| 5/16/2014 6:00:00 AM

El bazar de los idiotas

Es increíble que los colombianos vayamos a elegir Presidente sin haber presenciado un solo debate entre los candidatos.

Al pueblo, pan y circo. Eso es lo que está sucediendo con la campaña presidencial en Colombia: complots, zancadillas, chuzadas, hackers, presuntos pagos de narcotraficantes y una enfermiza guerra sucia informática. Todo un novelón de sexo, drogas y rock and roll que da taquilla para la prensa amarilla, pero que deja sin espacio lo único que verdaderamente importa en una contienda política: la discusión de las ideas. La ausencia absoluta de debates está dando paso a una disputa basada en chismes y calumnias, con total carencia de propuestas y conceptos. ¿Cómo es posible que los colombianos vayamos a elegir Presidente sin haber visto ni un solo debate entre los candidatos?

Es lamentable que una campaña en las que participan personas que son expertas en temas de hacienda pública, comercio, desarrollo urbano, seguridad, política exterior, vivienda y empleo, tenga unos candidatos que se niegan a participar en un debate televisivo para intercambiar ideas alrededor de estos temas. ¿A qué le temen tanto los candidatos en Colombia? ¿A caer en las encuestas? ¿A perder en una controversia televisiva? ¿A hacer el ridículo frente a la opinión pública? ¿Es inseguridad frente a los planes de gobierno propuestos? o ¿es temor a que sus ventajas en las encuestas se desvanezcan?

Los debates entre candidatos presidenciales son la norma en las democracias del mundo. Entre los países que se destacan por sus debates presidenciales sobresale sin duda Estados Unidos, donde esta tradición se remonta a más de 150 años, cuando se enfrentaron los senadores Abraham Lincoln y Stephen Douglas. Años después tuvo lugar allí el primer cara a cara televisado de la historia, cuando Richard Nixon y John Fitzgerald Kennedy se enfrentaron ante 70 millones de espectadores. Un Nixon sudoroso y desencajado forcejeó durante más de media hora con un Kennedy carismático y bronceado, tras lo cual el veredicto de los votantes fue contundente.

Si bien en Estados Unidos no hay ley que obligue a los candidatos presidenciales a debatir, toda la atención de la campaña se concentra en los tres debates televisivos que religiosamente tienen lugar: economía, política exterior y política doméstica. Como si fuera poco, hay un cuarto debate entre los aspirantes a la vicepresidencia.

En Francia los debates se iniciaron en 1974, con el encuentro entre los entonces candidatos Valéry Giscard D’Estaing y François Mitterrand. Desde entonces, todos los candidatos a la presidencia de Francia se han enfrentado en debates televisados, con la excepción única de Jaques Chirac, quien se negó a debatir con Jean-Marie Le Pen en 2002.

También se llevan a cabo estos encuentros cara a cara en Alemania, Reino Unido, Suecia, los Países Bajos, Canadá, Chile, Paraguay, Brasil, Costa Rica, Perú y Uruguay, entre otros. Desde 2005, Colombia tiene previsto en su ley electoral que durante la campaña presidencial se realicen tres debates de hasta 60 minutos cada uno, pero esta vez no ha habido ni uno.

Los debates aportan contenido a la campaña electoral y brindan a la sociedad la oportunidad de comparar a los candidatos en un ambiente homogéneo. No existen estudios confiables respecto al grado en el cual realmente influyen para ganar o perder una elección, pero sin duda sirven para que los procesos electorales sean más transparentes, justos y competitivos. Todos los países que se caracterizan por la tolerancia y la apertura política celebran debates presidenciales.

La ausencia de debates en Colombia está contribuyendo a la degradación de la contienda. Lo que prevalece ahora es el intercambio de insultos en 140 caracteres vía tuiter, el uso de mensajes burlescos en las redes sociales, la creación de hashtags maliciosos. Los jefes de debate han sido reemplazados por hackers autodidactas expertos en campañas sucias, que a través de noticias falsas lanzan descarnados ataques contra el bando contrario. Acá no importan las ideas ni los conceptos. Basta con tener un ‘Tweet Deck’ para poder crear docenas de cuentas y retuitear lo que se quiera.

En medio de la ausencia de debates, es particularmente grave el olvido en que ha caído la discusión sobre el futuro de la economía. Colombia está registrando un cambio de signo en su perspectiva económica, el cual obligará al nuevo gobierno a acometer un esfuerzo extraordinario para mantener unos niveles de crecimiento cercanos a los de los últimos años.

Los candidatos tienen la obligación de dar un debate abierto sobre este y otros temas. No podemos aceptar que quien ciña la banda tricolor el próximo 7 de agosto no haya pasado por un solo debate televisivo.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?