| 9/17/2004 12:00:00 AM

De regreso a la OIC

Aunque el reingreso de Estados Unidos a la OIC no va a llevar a un pacto de cuotas, sí podría estimular el comercio justo (fair trade) de este producto en el mundo.

Después de quince años de haberse retirado de la Organización Internacional del Café (OIC), Estados Unidos acaba de anunciar que volverá a ser miembro de esa entidad. Para llegar a esta decisión fue básica la insistencia de la industria torrefactora de ese país, que ve en la incorporación de Estados Unidos a la organización una manera de asegurar un flujo estable de cafés de diversos tipos. Las mezclas son muy populares en este mercado, que compra el 25% del café del mundo, y el acceso a un suministro variado es un factor crítico en el negocio.

La decisión se produjo después de varios meses de negociación, en los que Estados Unidos puso como condición para su reingreso la eliminación de la Resolución 407, que establecía controles de calidad a la exportación de café en los países productores, como mecanismo de limitación de la oferta para lograr mejores precios. La OIC trabajó por el restablecimiento del Pacto de Cuotas desde su ruptura en 1989, pero con la decisión que acaba de tomar ha puesto fin a esta pretensión. En otras palabras, la OIC se ha declarado a favor del mercado libre.

¿Qué podría cambiar para los cafeteros del mundo, entonces, con el reingreso de Estados Unidos a la organización? La respuesta es muy poco, en términos del mercado. Detrás de esta reincorporación está un tema político. Los presidentes de los países productores insistentemente han culpado a Estados Unidos por su falta de apoyo a la solución de la crisis cafetera. Algunos, entre quienes está el presidente Álvaro Uribe, incluso atribuyen el aumento en los cultivos ilícitos a los bajos precios del café. Este es un cargo del cual los estadounidenses no quieren ser culpados, más aún cuando se ha insistido en que ahí está la fuente del terrorismo.

La posibilidad de un nuevo pacto cafetero es prácticamente nula, pero la presencia de Estados Unidos sí puede estimular el desarrollo de un comercio justo para el café. Este concepto está tomando fuerza política en el mundo: retribuir a los productores con un precio justo que les permita vivir dignamente, para preservar así el cultivo de café en el mundo.



LA EDICIÓN ESPECIAL

En esta edición, Dinero ofrece a sus lectores un ameno repaso de los últimos 150 años de historia empresarial colombiana. Estamos rodeados por empresas conocidas por todos, como Carvajal, Carulla, el Banco de Bogotá, Manuelita, Colombina y otras más, pero rara vez nos preguntamos por qué están ahí o de dónde salieron. Damos por sentado que su existencia es algo natural y muy pocas veces nos detenemos a ver qué hay detrás de ellas. Ese es el ejercicio que hemos hecho en este número de la revista.

A través de la historia de las empresas, podemos entender por qué somos como somos. El desarrollo del país ha sido forjado por los empresarios y las empresas, mientras que los patrones de consumo expresan las grandes tendencias de la sociedad. Las dinámicas que explican el estado de cosas en Colombia no pueden entenderse sin estudiar de cerca nuestras organizaciones empresariales.

Esta mirada al pasado rescata a un personaje de importancia mayúscula en el desarrollo de Colombia: el empresario. En el origen de cada gran empresa hay siempre un gran individuo, alguien que tuvo el empuje para volver realidad un sueño en el que creyó en un momento determinado. El fundador deja impresos un carácter y una filosofía en la organización, que perduran incluso más allá de su muerte. Es una especie de ADN que queda fijo en todos los aspectos de la organización y se deriva de la visión y el legado del fundador. El mantenimiento de esta visión esencial como algo vivo y tangible es el factor que diferencia las empresas que logran sobrevivir generación tras generación. Con esta edición, Dinero quiere ofrecer un homenaje a los forjadores originales de las empresas colombianas, los creadores de empresa del pasado, el presente y el futuro.
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