| 12/12/2013 12:00:00 PM

La oportunidad de 2014

Industria y agro se han convertido en el residuo de la discusión sobre crecimiento en Colombia. 2014 será la oportunidad para cambiar esa dinámica.

En Colombia nos hemos acostumbrado a que los grandes negocios y las noticias que hablan de crecimiento dinámico estén en cualquier sector, menos en la industria o en la agricultura. Los impulsores de la economía y los negocios son los descubrimientos de petróleo, las inversiones en infraestructura o las transacciones con entidades como Isagen. La agricultura y la industria solo generan noticias que son de importancia marginal y, en todo caso, no suelen ser buenas.

Esto no le sirve al país. Cuando los informes de observadores internacionales como la Ocde, el Banco Mundial y la Cepal dicen que Colombia está estancada en productividad, se refieren en gran medida a la industria y la agricultura. No habrá una economía dinámica si esos dos sectores no encuentran una senda de crecimiento rápido.

Todo apunta a que en 2014 los empresarios en estos dos sectores tendrán la oportunidad de cambiar esa inercia. Pero no va a ser fácil. Es muy probable que cedan a la tentación de seguir con los malos hábitos que les mantienen en su posición.

En 2014 estos dos sectores convocarán la atención del país y tendrán una oportunidad única para hacerse escuchar y buscar que el Gobierno atienda sus reclamos. La posibilidad de cambio existe si ellos logran presentarse con una voz unificada y un proyecto coherente ante el país. La oportunidad se desperdiciará si cada microsector se queda en la defensa de sus pequeños intereses y se limita a pedir migajas para ajustar propósitos de corto plazo.

El estreno de Bruce Mac Master en la Andi viene rodeado de grandes expectativas. El primer punto en su agenda será frenar el proceso de desindustrialización. Para lograrlo tendrá que adelantar múltiples iniciativas que requerirán una gran capacidad para la acción concertada. Si el liderazgo de Mac Master y la Andi se traduce en que industriales de distintos eslabones de las cadenas productivas logran presentar agendas unificadas, con metas ambiciosas en términos de productividad, el Gobierno los tendrá que escuchar y atender. En un proceso así, con todos los actores esenciales sentados en la misma mesa, trabajando por una agenda de futuro, con permanencia en el tiempo, el perfil del sector manufacturero colombiano tendría buenas posibilidades de cambiar.

Por el lado del sector agrícola, en 2014 se definirá a quiénes les corresponderán los recursos del llamado Pacto Nacional Agropecuario. Este arreglo, surgido de las protestas en 2013, motivó que el presupuesto oficial para el agro se duplicara hasta llegar a $6 billones. Los cafeteros tienen asegurado $1 billón, pero la asignación del resto está por definir. Si los gremios lograran ponerse de acuerdo tras una agenda global orientada a la productividad de largo plazo, el sector entraría en una fase de transformación acelerada.

Por supuesto, pocos apostarían por un desenlace de acuerdos, armonía y crecimiento. Esos acuerdos no se han dado hasta ahora porque los conflictos al interior de las cadenas productivas son de alta tensión. Los industriales dicen que no pueden ser competitivos con materias primas protegidas, los productores de bienes agrícolas e insumos básicos dicen que no pueden soportar las injusticias de la competencia internacional, y para todos es imposible ponerse de acuerdo bajo una sola agenda.

El resultado es lo que ha ocurrido siempre. Los empresarios renuncian a plantear agendas de conjunto y cada sector se va a negociar buscando alguna concesión que les alivie problemas de corto plazo. Los gobiernos, por su parte, dedican horas de trabajo a buscar fórmulas para remendar y tapar las inconsistencias. Y, en el fondo, el problema de competitividad sigue debido a la incapacidad para llegar a acuerdos generales que permitan tomar decisiones de país.

¿Por qué podría ser diferente en 2014? Dos razones harían cambiar las cosas. Por un lado, una vez firmados los acuerdos de libre comercio se ha puesto a andar un cronómetro que no tiene marcha atrás. Los plazos para las desgravaciones implican que los sectores no competitivos se verán en muy mala situación en poco tiempo. En esa circunstancia, tendría sentido que los protagonistas aprovecharan una última oportunidad para la acción coherente.

Por otra parte, Colombia está entrando en una tónica de negociación que antes era imposible. Si la sociedad es capaz de negociar con los líderes guerrilleros sobre la forma como ellos participarán en política, ¿les quedará grande a los empresarios de las cadenas productivas negociar entre ellos y con el Gobierno sobre unos compromisos firmes en cuanto a metas de productividad y competitividad?
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?