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Daño colateral

| 9/4/2013 6:00:00 PM

Daño colateral

El cambio en la política monetaria de Estados Unidos afectará drásticamente a Colombia y a los emergentes. La era del dinero fácil se acabó.

por Editorial

Lo más importante que va a ocurrir en la economía mundial en los próximos meses es el fin de la expansión monetaria en Estados Unidos, un hecho de repercusiones planetarias que afectará las vidas de miles de millones de personas. Aunque todavía no ha sucedido, sus efectos ya se sienten en la práctica: los inversionistas están con los nervios de punta, la demanda de papeles seguros está disparada y las tasas de interés están presionando al alza.

Lo que se viene encima es el Armagedón del dinero barato. El cambio es inminente, pero aún no está claro cómo será su desmonte. La pregunta de fondo es cómo hará la Reserva Federal de Estados Unidos para salirse de la orgía de emisión de dinero en la que se metió para salvar su economía en la crisis global pasada.

El Quantitative Easing (QE) nació en pleno hervor de la debacle financiera de 2009, tras la quiebra de Lehman Brothers y el colapso de varios de los mayores bancos del planeta. El banco central de Estados Unidos tomó la decisión de inyectar miles de millones de dólares para limpiar el sistema financiero de activos tóxicos. Esa plata no solo sirvió para sanear los balances de los bancos, sino también para devolver la confianza perdida a los mercados financieros. La política exigía que la FED comprara grandes cantidades de activos de largo plazo, creando en efecto un piso para toda la estructura de activos del mercado. Con la seguridad de que ese soporte existía, los inversionistas volvieron a arriesgarse y poco a poco retornó la confianza al sistema financiero, después de ese momento de crisis absoluta en 2008, cuando nadie sabía si el mundo financiero se iba a acabar.

Como efecto colateral de este ajuste en Estados Unidos y Europa, los países emergentes vivieron una época de bonanza desde 2009. Puesto que en los países desarrollados las tasas de interés bajaron a mínimos históricos y la actividad económica se movía a paso glacial, los inversionistas volcaron sus capitales sobre los países en desarrollo. India, Brasil, Indonesia, Turquía y Colombia, entre otros, recibieron una enorme tajada de los nuevos recursos que se imprimían en el primer mundo. China estaba creciendo rápidamente y demandaba productos básicos, de modo que los emergentes entraron en una época de bonanza. Exportaciones crecientes y flujos abundantes de inversión extranjera permitieron financiar el consumo de unas clases medias que se expandían aceleradamente.

Sin embargo, esa historia no podía durar para siempre. La FED está obligada ahora a poner fin a la emisión indiscriminada de dinero. El crecimiento en China se ha frenado. Los precios de los productos básicos vienen en caída. Los países emergentes están comenzando a vivir la destorcida y reconocer la realidad: el milagro económico que vivimos no se debió a las maravillas del sistema político, al ascenso de las clases medias o a un místico potencial escondido en dichos países. No hubo aumentos en productividad. El crecimiento de los emergentes se debió fundamentalmente a la disposición de la FED a emitir dinero.

La pregunta es qué va a pasar ahora, cuando esta etapa de ensueño llegue a su fin y comiencen a subir los intereses en Estados Unidos. Los capitales volverán a buscar rendimientos y seguridad en Estados Unidos, los chorros de inversión extranjera hacia los emergentes van a caer y la financiación en el exterior se va a dificultar.

Aún es temprano para saber cuál será el efecto final sobre Colombia, pero ya se vislumbran algunos cambios. Para comenzar, tenemos una caída en la inversión extranjera directa de 1,9% entre enero y julio de este año. A eso se suma la destorcida de los TES y las enormes pérdidas en los portafolios de los fondos de pensiones colombianos en el mes de mayo. La reciente caída en las utilidades del sector financiero también es un reflejo del cambio de postura del banco central norteamericano.

¿Logrará Colombia sostener el ritmo de inversión extranjera de los últimos años? ¿Cómo podría capotear el temporal externo y despertar una mayor dinámica de su economía interna

El panorama no luce muy halagador, si se tiene en cuenta que en el frente doméstico las cosas tienden a empeorar. La gran mayoría de los analistas ve un crecimiento que no superará el 3,5% para este año, como consecuencia de los paros, la caída de la manufactura, los problemas de la minería y la agricultura, y la lentitud en la ejecución de las obras de infraestructura (ver carátula).

La primera línea de defensa está en acelerar la ejecución del gasto público. Por fortuna, Colombia cuenta con un balance macro que le permite esa posibilidad en este momento. Sin embargo, el margen de maniobra es estrecho, pues el resultado de la balanza cambiaria se puede deteriorar rápidamente con el cambio de tendencia en los mercados internacionales de capital. Ya no habrá un exceso de ahorro proveniente del extranjero que permita financiar los faltantes de ahorro doméstico.

Los choques externos y la nueva realidad de la economía doméstica van a transformar drásticamente el panorama económico en nuestro país. No será fácil lo que nos espera en este nuevo entorno.

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