Colombia ganadora

| 5/31/2002 12:00:00 AM

Colombia ganadora

Definitivamente, la jornada electoral del pasado domingo nos dejó un excelente sabor a todos los colombianos. A pesar de la incertidumbre y los múltiples temores que rodeaban las elecciones, la gente salió a votar y hoy se respira un aire diferente. Incluso la Registraduría, que en los días anteriores había estado tan cuestionada, tuvo un comportamiento impecable. Días como este hacen que se renueve la confianza.



El trabajo que sigue ahora es rodear al Presidente electo para asegurar el éxito de su gestión. No se nos puede olvidar a mitad de camino qué nos llevó a elegir a Alvaro Uribe como Presidente de Colombia y mucho menos retirarle el apoyo. No en vano llegó a la Presidencia en primera vuelta con el 53% de los votos de los colombianos.



El tono y la sobriedad del discurso de Uribe en la noche de la elección son un preludio de lo que nos espera en los próximos cuatro años. Sin duda, las cosas no serán fáciles, pues el país está en la peor crisis de su historia. El deterioro por cuenta del orden público ha sido tal, que incluso si hiciéramos todos los ajustes que nos piden los mercados y tuviéramos acceso a los recursos de financiamiento, no podríamos generar el crecimiento que se requiere para mejorar las condiciones sociales del país.



Colombia tiene que volver a ser un sitio seguro y rentable para la inversión. En esto tenemos que trabajar todos, pues no podemos esperar que el capital extranjero llegue si antes no ha llegado el capital nacional. Sin esto, no tendremos salvación.



Lo más importante entonces es generar un shock de confianza que estimule la inversión y el regreso de los capitales. Tiene que ser un auténtico sacudón a nuestras estructuras, para asumir nuestra realidad tanto en lo negativo como en lo positivo. Debemos resolver de una vez los lastres que nos inmovilizan, enfrentando burocracia y politiquería. Y también debemos aprovechar a fondo las múltiples fuentes de riqueza que están a nuestro alcance, empezando por el talento y el tesón de los propios colombianos.



La reconstrucción del país empieza por cada uno de nosotros y la tarea consiste en trabajar juntos en pos de objetivos comunes. Aquí adquiere toda su relevancia el modelo cooperativo en el que tanto ha insistido Alvaro Uribe. El nuevo Presidente tiene toda la razón cuando advierte que este es un instrumento sin igual para generar riqueza y reducir las desigualdades en la distribución del ingreso. Las cooperativas, que en Colombia han sido vistas tradicionalmente como un vehículo para la filantropía y el asistencialismo, han demostrado en otros países que pueden desatar las fuerzas productivas de los individuos y llegar a crear empresas verdaderamente grandes. Empresas como Mapfre, Parmalat y Liberty, que en Colombia solo conocemos como grandes inversionistas extranjeros, son cooperativas. Ellas entendieron que el modelo cooperativo puede ser sinónimo de creación de riqueza y expansión del bienestar en medio de la competencia de una economía de mercado.



Colombia tiene ya algunas cooperativas ambiciosas, pero la mayoría de las entidades del sector son pequeñas y limitadas. Es hora de que el país vuelva su mirada sobre estas organizaciones y entienda el potencial que encierran. Una buena dosis de filosofía cooperativa, con sus valores que promueven el desarrollo de abajo hacia arriba y su ética basada en la capacidad de los individuos, la dignidad del trabajo y la solidaridad en el esfuerzo, puede ser exactamente lo que Colombia necesita para superar los difíciles tiempos que vivimos.
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