| 4/16/2015 6:00:00 AM

Pensiones: mitos, realidades y retos

En la cotidianidad del oficio del periodista se reproducen parcial o totalmente comunicados de oficinas de prensa.

Sistemáticamente, y sin tener tiempo de interiorizar conceptos, se convierten los medios en el sistema de retransmisión de mensajes, con un mínimo interés por dilucidar la verdad o resaltar los aspectos que los comunicados no quieren revelar. El problema es más grave cuando lo que se informa implica pasar por alto errores de análisis que la prensa no detecta.

En la última semana, algunos medios de comunicación han replicado dos posiciones antagónicas presentadas por la Universidad Nacional y el Ministerio de Hacienda sobre cuál es el mejor régimen pensional para tener una mejor pensión en el futuro.

La primera señalaba que, según el profesor Oscar Rodríguez de la Universidad Nacional, las personas con ingresos medios deben, bajo todas las circunstancias, cotizar en Colpensiones. La segunda era la del Ministerio de Hacienda, que estimó que 95% de los trabajadores que se trasladaron de una AFP a Colpensiones, tomaron la elección equivocada.

Estas dos posturas opuestas usan información parcialmente verdadera y parcialmente falsa. Esta es la razón.

El profesor Rodríguez señala que Colpensiones ha sido eficiente en la liquidación de pensiones. Efectivamente, la nueva entidad está lejos de ser el paquidérmico Seguro Social y el valor de la pensión que se podría obtener en este esquema sería, en muchas ocasiones, superior al que otorga una AFP.

Sin embargo, el estudio del profesor de la Universidad Nacional tiene algunas imprecisiones que merecen ser aclaradas. La primera es sobre el tiempo que se requiere para lograr una pensión en el régimen de prima media –con Colpensiones– que es exactamente 1.300 semanas, es decir, 25 años; la segunda, el estudio asegura que las rentabilidades y los recursos de los fondos de pensiones tienen más volatilidad que los de Colpensiones. En este último punto vale la pena recordar que las reservas de Colpensiones se extinguieron en 2003. Por este motivo, comparar la volatilidad de un portafolio de inversiones de mercado con un régimen de reparto simple como el de Colpensiones, que es financiado por el Presupuesto General de la Nación, carece de sentido. Es más, si uno lo mira bajo el punto de vista del Estado, mantener un régimen como el de Colpensiones es mucho más riesgoso y su costo es volátil para la finanzas públicas.

Además, el profesor Rodríguez argumenta que todo trabajador se debería pasar del régimen privado al público para recibir un ingreso mayor. Esta elección depende de la situación particular y por eso es fundamental verificar previamente, tal como se indica en el artículo principal de esta Revista, el número de semanas cotizadas, el salario de los últimos diez años y el saldo ahorrado en el momento de realizar el cambio.

De otra parte, es cuestionable la zozobra que se genera cuando se replica, sin mayor verificación y con poco análisis, que la mayoría de los que se trasladaron de una AFP a Colpensiones tomaron una decisión irracional. En muchos de estos estudios se omiten detalles importantes del documento divulgado por el Ministerio de Hacienda, por ejemplo que si 10 años antes de la edad de retiro (52 años en los hombres y 47 en las mujeres), se han realizado aportes de menos de 786 semanas (15,1 años), independientemente del nivel de ingreso, lo mejor es continuar en la AFP.

Un hecho que no tiene discusión y que los medios de comunicación deben enfatizar es que hay un pasivo pensional que carcome las finanzas públicas. Algunas cifras muestran el tamaño del hueco pensional. Actualmente, el presupuesto de pensiones, incluyendo las mesadas del Magisterio, Fuerzas Militares y otros regímenes especiales suman cerca de $42 billones, que si se analiza en términos relativos, es un poco menos que todo el presupuesto de inversión ($49,4 billones) y cerca de 4% del PIB del país.

Tres hechos adicionales causan conmoción y consternación: 1) solo 30% de la población mayor recibe estos recursos y demuestra cuán limitado es el sistema 2) las pensiones públicas en Colombia están subsidiadas y sus beneficiarios son, en gran parte, personas de ingresos altos y 3) este rubro (el de pensiones) supera ampliamente los gastos de funcionamiento en educación y defensa, $26,5 y $25,5 billones respectivamente.

El sistema es por lo tanto muy costoso y tiene muy bajos niveles de cobertura y equidad. Estos niveles son tan bajos que una reforma del régimen público es fundamental para fomentar la equidad en el país.

La falta de voluntad y respaldo políticos para llevar a cabo la gran reforma pensional que necesita el país tiene, en parte, su origen en la enorme desinformación que le llega a la opinión pública por cuenta de análisis incompletos. Detectar todas las posibles aristas del problema es fundamental para que por fin se empiece a gestar una tendencia de opinión que apoye una reforma tan impopular como necesaria. Si no se hace, después seremos todos los que pagaremos los platos rotos. Esas sí serán malas noticias.
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