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| 4/3/2013 6:00:00 PM

De maduro a podrido

Maduro ganará las presidenciales del 14 de abril, pero saldrá perdedor ante los retos que vienen después. La revolución bolivariana morirá por falta de plata para financiarla.

por Editorial

El mundo entero está pendiente de dos temas por estos días. Uno, el 'estado de guerra' de Corea del Norte y una posible confrontación bélica con Estados Unidos. Dos, las elecciones presidenciales en Venezuela, programadas para el próximo 14 de abril. La campaña electoral venezolana –la más corta de la historia— está como para alquilar balcón. No despierta interés por la expectativa frente al resultado, pues todos sabemos cuál será, sino porque la acelerada pérdida de categoría de la contienda política venezolana supera la capacidad de asombro de cualquiera.

En lugar de hablar de propuestas, ambos contrincantes se dedican a insultarse todo el tiempo. Hipócrita, fariseo, ignorante, mentiroso, calumniador y heredero de Hitler, son algunas palabras memorables en una campaña que hace rato pasó de grosera a grotesca. Atrás quedaron los días en los que el intercambio de ideas podía hacerse de manera civilizada en Venezuela. Ahora la historia del Palacio de Miraflores se escribe con insultos, injurias, ultrajes y calumnias.

El hecho de fondo es que Nicolás Maduro va a ser elegido para el periodo 2013-19. Así lo indican las últimas encuestas, que apuntan a una victoria aplastante del heredero de Hugo Chávez. Según un sondeo de la firma IVAD, Maduro reúne 53% de la intención de voto contra 30% de su contendor. Según la encuesta de Hinterlaces, Maduro tiene 55% de intención de voto, contra 35% a favor de Capriles. Ambas investigaciones muestran una realidad inocultable: 60% de los venezolanos piensa que Maduro saldrá electo mientras solo 22% cree que lo será Capriles.

Maduro va a ganar y su plato fuerte será el mismo de Chávez: más subsidios. Subsidios en salud, educación, comida, vivienda, energía y gasolina. Sin embargo, Maduro no tendrá la plata que tuvo Chávez. Así como es cierto que Chávez creó, lubricó y usufructuó el modelo, lo es también que Maduro presidirá su eclipse y fracaso definitivo. La diferencia está en que Pdvsa ha entrado en caída libre y no podrá volver a ser la jugosa vaca de ordeño que financió la popularidad del régimen en los tiempos de Chávez.

Y es que la petrolera estatal venezolana está hoy en el peor de los mundos. De un lado, sufre graves problemas operativos en sus áreas de producción, con un sistema de refinación local deficitario que la obliga a comprar combustibles para satisfacer el suministro del mercado interno. De otro lado, tiene una deficiente ejecución de los proyectos de inversión que están en la faja del Orinoco, donde reposa la mayoría del petróleo venezolano.

En el trasfondo está la grave crisis financiera por la que atraviesa Pdvsa. Prueba de ello es la humillante suspensión de servicios por falta de pago por parte de la multinacional Schlumberger, la firma de servicios petroleros más grande del mundo. Pdvsa podría deberle a Schlumberger entre US$565 millones y US$ 1.140 millones, según Kurt Hallead, un analista de RBC Capital Markets con sede en Austin, Texas.

Hoy Pdvsa ni siquiera puede otorgar garantías suficientes para desarrollar sus proyectos de refinación en el exterior. Así quedó en evidencia en Brasil, en la construcción de la refinería José Inacio Abreu De Lima, donde va en sociedad con Petrobras. A pesar de los múltiples intentos que ha hecho Venezuela por concretar los desembolsos que le corresponden por 40% de las acciones, ha sido imposible que la banca que financia el proyecto acepte las garantías financieras que entrega a cambio Pdvsa. Si en las próximas dos semanas Pdvsa no pone sobre la mesa unos US$6.800 millones, tendrá que salirse del negocio y dejarle el camino abierto a los brasileros para que busquen otro socio.

El deterioro de la industria petrolera venezolana tendrá incontables efectos sobre la gobernabilidad del presidente Nicolás Maduro. El primero se verá en la política internacional, pues ya no habrá petróleo para financiar piñatas y travesuras más allá de las fronteras. Acuerdos como el de Cooperación Integral con Cuba y Petrocaribe son insostenibles. Venezuela le dirá adiós a la regaladera de petróleo a Cuba y Nicaragua.

El segundo efecto, y el más duro, se verá en el frente doméstico. La crisis económica exigirá la aplicación de más y mayores medidas de ajuste interno que debilitarán seriamente su popularidad. Encima se le vienen nuevos ajustes cambiarios, mayores impuestos, aumentos del IVA, la gasolina y los precios de la energía. El pueblo venezolano, tan acostumbrado a lo regalado, no tolerará el apretón.

El legado que le dejó Chávez a Maduro en materia petrolera es la bomba de tiempo que acabará con la revolución bolivariana. Chávez usó el petróleo para la política y no hizo una política para el petróleo. Esta será la herencia definitiva de Chávez, que acabará por hundir a Maduro y a la izquierda venezolana.

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