| 8/22/2003 12:00:00 AM

De los bonos del Tesoro a los yankees y a los TES

En su reunión del 12 de agosto, la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos decidió mantener las tasas de interés de corto plazo en su actual nivel de 1%. La explicación oficial: todavía no hay señales claras respecto a que la economía de ese país haya entrado en una fase de recuperación permanente. Para los directivos de la entidad, el desfase entre el crecimiento económico actual y el potencial está llevando a que las cifras de desempleo sigan creciendo, lo cual es preciso evitar a cualquier costo.

Ante la preocupación por el empleo, la motivación real tras esta decisión del presidente del Fed, Alan Greenspan, era calmar a los mercados de bonos y en particular al de los bonos del Tesoro de Estados Unidos, papeles que han venido perdiendo valor rápidamente.

Una serie de declaraciones de Greenspan en el último mes tuvo un efecto negativo sobre los precios de los bonos del Tesoro. El presidente del Fed primero dio a entender que compraría bonos del Tesoro con el fin de evitar una caída en su precio y el consecuente aumento en su tasa de interés, que podrían afectar la incipiente recuperación de la economía estadounidense. Posteriormente, manifestó que ya no haría tal cosa, pues la recuperación podría traer inflación. Esto generó confusión y llevó a los inversionistas a liquidar sus posiciones en bonos del Tesoro, induciendo una caída de sus precios y un aumento en su rendimiento de más del 40% en un solo mes.

La reciente medida del Fed no produjo el efecto deseado y la venta de bonos siguió, con el consecuente aumento en las tasas de interés. Los mercados, simplemente, no le están creyendo a Greenspan y están adelantándose a posibles alzas en las tasas de corto plazo.

Lo grave de esto es que el aumento en las tasas de interés de los bonos del Tesoro lleva a un encarecimiento del crédito en general, puesto que la gran mayoría de los papeles de deuda utiliza la tasa de estos bonos como referencia. Así, una colocación de papeles de deuda colombiana en este momento tendría un costo mucho más elevado que la que se llevó a cabo hace algunos meses. De otra parte, la caída en el precio de los bonos del Tesoro, así como en el resto de bonos, desestimula la inversión en ellos y, por tanto, conduce a un aumento de los spreads, lo cual no sería bueno para Colombia si quisiera optar por colocar deuda.

Los acontecimientos recientes en los mercados externos de crédito cobran particular importancia en este momento, cuando se tienen tantas dudas sobre la financiación del Presupuesto Nacional para el año 2004.

Si las fuentes de financiación del déficit previstas fallan o son insuficientes, como se teme, los recursos tendrían que venir de mayor endeudamiento, ya sea interno o externo. Esto, sin duda, pondría más presión sobre las finanzas públicas. Mientras que el endeudamiento externo es más costoso, el interno limita el acceso a recursos por parte del sector privado y encarece las tasas de interés, haciendo más costosa la recuperación.

Bajo estas condiciones, lo mejor es que los colombianos dejemos de decirnos mentiras y nos ajustemos a nuestras capacidades. Lo cierto es que plata no hay, y no va a salir de la nada. Por tanto, hay que limitar los gastos y ajustarlos a los recursos disponibles sin generarle más sobrecostos al país.
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