| 2/5/2015 6:00:00 AM

Aterrizaje suave

Durante los últimos años Colombia ha tenido un crecimiento envidiable, por encima del promedio de la región.

En gran parte este crecimiento se logró gracias a la enorme liquidez mundial y a que el país se convirtió en exportador de crudo en un momento en que se alcanzaron precios históricamente altos. Sin embargo, en los últimos meses los vientos de cola que empujaban el crecimiento económico parecen haberse tornado en contra.

Cronológicamente vinieron primero los anuncios de una posición monetaria más contractiva por parte de la Reserva Federal y luego la impresionante caída en los precios del crudo, el producto de mayor exportación del país.

El año pasado la FED anunció el desmonte de su programa de compra de bonos en el mercado abierto como método para estimular la economía. Durante el IV trimestre del año pasado, la economía norteamericana creció a un ritmo de 2,4%, ligeramente inferior al esperado 3%. Sin embargo, el consumo total en la economía creció a 4,2% y la confianza del consumidor, medido por el Índice del Consumidor de Michigan, está en su nivel más alto en 11 años. Estos últimos datos sugieren un repunte en la demanda agregada de los Estados Unidos. Por su parte, el desempleo está en su nivel más bajo de los últimos 15 años. Este indicador es especialmente importante ya que la misma FED ha anunciado que estará observando muy de cerca los datos de desempleo antes de subir sus tasas, en desarrollo de su mandato dual de lograr pleno empleo y estabilidad de precios.

Todos estos factores parecen indicarle al mercado que el banco central de Estados Unidos comenzará a subir tasas más temprano que tarde. Compañías como la calificadora S&P estiman que la tasa de intervención de Estados Unidos terminará el año en 1,5%.

Por su parte, en Colombia el ciclo monetario parece ir en la dirección opuesta. Para 2014 el crecimiento del país se estima alrededor de 4,8% como cifra más probable. Para 2015, el Banco de la República (BR) bajó sus proyecciones de crecimiento de 4,2% a 3,6%. Esta caída ya había sido revisada por varios analistas y refleja un menor crecimiento de la demanda interna causada a su vez por la fuerte caída del ingreso petrolero. En efecto, los precios internacionales del crudo registraron un desplome en meses pasados, y su nivel actual está a 50% del que tenía a mediados de 2014.

Por su carácter de país exportador, la caída en el precio del petróleo afecta negativamente el ingreso nacional de Colombia. Esta desaceleración de la economía hace pensar al mercado que en algún momento de este año el Banco de la República comenzará a bajar tasas. Esto a pesar de una subida temporal esperada de la inflación causada por la devaluación del peso. No obstante esta última, la inflación y sus expectativas se sitúan un poco por encima de 3%, meta puntual de inflación del Emisor.

De esta manera, si la FED sube sus tasas y el Emisor las reduce, el diferencial de tasas debería disminuir, debilitando aún más el peso colombiano. A su vez, la mayor devaluación del peso debería estimular la producción industrial y agrícola atenuando así parcialmente la caída del producto.

Sin embargo, tal como se mencionó en el artículo Campanazo de Alerta (Edición 458), que cita el estudio de Hernando José Gómez y Jonathan Malagón, como consecuencia de la caída del precio del petróleo habrá efectos también sobre el aumento del desempleo, la reducción de la pobreza y el tamaño de la clase media, entre otros.

Las cuentas fiscales y externas también se verán afectadas. El Gobierno prefirió cubrir su faltante fiscal adicional con una reforma tributaria, aunque no es claro que esta sea suficiente para cumplir las metas de déficit.

Por todos esos motivos, es crucial que, mientras trabaja en una reforma fiscal estructural, como lo ha solicitado la Ocde, el Gobierno, en el corto plazo, sea sincero con sus cuentas y su faltante de financiación y proceda a captar recursos en el mercado internacional que permitan al país colocar un bono por US$1.500 millones, a menos del 5%.

Hay que aprovechar que los mercados internacionales están aún abiertos para Colombia, para que el país –mediante su plan de financiamiento– permita un aterrizaje suave de la economía.
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