Confianza y recursos

| 7/12/2002 12:00:00 AM

Confianza y recursos

Los mercados financieros internacionales están nerviosos y tienen razones para estarlo. La confianza, sin duda el activo más valioso para su funcionamiento, está en juego y pueden pasar años antes de que vuelva a recuperarse. Sin confianza no hay mercado, como lo demuestra la vertiginosa caída de la bolsa de valores de Nueva York por cuenta de los escándalos financieros de empresas de talla mundial, como Enron, Xerox, WorldCom y, más recientemente, Merck, que comprometen miles de millones de dólares y afectan a miles de personas. Hasta ahora, las empresas en problemas se pueden contar con los dedos de las manos, pero debido a su tamaño, tradición y liderazgo en los mercados en que participan, las revelaciones sobre fraude contable han generado una crisis de confianza sin precedentes en la historia bursátil de Estados Unidos. El mercado de valores ha sido motor insustituible de la economía de ese país que, a su vez, es el dinamo de la economía mundial. Sin mercado de valores, Estados Unidos sería algo completamente diferente de lo que conocemos.



La situación es extremadamente grave y podría poner en entredicho la recuperación de la economía mundial. Eso explica por qué, rompiendo una tradición de total neutralidad frente a los movimientos de los mercados bursátiles, tanto el presidente Bush como el Congreso han decidido tomar cartas en el asunto para buscar que la confianza regrese a los mercados.



Colombia, por supuesto, no es ajena a estos acontecimientos. Más aún, acaba de sufrir en carne propia, con el canje de deuda externa, los embates del desplome de las bolsas. Aunque la operación de canje pudo culminarse, no tuvo el éxito previsto en las proyecciones. Ante la falta de confianza de los inversionistas, el acceso a recursos externos se ha complicando seriamente, tanto para el gobierno como para los empresarios.



Los escándalos financieros de estas empresas hacen obligatorio insistir en la importancia del buen gobierno corporativo, que tanta resistencia genera entre los emisores de valores en Colombia. El proyecto de ley del mercado de capitales, que promulgaba la institucionalización de la transparencia en los estados financieros, la protección al accionista minoritario y el buen gobierno empresarial, fue arduamente combatido en el Congreso. El propio ponente lo hundió en la última sesión de la pasada legislatura.



La razón, no obstante, terminará por imponerse y será más temprano que tarde. La actual crisis servirá para que los gobiernos y los mercados del mundo le den al buen gobierno corporativo la importancia que merece. Esto va mucho más allá de cumplir las reglas de la contabilidad. En un futuro cercano, todas las empresas que aspiren a financiarse en los mercados de crédito y capital estarán obligadas a demostrar que cuentan con mecanismos para hacer respetar los intereses de pequeños accionistas, acreedores y consumidores. La reacción mundial frente a los abusos que se han cometido será muy fuerte. La carga de la prueba estará a cargo de las empresas y no de los supervisores. Las firmas colombianas no estarán al margen de esta oleada mundial. Las que aspiran a llegar a tamaños grandes y a ser activas en los mercados internacionales ya deberían estar trabajando para poner en marcha esquemas modernos de gobierno corporativo. Después de los desfalcos recientes, ningún inversionista estará dispuesto a invertir, a no ser que le aseguren que su dinero va a estar manejado con unos estándares mínimos de ética y buena fe.



Se abre así el espacio para que el nuevo gobierno tramite nuevamente la ley del mercado de capitales y Colombia pueda tener finalmente un mercado de valores desarrollado. Los recursos están. Se necesita transparencia y confianza para que ellos fluyan hacia quienes los requieren.
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