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¿El próximo Lehman?

| 9/18/2013 6:00:00 PM

¿El próximo Lehman?

Es muy importante que en Colombia se recalcule el valor real de los activos para evitar una crisis como la desatada tras la quiebra de Lehman Brothers.

por Editorial

El pasado 15 de septiembre se conmemoró una de las fechas más fatídicas en la historia de la economía mundial: la quiebra del banco de inversión estadounidense Lehman Brothers, una bancarrota que desató la peor crisis financiera desde el crash de los años 30 y trajo enormes costos para todos los habitantes del planeta. Los mercados de crédito se cerraron, miles de empresas y bancos quebraron, millones de personas perdieron sus empleos y la recesión llegó a las principales economías del mundo. Ni los multimillonarios rescates aportados por los gobiernos, ni las enormes inyecciones de dinero entregadas por los bancos centrales, sirvieron para contener la peor debacle financiera de los últimos 80 años.

El desastre de septiembre de 2008 tuvo muchas causas, pero la más inmediata fue sin duda la desaforada sobrevaloración de activos de todo tipo, en particular financieros e inmobiliarios. Millones de personas recibieron créditos hipotecarios que tenían como colateral la propiedad que habían comprado. La crisis llegó cuando ese colateral (tierra, casas y apartamentos) perdió su valor. Los activos quedaron valiendo mucho menos que las deudas y eso generó una crisis financiera. Los bancos quedaron expuestos, llenos de activos cuyo valor real estaba muy por debajo del que tenían registrado en libros.

En Colombia hay evidencias de activos demasiado caros. El metro cuadrado en Bogotá, tanto de vivienda como comercial, tiene valores que no corresponden a ningún ingreso futuro verosímil. Es absurdo que haya apartamentos que valen $9.500 millones y que el valor del arriendo en un barrio como Rosales oscile entre los $16 millones y los $40 millones. Estos son precios de París o Londres.

También es preocupante la sobrevaloración de algunos activos en bolsa. Hace unos meses, el valor de la acción de Ecopetrol estaba muy alto, si se le comparaba con otras petroleras de igual tamaño. El mercado se ha movido para corregir y la acción, que valía $5.600 a comienzos de año, hoy ha caído a $4.400. Los precios de otras acciones que estaban caras – Fabricato, InterBolsa, Biomax— demostraron ser producto de especulación pura. Sin embargo, el ajuste aún no es completo.

Otros dos activos, que estaban carísimos y por fortuna se han ido corrigiendo, son los TES y el peso, que llegó a los $1.700 por dólar. Ambos han sufrido una destorcida en los últimos meses, producto de los anuncios de aumentos en tasas de interés en Estados Unidos. Los ahorradores colombianos han sufrido las consecuencias, pues los portafolios de los fondos de pensiones han tenido que registrar pérdidas sustanciales por estos motivos.

Los precios altos no se limitan a los activos. Hay numerosos productos que se transan en Colombia a precios superiores a los internacionales. Uno de ellos es la comida en los restaurantes. Como decía hace poco la periodista Salud Hernández, “una comida normal, en un restaurante normal, cuesta un salario mínimo, una cifra abusiva e irracional”.

Hay una lista enorme de cosas que están carísimas: las entradas a los conciertos ($500.000 por una boleta para ver a Beyoncé), los medicamentos, los tratamientos odontológicos, el cemento y hasta los fertilizantes.

¿Qué pasa entonces en Colombia? ¿Hay una burbuja, como muchos creen?

Incluso si el estado del endeudamiento en Colombia es hoy inferior al que había en Estados Unidos en 2008, hay una situación de peligro. Existe una burbuja cuando hay un fuerte aumento de precios causado por un factor exógeno y temporal que permite a los consumidores acceso amplio a dinero, alimentando la demanda. Si esa causa externa desaparece, los precios caen y la burbuja estalla. La burbuja de Estados Unidos estalló cuando se hizo imposible sostener la irresponsable expansión del acceso al crédito que se dio hasta 2008. En Colombia, incluso si no se ha dado una expansión de crédito exagerada, pueden ocurrir complicaciones cuando se suman en la ecuación los efectos del cambio de tendencia del valor del peso.

La apreciación del peso ha tenido como contrapartida una valorización de los bienes no transables, como finca raíz y activos financieros. Esa tendencia se está revirtiendo rápidamente. Las expectativas de cambio en la política de la Reserva Federal y el mal comportamiento de las exportaciones de commodities son la causa. En la medida en que la tendencia se acelere, los precios de los activos se van a desinflar.

Las grandes preguntas se refieren a qué tan rápido va a ocurrir esto y hasta qué punto habrá un efecto multiplicador hacia el sector financiero. ¿Qué tan expuestas están las sociedades con inversiones en finca raíz y acciones? ¿Qué tan apalancadas están esas empresas? ¿Cuál es el riesgo real para los bancos? Si no está en el crédito hipotecario, ¿puede estar en el comercial y crédito personal?

Las señales de que viene un cambio de tendencia en los precios de los activos ya están aquí. Ojalá ese proceso ocurra lentamente, sin demasiados traumatismos. Las autoridades económicas tienen que mantenerse alerta. Buena parte de lo que ocurra dependerá de las expectativas de los propios compradores de vivienda y activos financieros. La madurez financiera de los compradores jugará un rol decisivo en esta etapa.

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