Calma... pero para decidir

| 6/9/2000 12:00:00 AM

Calma... pero para decidir

¿Se eliminó la amenaza sobre la economía colombiana? ¿Era una tormenta en un vaso de agua? El retorno de la calma al mundo político y el ingreso de un nuevo grupo de colombianos al gabinete son hechos dignos de encomio. Pero no hay que perder la perspectiva. La economía colombiana solo estará en proceso de recuperación sostenible cuando se enfrenten con decisión sus más graves problemas: la hipertrofia del sector público y las minadas energías del sector empresarial.

Detrás de la aparente calma política, hay una economía expectante de la toma de buenas decisiones.



La nueva situación de calma no puede conducir a posponer más la solución a los problemas de fondo. La calma que atraviesa el país puede ser chicha, si no trae una aceleración en las decisiones. Está bien oír a la guerrilla. Está mejor oír a la clase política. Y aún mejor oír a la sociedad en su conjunto. Pero no se puede perder el horizonte: hay que decidir. Y mientras mayores los problemas, más rápido deben venir las decisiones.



Una nueva desaceleración del crecimiento económico en los próximos meses, con sus consecuencias sobre el empleo, es probable. Pero es evitable, si se cambia el modo reciente de tomar decisiones, en el gobierno y en las empresas. Para ello, sugerimos al menos tres diferencias.



La primera diferencia está en la perspectiva. No podemos seguir decidiendo para apagar incendios. Ni en el gobierno ni en las empresas. Hay que decidir para resolver los problemas de fondo. Si se tienen patrones de gasto y costo insostenibles, tapar huecos con reformas tributarias o con reestructuraciones de deuda es un grave error. Más que con miras a las próximas elecciones o a la próxima reunión de junta, hay que decidir pensando en el mediano plazo. Más que sobrerreaccionar a las señales de corto plazo, hay que buscar sobre todo un mejor futuro.



La segunda diferencia está en el emprendimiento. Si el futuro fuera cierto, los decisores serían irrelevantes. Toda decisión implica riesgos, así como costos y beneficios que recaen en personas distintas. Sin asumir riesgos o sus consecuencias distributivas, las buenas decisiones nunca saldrán adelante. Ni en el mundo del gobierno ni en el mundo empresarial. Más que evitar las decisiones, tras el juicioso estudio de la información disponible y la evaluación de las alternativas en función del bienestar general, hay que asumirlas. Hay que asumir el riesgo de decidir...



La tercera diferencia en las decisiones del próximo futuro está en los empresarios. Más que de burócratas ansiosos de prensa, el desarrollo del país y del empleo depende de las decisiones del sector privado, que apenas despierta. La crisis política reciente evidencia la lejanía de los empresarios de los momentos críticos de la sociedad. Ahora más que nunca se necesita un ambiente de decisiones empresariales que evite repetir sus errores del 99, cuando los excesivos despidos, los recortes de gastos de desarrollo de mercados y la proliferación del no pago de deudas agravaron los desequilibrios macroeconómicos. Pero también se necesita un ambiente de decisiones empresariales más allá de los muros de las empresas. Los círculos empresariales son cada vez más importantes para resolver los problemas colectivos que no siempre están en manos del gobierno. La ebullición de las Cámaras de Comercio es una excelente señal. Como podría también serlo una participación más activa y transparente del mundo empresarial en las elecciones locales que se avecinan.



La calma reciente no puede malinterpretarse como de aguas mansas. De ellas, ¡líbranos, Señor!
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