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| 5/29/2013 6:00:00 PM

Camino de espinas

Las próximas semanas serán determinantes para la reforma migratoria de Obama. Las implicaciones para Washington y la región son enormes.

Una de las grandes cartas que se juega Barack Obama en este segundo mandato es la reforma migratoria, la cual hace tránsito por estos días en el Congreso norteamericano. Esta reforma acaba de salir airosa en los Comités Judicial y de Seguridad del Senado, con unas votaciones aplastantes que abren paso a su aprobación en la plenaria del Senado. Es prácticamente un hecho que allí pasará también con una mayoría abrumadora en la votación prevista para este mes de junio.

Pero aún falta lo más difícil, el tránsito por la Cámara de Representantes. Con una amplia mayoría republicana, la Cámara es mucho más hostil a la aprobación de una reforma que apunta al corazón de uno de los temas más sensibles para la derecha norteamericana: la ciudadanía para 11 millones de ilegales que viven en Estados Unidos.

La reforma migratoria propuesta por Obama permitiría a los ilegales obtener un “estatus migratorio provisional” que duraría seis años y sería renovable por cuatro años más. Se trata, en pocas palabras, de un permiso para trabajar, siempre y cuando no hayan cometido delitos graves y paguen una multa de US$1.000. Al cabo de una década, las personas podrán pedir una tarjeta de residente permanente, más conocida como green card, que es el sueño americano hecho realidad.

La propuesta de la Cámara de Representantes es muy diferente a la del Senado. En la Cámara, los Republicanos insisten en la necesidad de acabar con la lotería de visas, por lo que proponen un límite de 55.000 residencias al año para extranjeros graduados de universidades estadounidenses. Por el contrario, plantean aumentar a 15.000 las visas V-1B para trabajadores de altas calificaciones, que son las más pedidas por las compañías.

El proyecto de Ley ha sido ampliamente respaldado por los 100 más influyentes economistas conservadores de Estados Unidos, que apoyaron en carta abierta la propuesta de una reforma migratoria integral. La carta –firmada por dos premios Nobel y varios exasesores de expresidentes y excandidatos—señala que la reforma “llevará a un crecimiento económico más rápido, tendrá un impacto positivo en el crecimiento de la población, de la fuerza de trabajo, la vivienda y otros mercados”.

De aprobarse la reforma en el Congreso norteamericano durante este verano, el histórico proyecto podría convertirse en la primera reforma migratoria amplia en casi tres décadas. La anterior fue aprobada en 1986 durante la administración de Ronald Reagan y favoreció a unos tres millones de inmigrantes sin papeles.

Obama está a punto de pasar a la posteridad como el presidente que fue capaz de reformar todo el sistema migratorio de Estados Unidos para abrirle una vía de legalidad a 11 millones de indocumentados, la mayor parte de ellos hispanos. Si lo logra, habrá amarrado el voto latino al futuro del Partido Demócrata. Ese efecto de largo plazo sobre el balance de las fuerzas políticas será uno de los mayores legados de un presidente en toda la historia de Estados Unidos.
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