| 11/26/2004 12:00:00 AM

Café: fin de la crisis

La reconversión de la caficultura y el cambio en la distribución de la renta cafetera que se dieron a raíz de la crisis del sector están dando sus frutos. Por primera vez en años, el productor se está beneficiando del alza en los precios internacionales del grano.

En medio de tantas noticias -la reelección presidencial, la visita de los reyes de España y del presidente Bush, las reformas que hacen curso en el Congreso, la extradición de Rodríguez Orejuela, la pelea entre los ex ministros de Hacienda y el actual ministro-, el aumento del precio internacional del café en más de un 20% este año ha pasado casi inadvertido. Sin embargo, el hecho de que esto esté sucediendo en un sector que estuvo deprimido durante años es una gran noticia que marca el comienzo de una nueva era para este producto.

En la última semana, el precio del café se ubicó por encima de los US$0,90 y se espera que pronto llegue a US$1,00, un precio que no se veía desde cuando terminó el pacto internacional de cuotas en 1989. Las razones detrás de este incremento son diversas, pero quizás la que más está influyendo es la incertidumbre frente a la magnitud y calidad de la cosecha brasileña de 2005. Brasil, el principal productor mundial, cosecha anualmente cerca de 45 millones de sacos. Se teme que la producción en el año que viene podría reducirse entre 20% y 25%, lo que significa que el mundo dejaría de recibir entre 9 y 12 millones de sacos, con un gran impacto sobre la oferta y, por tanto, sobre los precios.

Desde el punto de vista del productor colombiano, un incremento en los precios internacionales del grano de esa magnitud tiene una extraordinaria importancia ahora, debido al cambio en las circunstancias del cultivo del café. Gracias al aumento en productividad que se ha dado en este sector y al cambio en la distribución de la renta cafetera, este ingreso adicional realmente llegará a manos de los productores.

En cuanto a la productividad, en los últimos ochos años, la edad promedio de los árboles se redujo de 7,4 a 4,9 años y la densidad por hectárea pasó de 4.082 árboles a 6.082, a la vez que salieron de producción las áreas marginales, cuyo único objetivo era beneficiarse de los altos precios del café que estuvieron vigentes mientras hubo pacto de cuotas.

De otra parte, el cambio en la distribución de la contribución cafetera que se introdujo en la reforma tributaria de 2002 estableció en US$0,06 el tope de lo que el productor debe transferir a la Federación de Cafeteros cada vez que el precio internacional supere los US$0,80. Esto permitirá que, por primera vez, el caficultor pueda beneficiarse de los mayores precios.

Pero no solo la caficultura colombiana se reconvirtió desde las perspectivas de la productividad agrícola y la renta económica. También cambió la percepción del productor frente a su producto. Hoy el caficultor sigue a diario el precio internacional y permanentemente busca maneras de agregarle valor al café que produce. Cada vez son más las áreas del país que se dedican al cultivo de cafés especiales y son más también los productos elaborados a base de café que salen al mercado.

Durante 15 años, la caficultura colombiana tuvo que soportar una de las peores crisis de su historia. Sin embargo, debido a la propia crisis, la caficultura se ha fortalecido y es competitiva en el mercado mundial, gracias a lo cual los precios al alza beneficiarán directamente y mejorarán los ingresos de los

2 millones de colombianos que viven del café.
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