| 8/17/2007 12:00:00 AM

Ciudadanos globales

Solamente cuando los colombianos podamos transitar por el mundo sin ser estigmatizados, podremos decir que somos ciudadanos globales. Mientras tanto, estaremos confinados a nuestras fronteras

La palabra globalización se usa en forma creciente en el mundo actual. Esto no es una casualidad. La globalización es el fenómeno que define los tiempos en que vivimos.

Gracias a internet, la información y el conocimiento ya no son exclusivos de unos pocos, sino que son accesibles en forma amplia, en cualquier lugar del mundo. Las mercancías y los servicios fluyen de un país a otro, al punto que la moda, la comida, las atracciones y los servicios financieros son prácticamente iguales en todos los continentes. Las grandes marcas son las mismas en todas partes.

Incluso los mercados financieros y de capitales, donde existen sustanciales regulaciones para los movimientos internacionales, están absolutamente conectados. Cualquier acontecimiento en un mercado importante afecta a todos los demás. Esto es precisamente lo que está sucediendo en este momento con la crisis del crédito hipotecario de alto riesgo de Estados Unidos. El deterioro acelerado de esta cartera y el temor de que se extienda a otros sectores disparó una alerta global. Frente al temor de una posible sequía de los mercados, los bancos centrales de Europa, Estados Unidos y Japón han irrigado amplia liquidez. Un fenómeno local de Estados Unidos ha puesto en marcha toda una serie de fuerzas a escala planetaria.

Por supuesto, muchos queremos ser parte del mundo globalizado y de las ventajas que este conlleva. Queremos viajar y conocer el mundo, hacer negocios con gente de otros países y convertirnos en ciudadanos globales, capaces de desenvolvernos en cualquier lugar del mundo.

Sin embargo, si bien el mundo se ha abierto para el comercio, los servicios y los capitales, no lo ha hecho de la misma forma para las personas. Los movimientos de empresarios, profesionales y viajeros en general están sujetos a todo tipo de restricciones. Este es uno de los grandes obstáculos para una verdadera globalización.

Además, dependiendo del país de origen, el mundo puede ser más o menos abierto. Para los colombianos, el mundo es bastante cerrado. La mayoría de los países nos exigen visa para el ingreso a su territorio y ponen todo tipo de trabas para otorgarla. El sueño de conocer el mundo globalizado para un colombiano puede quedarse en eso, en un sueño, por la imposibilidad de acceder a buena parte de los países.

Si se tiene suerte, después de haber esperado días y a veces meses para una cita en un consulado, se logra obtener la visa. Eso sí, por una sola vez y solamente después de haber demostrado gran solvencia económica y haber presentado las pruebas que el funcionario de turno considere pertinentes.

Allí no termina la pesadilla. Casi sin excepción, a los agentes de inmigración de la mayoría de países les entran sospechas cuando ven un pasaporte colombiano. Tienen que hacer a un lado lo que están haciendo, chequear, llamar a sus compañeros. Los demás pasajeros que esperan en la fila para presentar sus pasaportes se preguntan qué pasa. ¿Por qué la demora? Porque son colombianos.

Hay que reconocer que esta situación no surgió del azar. Durante años, el pésimo comportamiento de los colombianos en el exterior y la tolerancia interna frente al crimen llevaron a la percepción que el mundo tiene hoy de los colombianos. Es hora de cambiarla.

Lo primero es garantizar que, al menos a nivel empresarial, las trabas se eliminen. De otra forma, nuestros productos y servicios no van a llegar a otros mercados. Esto es algo en lo que el gobierno tiene que intervenir.

Lo segundo es persistir en lo que se viene haciendo en materia de seguridad y trabajar para combatir la impunidad. Es lo único que hara que el mundo entienda que en Colombia se está acabando la tolerancia con el crimen organizado.

Lo tercero depende de cada uno de nosotros. Es la buena imagen que cada uno pueda proyectar.

Lo cierto es que si, por cuenta de la mala imagen, no logramos ser parte de este mundo globalizado, el precio que tendremos que pagar como país será infinitamente alto. No solo veremos pasar oportunidades de desarrollo, sino que nos mantendremos marginados de las corrientes globales, seremos cada vez menos productivos y más pobres en un mundo donde la riqueza se crea a partir del comercio y el intercambio.
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