Carta a un nuevo Minhacienda

| 5/12/2000 12:00:00 AM

Carta a un nuevo Minhacienda

Ahora que se prepara para enfrentar uno de los más difíciles períodos en la historia económica y social del país, permítanos contarle los que creemos son los principales retos que tiene al frente.

Su Ministerio deberá superar los desequilibrios fiscales que irresponsablemente el país dejó acrecentar en los últimos años. Cinco años de gradualismo e indecisiones son frustrantes. El desequilibrio fiscal hay que romperlo con un verdadero tratamiento de shock. Pero tanto como un rápido saneamiento fiscal, su Ministerio tiene que abrirle espacio a una nueva dinámica empresarial. Es preciso fortalecer la capacidad del sector privado para generar futuro. Apuéstele más a las nuevas empresas y emprendimientos. Ni se le ocurra subir impuestos, abierta o encubiertamente. El equilibrio fiscal se puede lograr eliminando privilegios y corrupción, con mucho menos gasto público y un sistema de incentivos tributarios hacia la inversión, el empleo y el crecimiento.



Va a comenzar su nueva gestión en una difícil coyuntura. El virtual cierre del Congreso y de los mercados de Wall Street es grave. Pero abre oportunidades. Sin congresistas ni ministros apertrechados, concéntrese en reestructurar el Estado y reduzca sosteniblemente el gasto público. No se coma el cuento de que esta reducción es imposible. Los instrumentos legales están en sus manos. Uselos. Con menos endeudamiento externo, no cometa el error de querer capturar para sus arcas, en el segundo semestre ni el año entrante, todo el ahorro del país. Las finanzas empresariales no aguantarían. Es preciso reconquistar la credibilidad de su Ministerio en Wall Street. Emplee mucho tiempo en esa tarea, no para endeudarse más, sino para apalancar la capitalización empresarial. Con el desprestigio del Fondo Monetario Internacional, no se ilusione con contentarse para cumplirle sus metas. Para conquistar los mercados financieros internacionales hay que ir más allá. No hay mejor argumento que activar, con reglas simples y estables, mucho ahorro e inversión y muchas exportaciones de los colombianos.



Ministro, hable poco y haga mucho. No haga anuncios que no pueda cumplir. No utilice la prensa para calibrar la opinión pública ni para mejorar su posición negociadora. Los mercados financieros siempre descubren inconsistencias o mentiras en las estrategias públicas. Y el mundo empresarial se interesa cada vez menos en los anuncios y más en la implementación de las decisiones. Actúe como si el Ministerio de Hacienda, más que un paso hacia su futuro, fuese el último cargo de su vida.



No se aleje de la agenda del Presidente de la República, ni busque superarlo en protagonismo público. Diseñe una estrategia fiscal que no le compita en tiempo ni en recursos con la modernización política. Pero convenza al Presidente, a sus asesores y al Ministro del Interior que sin ajuste fiscal serio no habrá futuro. Movilice su voluntad política con tal fin. Vincule al Presidente a una coordinación del equipo económico y social en una verdadera agenda de gobierno.



Finalmente, piense siempre que su interlocutor principal no es el Congreso, ni la guerrilla, ni Washington sino el país productivo, los empresarios y quienes sueñan con un empleo digno. No hay milagros en el corto plazo, pero usted sí podrá gestar con optimismo y decisiones, antes del término del gobierno, un boom sostenible de crecimiento económico, inversión privada y empleo que lo haga vivir feliz el resto de sus días.



Que la sabiduría, el entusiasmo y la suerte los acompañen, a usted en esta nueva etapa, al Presidente y al país en los próximos dos años.
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