| 7/9/2010 12:00:00 AM

Crecimiento y empleo

Las cifras del Dane muestran nuevamente la incapacidad de la economía colombiana para crecer y generar empleo a la vez. Si pretendemos corregir esta tendencia, necesitamos asumir las consecuencias del nuevo patrón de crecimiento económico del país.

Las cifras publicadas recientemente por el Dane confirman que en Colombia el crecimiento económico y la generación de empleo parecen ir en contravía. Aunque en los tres primeros meses del año la economía creció 4,4% anual, el desempleo empeoró y se ubicó en 12,1% a nivel nacional (12,8% en las 13 principales ciudades). Esta contradicción se presentó también durante los años de la gran expansión, entre 2005 y 2007, cuando el desempleo apenas se redujo unos pocos puntos, a pesar de que la economía creció incluso por encima de su potencial.

La explicación podría estar en la composición del crecimiento de la economía colombiana. Tanto en 2009 como en el primer trimestre de 2010, el crecimiento se concentró en dos sectores: construcción y minería. En construcción, la expansión de 15,9% vino exclusivamente por el lado de las obras civiles, que crecieron 38% anual, mientras que las edificaciones decrecieron 2,3%. En la minería, el crecimiento de 13,2% fue resultado de la mayor explotación petrolera y carbonífera. En contraposición, el sector agropecuario tuvo un desempeño muy malo, pues su crecimiento se redujo en 1,8% en los tres meses.

Hay razones suficientes para pensar que esta composición del crecimiento económico se mantendrá hacia adelante. El país tiene que hacer inversiones millonarias en infraestructura de transporte, de modo que podemos esperar que la preponderancia de las obras civiles continúe. Por otra parte, Colombia está de moda entre los inversionistas internacionales y se prevé una gran inversión en minas y petróleo en los próximos años.

Infortunadamente, a pesar de los enormes recursos que se van a mover en estos sectores, la solución al problema del desempleo habrá que encontrarla en otra parte, pues ninguno de ellos es gran generador de empleo.

Colombia aún no es un país petrolero ni un país minero, pues la producción no es suficiente para incluirnos en esas ligas internacionales. Apenas es un país con petróleo y con minería. Sin embargo, las exportaciones de estos recursos naturales son suficientemente grandes como para afectar los precios relativos e influir sobre el potencial de generación de empleo en toda la economía.

Es necesario actuar con sabiduría para aprovechar los recursos que deja la explotación de hidrocarburos, que son temporales, para sembrar la bonanza. Es la única forma de lograr que esta sea una bendición y no una maldición, como lo es en otros lugares del mundo.

Más allá del desempleo, el modelo de crecimiento que se está consolidando en el país plantea otros dilemas. La exploración y explotación de minas y petróleo están generando todo tipo de desequilibrios en las regiones, que van desde el deterioro de la infraestructura vial hasta la descomposición social.

La administración de este modelo de crecimiento implica grandes retos para el nuevo gobierno. De nada vale el crecimiento económico, si no se refleja en mejor empleo y mayor bienestar para la población. Como lo afirma Armando Zamora, director de la Agencia Nacional de Hidrocarburos y uno de los arquitectos de la actual bonanza (ver entrevista en la página 28), antes que seguir entregando zonas para la exploración petrolera, debemos solucionar los problemas que se han presentado. El crecimiento por la vía de la explotación de los recursos naturales solo se puede mantener si tiene lugar de manera ordenada. Eso es algo de lo cual estamos aún muy lejos.

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