| 2/5/2010 12:00:00 PM

Demanda de alimentos y oportunidades

El aumento en la demanda de alimentos en el mundo es una gran oportunidad para el sector agroindustrial colombiano. Por eso debe ser una estrategia de país.

Mientras el mundo debate acerca de la creciente demanda mundial de alimentos y las transformaciones que ella implica en el entorno de los negocios, en Colombia el debate agrícola es dominado por los intereses preelectorales. Poco se habla de planes para convertir el campo colombiano en la despensa del mundo.

Entre los múltiples temas que se discutieron en Davos con ocasión del Foro Económico Mundial, el de la creciente demanda de alimentos tiene particular importancia para Colombia. El aumento de la población mundial y el crecimiento económico, en particular en los países emergentes, transformará la demanda global de alimentos. Se estima que para el año 2030 la población mundial llegará a 8.300 millones de personas. Cada individuo comerá 45 kilos de carne al año, el doble del promedio de 1965, y el consumo anual de aceite alcanzará los 105.000 millones de toneladas. Para 2050, la población habrá aumentado en otros mil millones de habitantes y la demanda de alimentos se habrá duplicado.

Alimentar al mundo en ese futuro cercano impondrá grandes retos a la economía global y generará fuertes tensiones. Para Colombia sería una oportunidad extraordinaria, dado su enorme potencial agrícola. Sin embargo, en nuestro país parecería que este fuera un tema secundario, que puede esperar mientras se debaten otras cosas más urgentes.

El tema agrícola debería ser importante en la campaña electoral y no solamente por la discusión del Agro Ingreso Seguro, sino por las propuestas que los candidatos tendrían que estar haciendo a los ciudadanos sobre la estrategia agroindustrial de largo plazo.

Es preciso trabajar a lo largo de toda la cadena de alimentos. Para ello se requiere no solamente hablar de tierras y su adecuación, sino de inversión en innovación tecnológica en el campo, semillas de alto rendimiento y fertilizantes, vías de acceso a los mercados, manejo post cosecha para reducir las pérdidas, gestión de redes estratégicas y acceso a recursos de financiación, entre otros temas. Para aprovechar las oportunidades que trae el aumento de la demanda mundial de alimentos se requiere de un plan estratégico de mediano y largo plazo, coordinado desde la Presidencia de la República, que involucre a los actores centrales en el problema. De todo esto se está hablando poco.

 Las tendencias en el negocio de los alimentos plantean un gran reto empresarial para el país. La demanda global por alimentos se expandirá en forma acelerada, pero al mismo tiempo los consumidores estarán cada vez más informados y presentarán niveles de exigencia sin antecedentes.

 Una encuesta reciente realizada a consumidores en distintos países, cuyos resultados fueron presentados en el Foro, mostró de manera contundente la preferencia por productos sostenibles y la creciente obsesión de los consumidores por conocer la procedencia de los productos, la manera como son producidos, el tamaño de la huella de carbono que dejan, su impacto sobre la sostenibilidad y las prácticas laborales involucradas en los procesos de producción. La trazabilidad de los productos como parte de la responsabilidad de las empresas es hoy estándar del mercado internacional. Los países o las empresas que no estén a la altura de estas nuevas reglas del juego serán relegados en el mercado, o incluso desaparecerán.

Otro aspecto muy interesante de este nuevo consumidor es la creciente participación de la mujer en las decisiones de compra de los hogares. Las mujeres siempre han tenido gran incidencia en las decisiones de compra de alimentos, pero ahora se trata de un consumidor más educado, más exigente, con mayores ingresos y que se mantiene permanentemente informado gracias a la tecnología.

Colombia tiene que levantar su mirada hacia el mundo y aprender cómo moverse en el nuevo mercado agroindustrial del planeta. Para lograrlo, hay que planear y ejecutar. Así lo han hecho países como Brasil, Australia, Nueva Zelandia e Israel, que derivan buena parte de sus ingresos de las ventas de alimentos al resto del mundo. El potencial de Colombia en este tema es magnífico, pero se requiere entender el tema como un gran proyecto de país. Nos falta mucho para estar allí.

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