| 9/18/2014 6:00:00 AM

Ojo con la joya de la corona

Los recientes cambios en la estructura de la junta directiva de la Empresa de Energía de Bogotá (EEB), así como el relevo en la presidencia de la compañía, han encendido las alarmas no solo por el presente de uno de los Grupos más fuertes y poderosos del país, sino por el camino que pueda tomar en el futuro y el riesgo que podría representar para sus finanzas.

El Grupo EEB es sin duda uno de los conglomerados más importantes del sector energético. Tiene más de 50% de Codensa –la distribuidora de energía de Bogotá y el centro del país– y de Emgesa –una de las más grandes generadoras de energía de Colombia–, aunque la administración de estas dos compañías está en manos de Endesa, filial de la italiana Enel, en uno de los modelos público-privados más exitosos de los últimos 15 años. También controla más de 60% en TGI, la mayor transportadora de gas del país y ya cuenta con operaciones en Centroamérica y Perú, entre muchos otros de sus activos.

En 2013 facturó casi $2 billones, con un crecimiento de 23,5%, una utilidad neta cercana a los $850.000 millones, un Ebitda que bordea $1,8 billones y activos por más de $16 billones. Y su estrategia de expansión no se detiene: tiene planes de inversión para los próximos años por más de U$7.000 millones. Es un verdadero gigante del sector y, sin duda, la joya de la corona para Bogotá: solo el año pasado le giró, en dividendos, cerca de $500.000 millones, y en medio de las dificultades que hoy tiene la Empresa de Acueducto y Alcantarillado y la reinvención que está haciendo la ETB para no perder mercado, la EEB es la empresa de mostrar de la ciudad.

Sin embargo, el alcalde Gustavo Petro decidió darle un revolcón a la junta directiva y removió no solo a los representantes del Distrito, sino también tocó a independientes de la talla de los economistas Guillermo Perry y Mauricio Cabrera y a otros expertos del sector como Germán Corredor. De hecho, Perry, quien era miembro principal, no aceptó seguir como suplente de Petro en la Junta. Llegaron el secretario de Hacienda, Ricardo Bonilla; el exsecretario de Salud y de Gobierno de la actual administración, Guillermo Alfonso Jaramillo; José Orlando Rodríguez, abogado y asesor del sector sindical, antes suplente; y Fabio Arias Giraldo, ingeniero químico y reconocido dirigente sindical. Entre los suplentes ingresaron funcionarios del gabinete como Jorge Rojas, secretario de Integración Social, y Milton Rengifo, asesor de movilidad de Petro.

Los cambios también llegaron a la presidencia del Grupo. Sandra Fonseca –quien había sido nombrada a principios del año 2013 tras la frustrada designación de Fernando Gómez Franco debido a unos inapropiados trinos que este lanzó en su cuenta de Twitter– fue reemplazada por Ricardo Roa, presidente de TGI.

Alrededor de la salida de Fonseca hay muchas especulaciones. Una de ellas es la operación de recompra del 32% que tenía el Citi en TGI, por un valor de US$880 millones, más del doble del valor de venta inicial –US$400 millones– que había puesto ese banco tres años atrás y lo que a juicio de muchos analistas se considera un sobrecosto y que algunos han llamado ‘el crédito más caro’ que haya tomado la EEB en la historia reciente. Fonseca ha defendido la operación y argumenta que el Ebitda de TGI equivale hoy a 163% del que tenía en 2010, que la empresa se ha valorizado y que con la retoma del control la distribución de dividendos puede subir del 50% que estaba en el acuerdo de accionistas.

Otra especulación en torno a su salida está relacionada con las malas relaciones que llevaba con las compañías en las que la EEB tiene participación, así como las decisiones que tomó al interior del Grupo retirando funcionarios de larga tradición y que habían sido claves en la consolidación del conglomerado que es hoy la EEB.

Las preocupaciones que acechan a la empresa hacia el futuro son muy altas. Especialmente por el rumbo que pueda tener el Grupo y la posibilidad de ingresar a negocios no estratégicos que minen su capacidad de generar valor, más aún cuando sus planes de inversión son multimillonarios.

Uno de ellos es vincular a la EEB en el negocio de transporte y movilidad. En febrero de 2014, la EEB creó su filial Empresa de Movilidad de Bogotá SAS E.S.P., que tiene por objetivo el desarrollo del componente eléctrico para sistemas de transporte masivo de pasajeros, de carga y otras modalidades.

Sin embargo, allí el riesgo es muy alto, pues ingresa a un sector vulnerable, donde los volúmenes de inversión son inmensos y los retornos llegarán muchos años después. Además, hoy los resultados económicos en el esquema de transporte de la ciudad no han sido los mejores. Solo a manera de ejemplo, los recursos para subsidiar las pérdidas generadas durante la implementación del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP), que ascienden a $750.000 millones, ya se agotaron y se generan pérdidas al mes por $50.000 millones.

Entrar en este complejo sector no pareciera ser el mejor camino para la EEB. Si la Administración Distrital busca apalancar su estrategia de movilidad, podría destinar parte de los dividendos que hoy gira la EEB y asumir directamente este proyecto, pero no poner en riesgo una empresa que logró sobrevivir a la crisis de los 90, se repotenció y se posicionócomo uno de los grandes grupos del país.
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