| 10/29/2010 12:00:00 AM

Colombia en su cuarto de hora

Hay una buena oportunidad para Colombia, pero tenemos que cambiar si queremos aprovecharla. La productividad debe aumentar si Colombia quiere hacer realidad su potencial de crecimiento económico, como miembro de los CIVETS.

Hace muchos años que los ciudadanos de este país estábamos esperando una situación como la actual. Colombia pasó de ser considerado un país paria, en el que no querían estar ni los colombianos, a ocupar un lugar privilegiado en el mapa de los inversionistas globales y hacer parte de los CIVETS, grupo de países con gran potencial de desarrollo al cual también pertenecen Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Suráfrica.

Las perspectivas para la economía son buenas, incluso mejores de las que se previeron a comienzos de año. El crecimiento previsto para 2010 está entre 4% y 4,5%, muy por encima del 0,4% del año anterior.

No obstante, el crecimiento es inferior al de los países de la región que compiten con Colombia por la inversión extranjera, como Brasil (crecimiento de 7,5% en 2010, según el Fondo Monetario Internacional), Perú (crecimiento de 8,3%), México (5%) y Chile (5%).

Colombia enfrenta una serie de obstáculos (la mayor parte de ellos autoinducidos), que llevan a que la tasa potencial de crecimiento sea apenas de 5,5%, excesivamente baja para lograr las metas de largo plazo de reducir la pobreza y lograr una sociedad más igualitaria. La distribución del ingreso en Colombia, con un coeficiente Gini de 0,58, es la cuarta peor del mundo. Prácticamente la mitad de la población vive bajo la línea de pobreza.

Al igual que en muchos países latinoamericanos, la baja productividad es la causa del bajo crecimiento en Colombia. Si esto no se corrige, el buen momento por el que pasa el país podría perderse. El tema de la baja productividad se vuelve más visible a raíz de la revaluación del peso. En realidad, el problema de la competitividad no es un problema de tasa de cambio, es un problema de baja productividad. Es necesario actuar en frentes diferentes al de la tasa de cambio para poder competir.

De acuerdo con La era de la productividad, un estudio publicado recientemente por el BID, las razones de la baja productividad son estructurales y tienen que ver con la informalidad, (Colombia tiene la tasa de informalidad más alta de la región), el mal estado de la infraestructura, sistemas de impuestos y regulación mal diseñados, falta de competencia (que se traduce en poca presión a innovar) y falta de crédito. De igual forma, algunas políticas sociales concebidas con las mejores intenciones producen resultados no intencionales en la productividad, porque terminan desplazando cada vez más trabajadores hacia actividades de baja productividad.

Todos estos obstáculos aparecen también en el Informe Global de Competitividad que publica el Foro Económico Mundial cada año. Según el informe 2010-2011, en el índice de competitividad global, Colombia ocupa el puesto 68 en una muestra de 139 países, sin que haya habido ninguna mejoría en los últimos cinco años.

Entre los factores más problemáticos para hacer negocios están la corrupción, las tasas de impuestos, el acceso a la financiación, la burocracia gubernamental ineficiente, la regulación de impuestos, la oferta inadecuada de infraestructura y las regulaciones laborales.

Es importante destacar que el tratamiento que le están dando el Gobierno y el Banco de la República al tema cambiario, y especialmente las medidas de carácter fiscal que se han adoptado para contrarrestar la revaluación, son señales en el sentido correcto. La solución no podría ser simplemente intervenir en los mercados e introducir controles de cambios, sino que es indispensable atacar las raíces del problema, una de las cuales es el excesivo déficit fiscal.

También es buena señal el nombramiento de personas provenientes del sector privado en las altas consejerías que tienen que ver con la competitividad, la prosperidad y el buen gobierno. Mediante un trabajo conjunto de estas tres innovadoras consejerías, los Ministerios y las demás entidades gubernamentales, en coordinación y enlace con el sector privado, el país podrá avanzar para ser más productivo, más competitivo y mucho más próspero.

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