Cuatro años más tarde

| 4/5/2002 12:00:00 AM

Cuatro años más tarde

El gobierno del presidente Pastrana está por terminar y el balance en materia económica es muy pobre, pues la arquitectura macroeconómica del país es aún más frágil que cuando empezó. Algo se avanzó en sacar adelante parte de las reformas necesarias, especialmente durante los dos últimos años, pero no lo suficiente como para despejar el panorama. Es cierto que las tasas de inflación e interés están bajas y la tasa de cambio permanece inmóvil en medio de diversos choques externos, pero estas tendencias son triunfos vacíos cuando, por un lado, no se traducen en mayor producción y empleo para los colombianos y, por otro, se sabe que en cualquier momento pueden desaparecer por efecto de la bomba de tiempo creada por el manejo irresponsable del gasto y la deuda pública de la última década.



Un crecimiento económico de 1,56% en el año 2001 y una tasa de desempleo que bordea el 19% no pueden ser materia de orgullo para ningún gobierno. En ambos frentes, prácticamente, batimos el récord entre todos los países latinoamericanos.



El gasto creciente, el bajo crecimiento económico y la falta de un compromiso decisivo con la agenda de reformas llevaron a la calificadora de riesgo Moody's a cambiar la perspectiva de la calificación de Colombia, de estable a negativa, el 27 de marzo. A juicio de esta entidad, la falta de acción en todos los frentes ha elevado el riesgo de que Colombia incumpla los compromisos del pago de su deuda externa en el mediano plazo. Más temprano que tarde, el efecto de esta modificación se empezará a sentir en los precios y spreads de los papeles colombianos en el exterior, lo cual no es una buena noticia para los inversionistas que le apostaron al país.



Obviamente, el gobierno tiene que salir en su propia defensa y afirmar que todo está bien. Sin embargo, la situación del país en materia fiscal es extremadamente vulnerable. Este gobierno utilizó con innegable habilidad todo el espacio disponible para endeudarse, tanto interna como externamente, con lo cual compró tiempo. De hecho, la muy exitosa prefinanciación de las necesidades de financiamiento de este año le ha permitido sobrellevar el cierre de los mercados financieros internacionales sin contratiempos. El hecho de contar anticipadamente con los recursos para cubrir los flujos, por lo menos durante el primer semestre del año, ha llevado al dólar a permanecer estático, a pesar de las innumerables presiones que ha tenido que soportar.



Sin embargo, como lo afirma Juan Mario Laserna, director de Crédito Público, en la entrevista que sostuvo con Dinero (página 34), los recursos prefinanciados son apenas una parte del total del financiamiento requerido. El resto tendrá que venir de nuevas colocaciones de bonos internos y externos, así como de los desembolsos de las entidades multilaterales. El éxito en la obtención de los mismos dependerá de qué tanto le sigan creyendo los inversionistas a Colombia.



Es aquí donde las cosas se complican. Conseguir los recursos que hacen falta para este año, así como los del 2003, es una tarea en la cual el éxito, como lo reconoce el propio Laserna, no está para nada garantizado. La coyuntura política no ayuda. Para el gobierno saliente, hacerlo es cada vez menos apremiante, mientras que para el entrante es un problema que empezará a mirar cuando esté posesionado. El escasísimo tiempo que hay para actuar se pierde. El nuevo gobierno debería comenzar a actuar en conjunto con el saliente para asegurar esta financiación desde el mismo momento en que sea elegido.



Actuar no quiere decir simplemente negociar con los demás actores. Quiere decir ganar espacio efectivo para sacar adelante la reforma pensional, sin excluir los regímenes especiales, y hacer un drástico recorte del gasto público. Si esto no ocurre, cualquier anuncio será tomado simplemente como una declaración de buenas intenciones. Nadie lo va a creer y los recursos simplemente no van a llegar.



Hoy, cuatro años después, la receta es la misma. La diferencia es que no hay ni tiempo ni espacio para posponerla.
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