| 3/30/1998 12:00:00 AM

Cartagena, sol y nubes

Cartagena cumplió con éxito su papel de anfitrión de la XIII Asamblea de Gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo. Los cuatro mil banqueros, financistas e intelectuales que se hicieron presentes allí constituyeron un grupo de la mayor importancia para el futuro del país y su ambiente de negocios. La ciudad recibió calurosamente a tan insignes invitados y la organización del certamen fue todo un éxito. Bien por la ciudad y por el BID.



El BID trajo, además, un muy claro y relevante mensaje de orientación de políticas. En los 90, a la región le ha ido muy bien con las reformas estructurales, pero no tan bien con las reformas sociales. La superación de los desequilibrios fiscales y externos, así como la liberalización de los mercados, han servido de antídoto eficaz contra el contagio de la gripe asiática y la región ha resultado mejor librada de lo que todos los analistas internacionales esperaban. Pero la desigualdad y la exclusión se mantienen muy altas.



La agenda básica que se sugiere hacia adelante debe combinar la profundización de las reformas estructurales con un impulso adicional a las reformas sociales. En materia de reformas estructurales, el BID recomienda adoptar instituciones y reglas de juego estables que impidan que los desequilibrios fiscales y externos y la inestabilidad financiera, superados en la mayoría de países, vuelvan a irrumpir en la vida latinoamericana. Particular énfasis se hizo en la defensa de sistemas financieros sanos. En materia de reformas sociales de nuevo se relevó la importancia de la educación y la participación ciudadana, pero se pusieron sobre la mesa un par de temas que antes no formaban parte de la agenda: la violencia y el empleo.



En la discusión académica, Colombia no salió tan bien librada. Es, hoy, el país de América Latina con mayores desequilibrios fiscales. Y se percibe que es uno de los países donde las reformas estructurales se han abandonado antes de producir todos sus frutos. En materia social, la magnitud y los costos de la violencia y la lentitud del progreso educativo también resultaron muy destacados en la comparación de países.



Pero fue en los pasillos del Centro de Convenciones donde se tejieron los mayores comentarios críticos sobre el futuro inmediato de Colombia. Los banqueros internacionales, que tan optimistas se mostraron sobre América Latina, han puesto en privado un compás de espera a los negocios en Colombia. El riesgo-país les indica a los empresarios colombianos que no es el momento de asumir posiciones en los mercados financieros internacionales.



El rumor que más se oyó es que la probabilidad de reducción de la calificación del riesgo para el país ahora es del 50%. Y que los espacios sensatos para el financiamiento de los faltantes públicos se han cerrado peligrosamente. Quizá este temor alimentó las aplaudidas pero desafortunadas solicitudes del Presidente y del ministro de Hacienda al BID para el financiamiento externo de la paz y de los metros de Bogotá y Cali. Los analistas financieros internacionales opinaron en voz baja que más bien le haría a Urdinola comenzar a buscar un acuerdo preventivo con el Fondo Monetario Internacional.



Así pues, el sol, la hospitalidad y la alegría de los eventos públicos de Cartagena no fueron suficientes para ocultar los nubarrones que los banqueros internacionales han comenzado a encontrar en el futuro colombiano.
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