos de Colombia en el nuevo siglo.
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