| 5/25/2011 12:00:00 AM

¿Cómo voy yo?

Es enorme la cantidad de cooperativas que han estafado gente en Colombia. ¿Hasta cuándo tendremos que aguantar la vulgaridad y el derroche de una estructura llena de pillos y delincuentes?

La historia del cooperativismo en Colombia es una historia de descalabros financieros. En los años ochenta fue el famoso grupo Trébol, que terminó agrupando al sistema financiero cooperativo del momento: Bancoop, Cupocrédito, Coopsibaté, Coopdesarrollo, Uconal y la Caja Popular Cooperativa, entre muchos otros. Su quiebra, entre 1997 y 1999, le terminó costando al país $900.000 millones y puso en evidencia todo tipo de mezquindades en el manejo de estas instituciones: desde "moteles" en las oficinas de sus presidentes, hasta extravagantes gastos en fiestas y parrandas.

Hoy sucede lo mismo con Saludcoop y Coomeva. Se trata de dos de las EPS más importantes del país, así como de dos de las cooperativas más grandes de Colombia. Ambas están acusadas de pertenecer a un supuesto carrusel de la salud y defraudar al Estado en varios miles de millones de pesos mediante recobros ilegales o falsos de medicamentos e intervenciones. En el caso de Coomeva, al cierre de esta edición, la Fiscalía ordenaba el allanamiento de sus instalaciones, al igual que el de otras, como Salud Colpatria, Sanitas, Nueva EPS y Ecoopsos.

En el caso de Saludcoop, los excesos ya salieron a la luz pública: salarios de $90 millones mensuales para sus directivos, fincas de recreo en Villa Valeria con campos de golf de 18 hoyos y derroches de todo tipo que no tienen nada que ver con el negocio de la salud. Ahora, su liquidación fácilmente puede terminar costándole al Estado unos $700.000 millones. Los paganinis: todos los colombianos.

La cantidad de cooperativas que han estafado gente en Colombia es enorme. En Chocó, por ejemplo, hay todo tipo de estas organizaciones que son brutalmente corruptas. Lo mismo ocurre en Sincelejo y otras ciudades de la región Caribe, en donde se usan estas estructuras para lanzar zarpazos en contra del erario. En Bogotá hay universidades del sector solidario cuyas ilustres directivas han terminado en la cárcel La Picota.

Obviamente, no se puede generalizar. Sin duda, hay cooperativas que cumplen su función a cabalidad. Sin embargo, los casos que han salido a la luz pública en las últimas décadas dejan mucho que desear. El robo y el abuso en las cooperativas es un fenómeno que se repite una y otra vez.

¿Por qué será que en Colombia estas organizaciones presentan fallas tan protuberantes que pueden llegar a opacar la trascendental función de esas instituciones? ¿Por qué no funciona un modelo que en otros lugares del mundo ha demostrado ser exitoso y fundamental para el desarrollo de una sociedad capitalista?

Sin duda, hay un problema de vigilancia. Las crisis de las cooperativas financieras en los años 90, y ahora de las cooperativas de salud, muestran que cuando se trata de estas entidades los esquemas de vigilancia fallan. Esto ocurre, en parte, por la ambigüedad en definiciones básicas (¿las supervisa la Superintendencia de Economía Solidaria o la Superintendencia de su ramo

); porque puede ser políticamente costoso aparecer como enemigo de unas instituciones que, en teoría, están defendiendo los intereses de los más pobres; y, además, por razones que nadie entiende a cabalidad todavía.

Lo cierto es que en nuestro país se necesita que salga a la superficie un fraude fenomenal para que las Superintendencias actúen. ¿En dónde estaban la Supersalud y la Supersolidaria antes de que la olla de Saludcoop se destapara? ¿Por qué no hay interés en tener instituciones que vigilen de verdad a las cooperativas?

Se necesitaría, para empezar, una sanción social fuerte contra los abusadores que se apoderan de las cooperativas. La primera línea de defensa debería estar dada por las propias asociaciones de cooperativas. Sin embargo, esto no parece ser así. La Confederación de Cooperativas de Colombia (Confecoop) espera que "la intervención por parte de la Superintendencia Nacional de Salud derive en el esclarecimiento total de las actuaciones de Saludcoop EPS". No hay comentario sobre los salarios de $90 millones o los campos de golf. La Asociación Colombiana de Cooperativas (Ascoop) no opina. Si a los propios encargados de representar los intereses de estas instituciones no les parece necesario distanciarse de un escándalo como el de Saludcoop, no es de extrañar que el sector se haya convertido en terreno fértil para los abusos.

Es una verdadera lástima. Colombia necesita un sector solidario fuerte, dados los enormes problemas de desigualdad social. Sin embargo, el modelo actual no funciona. Se necesita otro, en el cual la rendición de cuentas y la gerencia por resultados estén a la orden del día.

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